Conducir más rápido no ahorra tiempo y hace gastar combustible, según un importante estudio de la Universidad de Minnesota
Un estudio revela que respetar las normas viales evita pérdidas millonarias en las estaciones de servicio a cambio de resignar menos de un minuto al volante.
Conducir más rápido no ahorra tiempo y hace gastar combustible, según un importante estudio de la Universidad de Minnesota(Web)
Pisar a fondo el acelerador para llegar más rápido al trabajo o cumplir con la agenda del día constituye una conducta generalizada entre los automovilistas de todo el mundo. La creencia común sostiene que sobrepasar los límites establecidos en autopistas compensa con creces el riesgo, bajo la promesa de ganar minutos valiosos durante el trayecto. Sin embargo, una exhaustiva investigación científica acaba de desmontar este mito del tránsito moderno: apurar la marcha no solo genera un ahorro de tiempo insignificante, sino que encarece notablemente el presupuesto familiar y multiplica las emisiones contaminantes.
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El trabajo, encabezado por especialistas de la Universidad de Minnesota y difundido por la publicación Communications Sustainability de la revista Nature, examinó más de 120 millones de viajes vehiculares en rutas norteamericanas con topografía variada y velocidades reguladas a partir de 72 kilómetros por hora. Al procesar las métricas de desplazamiento satelital, los autores descubrieron que en más del 43% de los traslados se cometió al menos una infracción por exceso de velocidad, y que los conductores pasaron cerca del 12% del tiempo de viaje violando los topes normativos vigentes.
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Las proyecciones del modelo revelaron que si el parque automotor tradicional se ajustara estrictamente a los carteles viales, se lograría un ahorro diario conjunto superior a los 22 millones de dólares y más de 25 millones de litros de carburante. En términos ecológicos, esto impediría la liberación a la atmósfera de 57.000 toneladas de dióxido de carbono cada jornada, un beneficio ambiental equiparable a retirar de golpe 5,5 millones de coches de las calles. Todo esto sin alterar la rutina: para un recorrido promedio de 46 kilómetros, viajar dentro de la norma solo suma 54 segundos adicionales al día.
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Ante esta marcada desproporción entre costo y beneficio temporal, William Northrop, coautor del informe y docente de ingeniería mecánica, resumió la disyuntiva con pragmatismo: “Si su meta es recortar un minuto, entonces tiene que conducir rápido. Si su objetivo es llegar a su destino de manera segura y ahorrar combustible, entonces quizá conduzca más lento que el límite de velocidad”. El experto remarcó además que esta conveniencia se extiende a los vehículos eléctricos a batería, cuya autonomía optimiza su rendimiento cuando no se transita a regímenes forzados.
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Disparidades territoriales y el desafío de los motores de combustión
El análisis detectó divergencias geográficas notables en los estilos de manejo. En distritos como Nevada se observó una marcada tendencia a la aceleración desmedida con excesos significativos sobre las normas, mientras que en Florida, Georgia y Carolina del Norte prevalecieron los trayectos rápidos pero con mayor apego a los márgenes legales. En el extremo opuesto, regiones como Montana, Idaho, Wyoming y Dakota del Sur exhibieron un comportamiento de manejo mucho más conservador, caracterizado por velocidades moderadas y casi nulas infracciones.
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Al contextualizar los hallazgos en la coyuntura energética global, Rob Middleton, investigador de la Universidad de Michigan, valoró el rigor del estudio pero recordó que el recorte representa una porción acotada frente al colosal consumo cotidiano. No obstante, destacó: “Es un número grande, pero es una fracción pequeña. Es una ganga solo en el sentido de que no le cuesta nada a nadie hacerlo”. Asimismo, advirtió sobre la transición en curso: “La penetración de mercado de los vehículos eléctricos todavía es pequeña, así que seguimos necesitando combustible, seguimos necesitando vehículos a motor de combustión interna, y vamos a tenerlos por mucho tiempo. Las cosas que podemos hacer para que los nuevos sean mejores o para mejorar nuestro suministro de combustible, tenemos que hacerlas”.
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En definitiva, levantar el pie del acelerador representa una de las decisiones financieras y ambientales más eficientes que un conductor puede adoptar de forma inmediata y sin costo alguno. Renunciar a la ilusión de recortar unos escasos segundos en el cronómetro no solo reduce el estrés al volante y previene siniestros viales graves, sino que alivia de manera palpable el bolsillo en cada carga de nafta y colabora activamente con la mitigación del calentamiento global.