Cada 25 de noviembre Tierra del Fuego conmemora el Día del Genocidio Selknam en memoria a lo ocurrido con la primera masacre documentada de aborígenes fueguinos en las playas de San Sebastián en 1886, donde murieron 28 Selknam. La última representante pura de este pueblo, Ángela Loij, falleció en 1974. Actualmente solo existen algunos descendientes mestizos de esta etnia.
Antecedentes
Hacia fines del siglo XIX la isla Grande de Tierra del Fuego concitó el interés de grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos británicos, argentinos y chilenos, conflicto que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada Selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas de las víctimas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar de las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el Estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión dotada de amplios recursos económicos. Los Selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente trasladados a la isla, la que en un plazo de veinte años cerró dejando un cementerio poblado de cruces.
Según el etnólogo Martin Gusinde, quien visitó la isla hacia fines de 1918, reconoció la presencia de tres grupos Selknam distribuidos en distintos espacios de la isla. El antropólogo decía que, a pesar de las diferencias de distribución territorial existía entre esos tres grupos una clara unión lingüística, racial y cultural. Gusinde estimó que pre matanza la población de esta etnia ascendía a 4000 aborigenes entre (Onas y Selknam).
- Cabe aclarar que al día de hoy aún no existen cálculos fiables para saber cuantos Selknam murieron por enfermedades y cuantos por el genocidio en sí.
Estudios recientes (2018), demuestran que los Selknam se dividieron en las siguientes parcialidades; párika (pamperos del norte), herska (de los bosques del sur), chonkoyuka (de las serranías frente a bahía Inútil), además de los haush.

Genocidio
La llegada de argentinos, chilenos y colonos británicos al territorio Selknam trajo consigo un conflicto asimétrico entre aventureros, buscadores de oro, colonos y ganaderos por un lado y los selknam por el otro. La ocupación de los territorios desató represalias por parte de los Selknam, que no dudaron en defender y vengar actos que se habían desencadenado: muertes, violaciones, vejaciones. El resentimiento fue un estado permanente, manifestándose con animosidad hacia los empleados de estancias, rompiendo los cercos, arreando grandes cantidades de animales, quemando casas y atacando a hombres. Pero esta actitud no logró traducirse en un verdadero ambiente bélico, por las claras desventajas materiales que poseían los Selknam frente a todo el cuerpo establecido para su ataque y captura. Esta diferencia fue el elemento clave que no permitió generar una resistencia por parte de los indígenas para permanecer en sus territorios, y en consecuencia la rendición y la resignación forzada, fue una de las tantas causas para su desaparición como pueblo establecido.
Gusinde relata en la revista del departamento sociología y antropología de los pueblos indígenas (Universidad de Concepción Chile), cómo los cazadores “enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba cuatro libras por cabeza”.
La fiebre del oro
La expedición del chileno Ramón Serrano Montaner en 1879, fue quien informó de la presencia de importantes yacimientos auríferos en las arenas de los principales ríos de Tierra del Fuego. Con este incentivo, cientos de aventureros extranjeros llegaron a la isla con la esperanza de encontrar en tan anheladas y lejanas tierras, el sustento inicial para producir auspiciosas fortunas. Sin embargo, estos sueños se vieron diezmados por el rápido agotamiento del metal. Lucas Bridges, aventurero y defensor de los indígenas, señala en su libro “El último confín de la Tierra” (Londres, 1948) que los Onas atacaron campamentos mineros previamente al genocidio, participando en matanzas entre clanes rivales.
Los perpretadores
Entre los cazadores de indígenas se encontraban Julio Popper, Alexander McLennan, Mister Bond, Alexander A. Cameron, Samuel Hyslop, John McRae y Montt E. Wales.
Durante las expediciones mineras comenzaron los asesinatos múltiples de Selknam. Uno de los líderes de estas expediciones fue el rumano Julio Popper, nacionalizado argentino, conocido por sus enfrentamientos con los Selknam, a los cuales en más de una oportunidad persiguió, mató y robó sus pertenencias para formar su propia colección de objetos, los cuales exhibió en un álbum fotográfico, incluyendo en ella una secuencia completa de un ataque perpetrado por él y su contingente de mercenarios con armas de fuego, hacia tolderías indígenas en San Sebastián.
Extracto de la conferencia de Popper en 1187 en el Instituto geográfico Argentino de Buenos Aires, sobre sus exploraciones realizadas y sobre los encuentros que tuvo con los Selknam.
- ...Corríamos tras un guanaco cuando de pronto nos hallamos frente a unos ochenta indios que, pintada la cara de rojo y enteramente desnudos, se hallaban distribuidos detrás de pequeños matorrales. Apenas los vimos una lluvia de flechas cayó sobre nosotros clavándose en torno de nuestros caballos, sin ocasionar felizmente ningún daño. En un momento estuvimos desmontados, contestando con nuestros Winchester la agresión indígena. [...] Era combate raro. Mientras hacíamos fuego, los indios, echados de boca sobre el suelo dejaban de enviar sus flechas, pero apenas cesaban nuestros disparos, oíamos nuevamente el silbido de las flechas.
En relación a este relato, Magrassi, (1987), sostiene en su libro que Popper, junto con sus peones, se entretenían cazando Selknam con escopetas y fusiles, fotografiándose con sus “piezas Cobradas”.
La crueldad fue tal que existen testimonios que indican que durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes o por las costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios Onas: “cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas”. Se ignora la cantidad de víctimas que pudieron haber causado tales prácticas.
Si bien son todas historias con poco sustento, lo cierto es que puede decirse que a estos episodios se suman otros tantos que dan cuenta de la marcada violencia con la que colonizadores, exploradores, mineros y otros actuaron en contra de los indígenas y que contribuyó al exterminio de los Selknam.
Finalmente, luego de los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En aquella apartada isla, los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avasallador avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas. De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1500 almas en tan sólo 40 años murieron a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.
La masacre de San Sebastián
Es la primera masacre documentada, y se conoce con detalle, cuándo, dónde y cómo ocurrió pues fue cometida por un oficial argentino, en una misión de exploración, donde debía registrar su accionar en un diario de bitácora. El 25 de noviembre de 1886, el capitán Ramón Lista desembarcó en la playa de San Sebastián con el fin de explorar la región. Ese mismo día se topa con una tribu Ona. El capitán intenta tomarlos prisioneros, pero éstos se resisten. Lista ordena entonces a sus hombres abrir fuego y matan a 27 onas. Un sacerdote salesiano, José Fagnano. Quien acompañaba a la expedición, enfrenta a Lista y le recrimina por la matanza. Lista amenaza con hacerlo fusilar. Días después los hombres de Lista se ensañan con un joven Ona al que encontraron escondido tras unas rocas, armado tan solo con su arco y su flecha: lo asesinan de 28 balazos.
El rol de las enfermedades
Cuando los europeos llegaron al “Nuevo Mundo”, trajeron consigo enfermedades para las cuales los indígenas estaban completamente indefensos, pues sus sistemas inmunológicos no estaban preparados para ellas. Así, la viruela, la tuberculosis y otros males causaron gran cantidad de víctimas entre la población indígena de América y, en algunos casos, la desaparición de grupos étnicos enteros.
El juicio final
Años más tarde, la justicia intentó hacerse parte del conflicto por medio de un sumario (1895-1904) seguido por el juez Waldo Seguel. Este proceso dejó en evidencia que las cacerías perpetradas en Tierra del Fuego no formaban parte de un mito popular y que las capturas masivas de indígenas sacados por la fuerza para ser trasladados hacia Punta Arenas (Chile), con el objeto de distribuirlos dentro de la colonia fueron también parte de las acciones que las autoridades civiles en complicidad con los ganaderos tomaban como solución al tema indígena. Sin embargo, el proceso judicial solo culpó a algunos operarios de estancia, quienes quedaron libres prácticamente a los pocos meses del juicio, mientras que los autores intelectuales, es decir los dueños y los accionistas de las estancias Mauricio Braun, José Menéndez, Rodolfo Stubenrauch y Peter H. Mac Clelland, entre otros, además de la responsabilidad del gobernador Señoret y de funcionarios como José Contardi, quienes tenían la obligación de velar por el cumplimiento de la ley, nunca fueron debidamente procesados.
Según lo publicado en el libro “Vejámenes inferidos a los indígenas de Tierra del Fuego” de Carlos Vega Delgado, queda en evidencia que el Juez Waldo Seguel encubrió a los ganaderos culpables del genocidio, dejando la falsa constancia de que no podía tomar declaración a los testigos Selknam del genocidio, por no existir traductores, pese a que varios sacerdotes de la misiones salesianos y hermanas de María Auxiliadora habían aprendido el dialecto nativo en las misiones, y que existían Selknams hispano parlantes como Tenenésk, Covadonga Ona, e incluso un diácono de la Iglesia Catedral.
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