Por Leandro Boyer.


Con la bisagra simbólica del año nuevo, se activó el conteo a la espera de la gran apuesta para la recuperación de la economía: la performance del sector agroexportador es la esperanza para apuntalar el rebote y poner fin a la recesión. Y como lo demostró el 2018, todo dependerá del clima y del frente externo.

Somos mucho más dependientes del campo y de las nuevas economías regionales como las vinculadas a la energía o la de los limones de Tucumán, del arándano de Mendoza, la pera del Alto Valle. Dependemos más de esa economía primaria, que genera dólares, es competitiva, se sustenta y funciona a pesar de los impuestos. Es una economía que motoriza al resto del país”, planteó ante este diario Guillermo Barbero, socio de First Capital Market.

Los números oficiales demuestran que el campo fue el primero en levantarse en medio del tendal de la recesión. El último Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) que elaboró el Indec, reveló que el conglomerado que integran la agricultura, la ganadería, y los sectores de caza y silvicultura registraron en octubre pasado una mejora del 2,9% respecto al mismo período del 2017.

Ese salto se produjo tras el tibio avance de septiembre (+0.6%) que sirvió para poner fin a seis meses consecutivos de caídas: en marzo la contracción fue de 2,6%; en abril, de 28,6%; en mayo, de 32,9%; en junio, de 31,7%; en julio, de 11,2%; y en agosto, de 0,2%.

El diagnóstico de los economistas y del Gobierno nacional concluyó en que esa debacle que afrontó el campo por la sequía de principios del año pasado se convirtió en una de las principales causas de la crisis actual.

La sequía afectó la actividad del campo. (WEB).

“Hubo un efecto sequía que hizo que muchos dólares no entraran, eso generó también un efecto pobreza sobre una parte que es muy dinámica de la población económica, de los productores que veían que no cobraban los dólares de sus cosechas y perdían mucho de lo invertido”, resumió Barbero.

Más allá de los alentadores datos oficiales sobre el desempeño del campo, los analistas coinciden al vaticinar que los números importantes se conocerán hacia el segundo trimestre, cuando comenzarán a notarse los resultados de la cosecha gruesa y del resto de las economías regionales que encontraron cierta competitividad con el salto del 105% que afrontó el dólar a lo largo del 2018.

En la Casa Rosada transformaron esa expresión de deseo en números y auguraron que la producción de granos ascenderá a 140 millones de toneladas, su máximo histórico. Es que los cálculos oficiales prevén un avance del 25% respecto a la campaña 2016/2017 (en la que se cosecharon 112,4 millones de toneladas).

Conscientes de los riesgos que implica el extremo optimismo, en el entorno del presidente Mauricio Macri saben que eso sucederá “si el clima acompaña” y por ello evitan dar a conocer su apuesta sobre el fin de la recesión.

La confianza en el campo es la que determina los grandes números que barajan en la mesa del equipo económico del presidente Mauricio Macri. Los resultados también tendrán implicancia en la carrera para alcanzar el déficit fiscal cero dentro de 12 meses (tal como se le prometió al FMI a cambio del megacrédito por 57.100 millones de dólares para evitar un default este año).

El necesario ajuste de clavijas

Si todos los pronósticos se cumplen y el clima finalmente es favorable para la Argentina, el Gobierno nacional deberá avanzar en un ajuste de clavijas para garantizar que los frutos del sector agroexportador sirvan para apuntalar al resto de los sectores productivos.

“El problema que subsiste es el nivel de la tasa de interés. Están muy altas y eso es un gran desincentivo para cualquier tipo de actividad productiva. Con esas tasas lo que hacés es achicar: te achicás porque el riesgo de tomar plata prestada a esas tasas es que te fundís rápidamente”, planteó Barbero.

La tasa de interés de las Letras de Liquidez (Leliq), que el Banco Central estableció como nueva referencia para el mercado, se encuentran hoy por encima del 59%. Y más allá del rumbo bajista que emprendieron en los últimos meses (en sintonía con las señales de desinflación), lo cierto es que aún representan un obstáculo para quienes dependen del financiamiento para sobrevivir.

Los resultados del campo versus las dudas sobre el futuro

El ingreso de los dólares que pueda generar el sector agroexportador también serán determinantes para modificar las expectativas tanto de inversores como de los consumidores, sobre todo si se tiene en cuenta que con el correr de los meses comenzará a recalentarse la pelea electoral.

El ingreso de divisas servirá también para mejorar la posición de la Argentina frente a las turbulencias que genera la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, y que golpea fundamentalmente a las economías emergentes.

“El primer acento lo pondría en la economía primaria. Hay que ver si genera resultados positivos, si entran dólares, si esos dólares se vuelcan a su vez en compra de vehículos, a la renovación de equipos, a la compraventa de inmuebles, etc. Pero también hay que seguir muy de cerca la confianza que tenga el consumidor respecto a que la economía tocó fondo y empieza a recuperarse”, explicó Barbero.

El analista financiero agregó: “Después, no hay que olvidarse que un gobierno en un año electoral un as en la manga siempre se guarda y siempre hace un esfuerzo para mejorar la última parte de su gestión para tratar de incidir en las elecciones”.


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