Qué dice la psicología sobre las personas que tienen mala memoria
Los expertos analizaron los comportamientos de estos sujetos y determinaron que pueden llegar a ser más felices.


Uno de las cuestiones que la psicología viene estudiando hace años es el porqué existen personas con mala memoria. En ese sentido, los expertos analizaron los comportamientos de estos sujetos durante años y determinaron que son más felices.

En la actualidad, donde la exposición a información constante y la saturación de noticias negativas es una realidad cotidiana, la capacidad de olvidar ciertos datos o detalles parece funcionar como un mecanismo de protección y bienestar emocional. Los estudios recientes apuntan a que quienes no retienen todo lo que ocurre a su alrededor logran gestionar mejor el estrés y mantener una mayor estabilidad emocional.
La psicóloga Núria Gordillo explica que la “infoxicación” (la sobrecarga de información) actúa como un estresor crónico, elevando el cortisol y generando ansiedad, fatiga mental y un estado de alerta continua.
En este contexto, las personas que filtran la información de forma natural o tienen tendencia a olvidar, suelen experimentar menos rumiación mental y pueden concentrarse mejor en el presente, lo que favorece el bienestar diario.
Desde la visión clínica, el fenómeno de “mala memoria” no implica necesariamente ignorancia, sino un proceso de filtrado selectivo que ayuda a discriminar qué información es relevante para la acción y cuál es solo ruido emocional.
Limitar el consumo informativo, según la experta, permite reducir la activación del sistema nervioso simpático y mejorar la calidad del sueño, la regulación emocional y la satisfacción vital.

Un concepto relevante en este campo es el “sesgo de retrospección rosada”, que lleva a recordar el pasado con mayor peso en los aspectos positivos.
Esta tendencia, lejos de ser un problema, actúa como un sesgo protector del sistema límbico, preservando recursos emocionales y favoreciendo la autoestima. Los sujetos con este perfil suelen mostrar menor tendencia a la rumiación y una percepción más optimista de su propia vida.
En diferentes situaciones personales, la decisión de no profundizar en detalles puede resultar una ventaja: en relaciones, para evitar comparaciones innecesarias; en el trabajo, para no caer en la obsesión por rumores o decisiones ajenas; y en procesos de duelo o enfermedad, para no anticipar escenarios que generan angustia sin aportar soluciones.
Esta evitación puntual alivia la carga y preserva la energía emocional para los aspectos de la vida que sí se pueden controlar.

No obstante, la psicología advierte que cuando la tendencia a olvidar se convierte en una norma rígida, puede bloquear el procesamiento de experiencias necesarias para el crecimiento personal o la toma de decisiones.
El equilibrio, según Gordillo, reside en la flexibilidad y en la “higiene informativa intencional”: filtrar activamente qué información se permite entrar en el campo de conciencia y compensar la sobrecarga con actividades que favorezcan el bienestar, como caminatas, respiración profunda o meditación.