En un histórico plebiscito surgido en respuesta a las protestas sociales de hace un año, Chile votó el domingo a favor de redactar una nueva Constitución y enterrar su actual Ley Fundamental, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y vista como el germen de las desigualdades que originaron las revueltas.

Ciudadanos chilenos celebran en la Plaza Italia el triunfo del "Apruebo" en el referendum sobre la modificación de la Constitución Nacional (Cristobal Olivares/Bloomberg)

Los chilenos votaron abrumadoramente a favor del "Apruebo" (más del 78 % de los votos), la opción que abre un proceso constituyente, y decidieron encargar la redacción de la nueva Carta Magna a una convención constitucional (79 % de los votos) que estará compuesta por 155 personas elegidas por votación popular solo para ese fin.

La opción del "Rechazo", que abogaba hacer reformas a partir de nuevas leyes pero no cambiar el marco constitucional que, en su opinión, permitió el crecimiento de Chile en los últimos 30 años, obtuvo casi un 22 % de los votos, mientras que la opción de que la nueva Ley Fundamental sea redactada por una convención mixta integrada a partes iguales por ciudadanos y parlamentarios consiguió cerca del 21 % de las papeletas.

Más de 14,7 millones de chilenos fueron llamados a las urnas en una votación que se celebró en plena pandemia del nuevo coronavirus y colmada de restricciones sanitarias y protocolos para evitar posibles rebrotes.

(Foto: REUTERS/Carlos Vera)

Pese a ello, la participación superó el 50 %, el mejor porcentaje desde que el voto dejó de ser obligatorio en 2012.

"Hay mucha gente para votar en todos los lados. Nunca he visto tanta gente, y mucha juventud", dijo a la AFP, José Gallardo, un taxista de 73 que recorrió la ciudad durante la mañana del domingo.

Ciudadanos chilenos celebran en la Plaza Italia el triunfo del "Apruebo" en el referendum sobre la modificación de la Constitución Nacional (Cristobal Olivares/Bloomberg)

El plebiscito ha estado marcado por la posibilidad de cambios que abre este inédito proceso electoral, decidido tras un amplio acuerdo político alcanzado en noviembre del año pasado, casi un mes después del inicio, el 18 de octubre de 2019, de las protestas sociales y enfrentamientos violentos con la Policía tras el alza en la tarifa del Metro de Santiago.

La elección se realiza justo un año después de que tuviera lugar, el 25 de octubre de 2019, la mayor marcha realizada en democracia. Más de 1,2 millones de personas se reunieron en torno a la Plaza Italia de Santiago, una demostración de la profundidad y amplitud del descontento social acumulado en décadas en un país considerado un modelo de crecimiento económico y estabilidad en América Latina.

"A un año del estallido social es la primera oportunidad real que tenemos para hacer los cambios necesarios para mejorar la salud, la educación; para tener una sociedad más igualitaria", dijo Pilar Matus, una profesora de 47 años que participó en esa gran marcha.

Qué dijo Piñera

El presidente Sebastián Piñera, que se mantuvo neutral hasta la fecha y no reveló si iba a votar a favor o en contra, votó temprano y pidió a sus compatriotas acudir a las urnas "porque todas las voces importan". También llamó a "rechazar la violencia y abrazar el camino de la unidad".

"Hoy es tiempo de sanar las heridas del pasado, unir voluntades y levantar la vista hacia el futuro", dijo el mandatario, e hizo un llamado a que la nueva constitución "sea un gran marco de unidad, estabilidad y futuro", a diferencia de la actual, que generó "divisiones".

"Hoy ha triunfado la ciudadanía y la democracia. Ha prevalecido la unidad sobre la división, y esto es un triunfo de todos los chilenos y chilenos", agregó.

"Este plebiscito no es el fin, es el comienzo de un camino", afirmó el mandatario refiriéndose al proceso constituyente en el que se embarca el país y que podría prolongarse hasta 2022 con la ratificación de la nueva ley fundamental en otro referéndum.

La constitución de Pinochet

Para un amplio sector de la población, la Constitución de 1980 es la madre de las desigualdades de Chile. Si bien la carta magna no establece la privatización de sectores básicos, como la salud o la educación, fomenta la participación de los privados y reduce el tamaño del Estado.

Pero para los detractores del proceso, un cambio a la Constitución podría minar la salud de la economía y el desarrollo social.

Con información de EFE y AFP.