Investigación de la UNT: un bioplástico tucumano rumbo a Porto Alegre

Un equipo de la FACET aprovecha el almidón de batatas descartadas para crear un material biodegradable.

Investigación de la UNT: un bioplástico tucumano rumbo a Porto Alegre
La línea más lejana explora su uso como soporte reabsorbible en medicina regenerativa. (Medios UNT)
18 de septiembre de 2026, 09:30

En la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (FACET) de la UNT, un equipo transforma batatas que ya no pueden venderse en un bioplástico biodegradable.

Lelia Almará Gussoni, estudiante de Ingeniería Química, lleva adelante el desarrollo en el Laboratorio de Alimentos del Departamento de Procesos y Gestión Industrial. El grupo lo dirige Carolina Saracho, doctora en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, y lo integran también Paula Araujo, Nicolás Nieva, Daniel Valdeón, Gabriela Mistretta y Ana Cuezzo.

El proyecto nació del trabajo con una cooperativa de productores de Simoca. Para ellos, el equipo ya había desarrollado un dulce de batata y una harina apta para celíacos, que aguarda aprobación para ingresar al Código Alimentario Argentino. Aun así, parte de la cosecha seguía sin destino. La investigación se enmarca en un proyecto PIUNT, financiado por la universidad, orientado a aprovechar recursos locales y diversificar la producción de pequeños productores y emprendimientos familiares.

El material se obtiene con el almidón que la batata conserva aunque ya no sirva como alimento. Se mezcla con agua, glicerol de la industria del biodiésel y gelatina como refuerzo, entre otros componentes. Mediante la técnica de casting, la solución se vuelca en un molde y se deja secar hasta formar una película flexible y resistente. El equipo ya obtuvo sus primeras películas y ahora ajusta su durabilidad y flexibilidad.

Tras el dulce y la harina para celíacos, los descartes de la cooperativa encuentran un nuevo destino.
Tras el dulce y la harina para celíacos, los descartes de la cooperativa encuentran un nuevo destino. (Medios UNT)

El uso más próximo es una cobertura biodegradable para los frutillares, que hoy usan plástico negro que termina como residuo. También estudian un material similar al cuero para la moda. De forma exploratoria, analizan si podría servir como "andamio" reabsorbible para regenerar tejido óseo, algo que requerirá muchos estudios de biocompatibilidad y seguridad: "Cuando termine su vida útil, buscamos que vuelva al ambiente, pero que no contamine", resume Gussoni.

El trabajo fue uno de los 40 seleccionados para la 33° edición de las Jornadas de Jóvenes Investigadores de la AUGM, en Porto Alegre, Brasil.