Soledad Pastorutti podría haberse instalado en Buenos Aires después de alcanzar la fama nacional, pero eligió un camino completamente diferente. La cantante mantuvo su residencia en Arequito y construyó allí la vida familiar que buscaba junto a su esposo, Jeremías Audoglio, y sus hijas.
Su casa forma parte de un enorme predio familiar en el que también viven otros integrantes de los Pastorutti. Cada uno cuenta con su propio espacio, pero todos comparten diferentes sectores al aire libre que convierten al lugar en una especie de pequeño complejo privado.

Cómo es la casa de Soledad Pastorutti en Arequito
La propiedad de La Sole mantiene una estética principalmente colonial y campestre, aunque incorpora elementos modernos en diferentes ambientes.
La madera tiene una fuerte presencia dentro de la vivienda y los grandes ventanales permiten que buena parte de los ambientes tenga luz natural y una conexión directa con el exterior. El verdadero protagonista, sin embargo, es el terreno que rodea las viviendas.

La familia cuenta con amplios espacios verdes y una huerta propia en la que cultivan diferentes frutas y hortalizas. La propia cantante mostró en distintas oportunidades parte de las cosechas y actividades que realizan allí.
También tienen una pileta de grandes dimensiones, acompañada por un quincho destinado a reuniones familiares y encuentros con amigos.

Pero una de las características más llamativas del predio es la cantidad de animales. Caballos, perros, cabras, gansos y hasta una tortuga forman parte de la vida cotidiana de la familia. Los diferentes sectores del parque están adaptados para que los animales puedan permanecer y moverse dentro de la propiedad.
Soledad mostró especialmente su vínculo con los caballos, uno de los elementos que más se repiten en las imágenes que comparte desde Arequito.

Por qué Soledad Pastorutti decidió seguir viviendo en Arequito
El predio tiene otra particularidad: La Sole no vive allí únicamente con su esposo y sus dos hijas.
La cantante decidió mantenerse cerca de sus padres, Omar Pastorutti y Griselda Zacchino, y de su hermana Natalia. Por eso, diferentes integrantes de la familia tienen sus viviendas dentro del mismo terreno.

La organización permite que cada uno conserve su independencia y, al mismo tiempo, puedan compartir los grandes espacios comunes.
Soledad explicó anteriormente que la elección de Arequito estuvo relacionada justamente con esa cercanía familiar y rechazó la idea de que los Pastorutti funcionen como un “clan”. “No somos un clan, somos una familia unida. Elegir vivir en Arequito tiene que ver con eso”, señaló.
La decisión también estuvo atravesada por la crianza de sus hijas, Antonia y Regina. Pese a la exposición que acompaña a su mamá, ambas crecieron en el pueblo santafesino y mantienen un perfil mucho más reservado.

Durante una etapa de su carrera, Soledad llegó a vivir entre semana en Buenos Aires y regresar los fines de semana a Arequito. Incluso contó que, cuando se casó con Jeremías en 2007, su vivienda todavía no estaba terminada y inicialmente se instalaron en la casa de sus padres.
Con el tiempo, el proyecto familiar fue creciendo hasta convertirse en el amplio predio que tienen actualmente.
La distancia tampoco significó alejarse de su carrera. Soledad continuó viajando para realizar conciertos, grabaciones y programas de televisión mientras mantuvo a Arequito como su residencia permanente.
Así, detrás de una de las artistas más populares del país existe una vida cotidiana bastante diferente a la que podría imaginarse: una casa de estilo colonial, una huerta, pileta, caballos y toda su familia viviendo a pocos metros dentro de un mismo gran terreno en Arequito.

