Daniel López Rosetti, médico cardiólogo: "Esta es la verdad del mito de tomar agua durante las comidas"
El reconocido doctor detalla las cuatro ventajas fisiológicas de hidratarse durante el almuerzo o la cena.


En las mesas familiares y los consejos populares circula con frecuencia la advertencia de que ingerir líquidos mientras se consumen alimentos sólidos resulta perjudicial para el organismo. Esta arraigada creencia sostiene que beber agua durante el almuerzo o la cena interfiere de forma negativa en los procesos gástricos al enfriar el tracto digestivo o entorpecer la absorción de nutrientes, llevando a muchas personas a privarse de la hidratación básica hasta concluir el último bocado del plato.

Frente a esta duda recurrente, el médico Daniel López Rosetti abordó la cuestión desde una perspectiva fisiológica rigurosa para desarmar los preconceptos. Al evaluar si este hábito cotidiano perjudica el aparato digestivo, el especialista fue categórico sobre la falsedad de dicha afirmación: “En realidad es un mito. ¿Sabe por qué? Porque tomar agua hace bien”. El profesional explicó que el organismo humano cuenta con una arquitectura química sumamente robusta que no se desestabiliza por la presencia de líquido en el estómago.

El argumento biológico central radica en la potencia y concentración de las secreciones gástricas. Aunque el agua pueda reducir levemente la densidad de los fluidos internos, el facultativo aclaró que esto ocurre “muy poquitito, porque igual hay suficiente cantidad de ácido clorhídrico en el estómago para matar bacterias, para procesar proteínas”. Asimismo, remarcó que “también hay suficiente cantidad de enzimas como la pepsina para degradar proteínas”, demostrando que la capacidad digestiva permanece plenamente intacta ante la ingesta de líquidos.

Lejos de resultar contraproducente, incorporar agua mientras se come aporta cuatro beneficios fisiológicos concretos que optimizan la mecánica digestiva. En primer término, facilita la lubricación y formación adecuada del bolo alimenticio; en segundo lugar, ayuda a tragar con mayor suavidad aquellos bocados secos o densos; como tercer punto favorable, ocupa volumen en la cavidad gástrica, lo que “genera saciedad y ayuda a controlar el peso”; y finalmente, garantiza una hidratación celular efectiva a lo largo de toda la jornada.

La temperatura y la composición del agua tampoco alteran sus bondades en la mesa diaria. López Rosetti subrayó que el líquido ingerido “sea fría, caliente, tibia o incluso con gas, es bueno”, brindando absoluta libertad a los comensales para elegir la opción que les resulte más placentera. La única salvedad médica que exige moderación corresponde a los pacientes diagnosticados con reflujo gastroesofágico, cuadro donde el exceso de volumen gástrico puede favorecer el ascenso del contenido ácido hacia el esófago.

Para quienes presentan esta patología o experimentan molestias de acidez, la recomendación médica consiste en seguir las pautas de su médico de cabecera y aplicar una pauta de consumo moderada: “Tomar de a pequeños sorbos es suficiente”. De esta manera, se obtienen las ventajas de la hidratación y el alivio de la deglución sin sobrecargar la capacidad del estómago ni estimular episodios de ardor retroesternal tras las comidas principales.
DANIEL LÓPEZ ROSETTI, MÉDICO CARDIÓLOGO: "ESTA ES LA VERDAD DEL MITO DE TOMAR AGUA DURANTE LAS COMIDAS"
— Vía País (@ViaBsAscomar) August 30, 2026
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Comprender la fisiología interna permite desterrar mitos infundados y disfrutar de las comidas sin restricciones innecesarias. Beber agua con moderación mientras se almuerza o se cena no solo constituye una práctica segura y saludable, sino que representa un aliado indispensable para favorecer el tránsito digestivo, regular el apetito y mantener el equilibrio hídrico del cuerpo en todo momento.