Meter un rollo de papel higiénico en la heladera: para qué sirve y por qué lo recomiendan
Especialistas en higiene explican cómo la estructura porosa de la celulosa ayuda a neutralizar vahos molestos.


Durante los meses de calor intenso, los electrodomésticos de refrigeración sufren una sobre exigencia térmica constante. La apertura reiterada de la puerta propicia el ingreso continuo de aire templado del exterior, el cual entra en contacto con el frío interno y desencadena una condensación acelerada.

Esta saturación de gotas de agua sobre los estantes deteriora la textura de los vegetales frescos, degrada la consistencia de los lácteos y favorece la proliferación de olores desagradables que se impregnan en el resto de la comida. Frente a esta problemática, ha cobrado popularidad una alternativa casera que consiste en colocar un cilindro de papel higiénico intacto en el interior del artefacto.

Lejos de tratarse de una solución milagrosa o de un sustituto de la potencia de enfriamiento, la efectividad de este método reside exclusivamente en las propiedades hidrofílicas de la celulosa. Al tratarse de un compuesto vegetal con una trama densa de microporos, actúa como una esponja pasiva que capta las moléculas de vapor flotantes antes de que se depositen sobre las superficies.

Además de moderar la humedad relativa del compartimento, este elemento ejerce una retención puramente física sobre las partículas volátiles causantes de los aromas penetrantes. A diferencia de los aerosoles desodorizantes, las fibras secas atrapan los efluvios suspendidos en el ambiente sin alterar las cualidades organolépticas ni el sabor original de los productos guardados.

No obstante, los expertos en mantenimiento doméstico advierten que esta técnica no reemplaza las tareas fundamentales de higienización ni soluciona la descomposición de materia orgánica. Si en el refrigerador existen derrames antiguos, restos de salsas secas o productos vencidos, el mal olor continuará emanando de forma inevitable.

La prioridad siempre radicará en localizar la fuente del foco infeccioso, desechar lo que esté en mal estado y desinfectar a fondo las bandejas con soluciones neutras.
Para aplicar este recurso de manera higiénica y segura, es importante utilizar una unidad completamente nueva, sin perfumes añadidos y ubicarla en las primeras bandejas de la heladera, garantizando así una adecuada circulación de aire sin obstruir las rejillas del motor. Asimismo, es crucial renovar la pieza cada tres o cuatro semanas.

Este método puede complementarse eficazmente con otros recursos tradicionales como el bicarbonato, el carbón activado o las cáscaras de cítricos frescos. Sin embargo, el éxito definitivo para preservar los alimentos dependerá siempre de mantener buenas prácticas de almacenamiento.

Esperar a que las preparaciones calientes alcancen temperatura ambiente antes de guardarlas, utilizar recipientes con cierre hermético y revisar con frecuencia las fechas de caducidad para disfrutar de un entorno higiénico, fresco y libre de contaminación. Son alguno de los trucos que ayudan a mantener la heladera en condiciones óptimas.