Murió el Indio Solari: su visión de la muerte y cómo esperaba ser recordado
Años atrás, el músico dejó plasmada una visión singular sobre el final del camino, una postura que hoy, ante su fallecimiento, resuena con una nitidez abrumadora.


La noticia del fallecimiento de Carlos "El Indio" Solari ha dejado un vacío inmenso en la cultura argentina. Sin embargo, más allá de la tristeza, sus propias palabras cobran hoy una relevancia profética. En sus conversaciones con el escritor Marcelo Figueras, el músico dejó plasmada una visión singular, austera y profundamente filosófica sobre el final del camino, una postura que hoy, ante su partida, resuena con una nitidez abrumadora.

En el libro de conversaciones que documenta su pensamiento, el Indio reflexionaba sobre la naturaleza de la trascendencia y la posibilidad de ser recordado. Lejos de la petulancia del ídolo de masas, Solari admitía una contradicción humana: "La vanidad dice que me gustaría ser recordado, pero hay una parte mía que cree que hay mucha más dignidad en el olvido".
Quizás uno de los pasajes más conmovedores de su pensamiento sobre el final sea aquel en el que compara su muerte con la figura del músico Leonard Cohen. En aquel fragmento del libro, Solari confesaba su deseo de irse "levantándose en mitad de una partida de póker sin llamar la atención", dejando sus cartas sobre la mesa y sin interrumpir el ritmo de juego de quienes lo acompañaban.

Esta analogía no es casual. Refleja la esencia de un artista que siempre priorizó la obra por sobre la exposición personal innecesaria. Para Solari, la muerte ideal era aquella que se producía "sin distraer al resto de los jugadores", con la confianza plena de que el resto del mundo merecía "seguir adelante".

"Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores", sostenía, revelando una faceta de humildad que a menudo quedaba eclipsada por la magnitud del fenómeno que generaba en cada estadio.
A pesar de la solemnidad del tema, el Indio siempre mantuvo una lucidez vitalista. En esa misma página, el músico ratifica una idea que ya sostenía desde hacía más de tres décadas: "Hoy más que nunca suscribo eso que decía hace más de treinta años...: sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo".
Esta frase, que hoy se convierte en su epitafio espiritual, resume perfectamente su trayectoria. El Indio no se refería a la mera supervivencia biológica, sino a una vida atravesada por la creación, la curiosidad y la resistencia cultural.

En su libro autobiográfico, el Indio también habló sobre su visión de la muerte. Siempre tuvo plena conciencia de su inevitable mortalidad. Su relación con el final de la vida operó como un motor creativo ineludible. "Entendí entonces que esta vida era la única que había", confesó en sus memorias. Esa epifanía le reveló "que en un momento Carlitos ya no iba a estar más".
"La única manera de que la vida te dé ganas de vivirla es respetarte a vos mismo y a la gente que querés", aseguró. Ese respeto propio y hacia los demás fue la brújula que guio su enorme trayectoria en la música.
Frente a su adiós definitivo, su epitafio parece haber sido escrito por él mismo en sus memorias. Es una íntima declaración de principios que hoy resuena con una potencia desgarradora. "Si tengo que vanagloriarme de algo es el simple hecho de estar a la altura de la vida que me toca vivir."
Murió siendo fiel a sus propias convicciones, con esa dignidad que él mismo encontraba en el silencio y en el respeto por los que quedan. Hoy, sus seguidores no solo despiden a un ícono, sino que celebran la coherencia de un hombre que, hasta el final, eligió vivir con la intensidad de quien sabe que, tarde o temprano, llegará su momento de dejar las cartas sobre la mesa.