Constelar, jugar, sanar: creó un método para cambiar la forma de entender lo que nos pasa
Delfina Linck creó a los 70 años una experiencia lúdica basada en dos territorios: el abandono y la abundancia. En diálogo con Vía País, explicó por qué cree que jugar puede ayudarnos a resignificar nuestra historia y cómo su libro busca acercar las constelaciones familiares de una manera accesible.
"De adultos nos olvidamos de que aprendíamos jugando", sostiene Delfina Linck, autora de Constelar, Jugar, Sanar.(Fabian Marelli (IG: fabianmarelli))
Las constelaciones familiares pueden resultar un terreno desconocido (e incluso intimidante) para quienes nunca se acercaron a ellas. ¿Qué significa constelar? ¿Qué sucede después de una experiencia de este tipo? ¿Es posible trasladar algunas de esas herramientas a un espacio cotidiano y, además, hacerlo jugando? Esas son algunas de las preguntas que atraviesan “Constelar, Jugar, Sanar”, el libro de Delfina Linck que propone una puerta de entrada a este universo desde una perspectiva personal y lúdica.
La obra, editada por Urano, nació a partir de un juego que la propia autora desarrolló durante varios años. “En el libro cuento no solo por qué me dediqué a las constelaciones y a la biodecodificación y por qué armé el juego, sino que voy analizando, a través de mi propia vida, cómo funciona”, explicó la autora en diálogo con Vía País.
Delfina Linck desarrolló el juego durante la pandemia y luego convirtió esa experiencia en el libro Constelar, Jugar, Sanar.(Fabian Marelli (IG: fabianmarelli))
Qué significa constelar para Delfina Linck
Para Linck, las constelaciones permiten observar aquellos patrones familiares que pueden estar condicionando la manera en la que una persona atraviesa determinadas situaciones de su vida. “Cuando uno constela busca desbloquear cuestiones que traban el funcionamiento de los sistemas, como estar identificado con algún ancestro, lo que hace que se repitan fenómenos y se tenga la sensación de no poder avanzar”, señaló.
Desde su mirada, constelar permite identificar esos bloqueos, mandatos inconscientes o lo que define como “lealtades invisibles” dentro del sistema familiar. “Liberar eso es un alivio enorme”, sostuvo.
La autora propone una puerta de entrada al universo de las constelaciones familiares desde una experiencia lúdica.(Fabian Marelli (IG: fabianmarelli))
En su trabajo también incorpora la biodecodificación, una práctica que vincula síntomas físicos con experiencias emocionales. Linck aclara que este abordaje “no sustituye la medicina”, sino que lo plantea como un acompañamiento desde su perspectiva emocional.
De la combinación de ambas experiencias surgió una idea que atraviesa todo el libro: el lugar desde el cual cada persona decide interpretar aquello que le ocurre. “Entendí que todo depende de dónde nos paramos. Si lo vivimos desde el abandono, nos trabamos, estamos en papel de víctima, recurriendo a algo traumático pasado o por miedo al futuro. En cambio, al pararse en abundancia, uno abre, desbloquea y avanza”, explicó.
Del abandono a la abundancia: el juego detrás del libro
Esa contraposición entre abandono y abundancia terminó convirtiéndose en la estructura de un juego de mesa. La propuesta incluye dos mazos de 48 cartas cada uno: uno vinculado al abandono y otro a la abundancia. Todas las palabras elegidas comienzan con la letra “A”.
También hay dados y una “rueda de la vida”, un tablero circular de tela que evoca el universo. Los números, las palabras y las cartas funcionan como disparadores para que los participantes conecten con recuerdos, edades, personas, lugares o acontecimientos de su propia historia. “Uno se ubica en un número y, al tirar los dados, elige una combinación que dispara una experiencia vivida junto con los mazos”, contó Linck.
A los 70 años, Delfina Linck decidió embarcarse en un nuevo proyecto creativo que terminó transformándose en un libro y un juego.(Instagram/linckfina)
Cada participante tiene un minuto para escribir aquello que le provocó la combinación obtenida. Después llega uno de los elementos centrales de la experiencia: compartir.
El juego admite hasta seis personas y, aunque puede realizarse de a dos o tres, Linck considera que cuantos más participantes haya, mayor puede ser la riqueza del intercambio. Mientras una persona tiene el turno activo, el resto continúa involucrado, escribiendo y realizando sus propias asociaciones.
“Es un juego colaborativo donde se comparte. Es una experiencia rica poder intercambiar y acompañar las asociaciones de los demás”, explicó. Una partida completa, con dos rondas, puede extenderse entre dos y tres horas.
De niños aprendíamos jugando y de adultos nos olvidamos
Detrás de la dinámica existe otra búsqueda: recuperar el juego como herramienta de descubrimiento también durante la adultez. “De niños aprendíamos jugando y de adultos nos olvidamos. Al jugar surge la creatividad, la apertura y la alegría”, reflexionó Linck.
El intercambio grupal permite, además, descubrir coincidencias allí donde aparentemente había experiencias completamente individuales. “La vivencia es que somos todos iguales y a la vez distintos; nos pasan las mismas cosas de formas diversas. Es una gran riqueza y oportunidad”, aseguró.
Una misma situación difícil, explica, puede adquirir otro significado cuando se la observa desde un lugar diferente. Allí entra en juego el paso simbólico del abandono hacia la abundancia. “Muchas veces las cosas más difíciles nos trajeron cosas muy buenas”, resumió.
El origen de “Constelar, Jugar, Sanar”
La idea comenzó a tomar forma durante la pandemia, en un momento particular de la vida de Linck. “Se me ocurrió armar el juego durante la pandemia, cuando cumplí 70 años y quise hacer algo creativo”, recordó.
En ese proceso resultó fundamental la experiencia con una persona a la que acompañaba y cuya historia aparece en el libro. A pesar de haber conseguido distintos avances, seguía sin poder sentirse plenamente feliz.
A partir de allí comenzó un proceso de prueba, modificaciones y nuevas experiencias que se extendió durante años. Su objetivo era alejarse de la solemnidad que muchas veces rodea a las prácticas terapéuticas y crear una experiencia accesible. “El anhelo era hacer algo lúdico que acompañe sin ser tan solemne y que no cause temor, porque a veces las constelaciones asustan a la gente por el hecho de exponerse”, contó.
Gestionar las propias emociones
Si existe un aprendizaje que Linck espera que atraviese tanto a quienes leen el libro como a quienes participan del juego es la posibilidad de revisar desde qué lugar enfrentan aquello que les sucede.
“Que genere la conciencia de que somos gestores de nuestras propias emociones y que siempre podemos pararnos en un mejor lugar ante el malestar”, planteó.
Para Linck, el juego puede convertirse en una herramienta para revisar emociones y resignificar experiencias.(Instagram/linckfina)
Para la autora, compartir esas experiencias con otros también permite descubrir que determinadas emociones, conflictos o inseguridades no son exclusivamente individuales.
“Ver que a los demás les pasa lo mismo es un aprendizaje poderoso que nos mantiene alerta sobre nuestra posición para vivir con bienestar”, afirmó.
Por eso, aunque el juego puede realizarse entre familiares o amigos, Linck también imagina su utilización entre personas que no se conocen previamente e incluso dentro de organizaciones. En esos casos recomienda contar con alguien que coordine la dinámica y esté atento a las reglas, aunque aclara que no necesariamente debe tratarse de un terapeuta.
“Puede ser un ‘capitán’ de grupo”, explicó. La experiencia, sostiene, puede transformarse incluso en una forma diferente de conocer a otras personas: “Se crea un clima de mucho compartir y una energía especial, incluso entre gente que no se conocía”.
¿Qué pasa después de constelar?
Una de las preguntas que aparece alrededor de las constelaciones es qué hacer con aquello que surge durante la experiencia. Para Linck, no existe un único camino. “Uno puede seguir avanzando o hacer un proceso terapéutico”, explicó.
La autora considera que las constelaciones pueden complementarse con una terapia y sostiene que la combinación puede producir lo que define como un “salto cuántico”, al abordar cuestiones que, desde su perspectiva, no siempre aparecen únicamente mediante la palabra.
De todos modos, Linck marca una diferencia importante entre su propuesta y una constelación propiamente dicha. Ni leer el libro ni participar del juego equivale a constelar.
El libro y el juego fueron publicados por separado precisamente para permitir distintos caminos de acercamiento: alguien puede comenzar leyendo y luego interesarse por la experiencia lúdica, o descubrir primero el juego y después querer profundizar en las ideas que lo sostienen.
Por qué “sanar”
El título resume el recorrido que propone Linck: constelar, jugar y, finalmente, sanar. Pero esa última palabra no aparece planteada como un resultado inmediato, sino como un proceso de resignificación.
“Sanar porque, al enfrentar la vida como un juego y entender dónde uno se para, va sanando en distintas capas cuestiones vividas desde la víctima o el abandono, pudiendo resignificarlas”, explicó.
Para Linck, se trata de un entrenamiento cotidiano: observar desde dónde se construyen los vínculos, reconocer qué aspectos pueden modificarse y comprender que no siempre es posible transformar aquello que ocurre, pero sí revisar la manera de interpretarlo y actuar frente a ello.
“Lo que uno puede cambiar es cómo mira y cómo actúa. Eso te permite cambiar las relaciones en favor de tu bienestar”, afirmó.
En ese sentido, “Constelar, Jugar, Sanar” busca funcionar menos como una respuesta cerrada que como una invitación a empezar a hacerse preguntas. Una primera aproximación para quienes sienten curiosidad por las constelaciones pero todavía no se animaron a atravesar una experiencia de ese tipo.
“Es una apertura para mirar desde otro lugar”, sintetizó Linck. Y aclaró: “No diría que el libro o el juego son constelar, sino una apertura”.