Gabriela Acosta, es la esposa del cabo Luis Esteban García, uno de los tripulantes tucumanos y contó cómo fueron estos 12 meses sin datos certeros tras el extravío del submarino.


Este jueves se cumple un año de la última comunicación que mantuvo el ARA San Juan con la Armada Argentina. La incertidumbre es parte de la vida de Gabriela Acosta, esposa del cabo Luis Esteban García, uno de los tripulantes tucumanos.

Aún no hay rastro de la nave en la que viajaban 44 tripulantes, entre ellos dos marinos tucumanos, García y Pedro Martín Fernández. En este año la ayuda internacional se fue apagando con el correr de los meses y se emprendieron misiones privadas para dar con su paradero.

Acosta dijo: “Seguimos con muchas dudas y con muchas incertidumbres, pero también sabemos que se sabe la verdad y no entendemos bien por qué nadie nos la dice”.

Además, contó que “fue complicado todo este tiempo” y agregó: “Tengo gente buena a mi lado que me ayuda. Y más allá de eso siempre pienso en mis hijos. Si no los hubiera tenido, no sé cómo estaría hoy. Trato de que todo sea normal para ellos, tenemos nuestras actividades, nuestras rutinas, así se sigue. Por supuesto que también me pongo mal“.

García era cabo primero y técnico electricista y tenía 31 años cuando perdió contacto con su familia. Estudió en la Técnica N° 2. Con Gabriela Acosta tuvieron dos hijos varones: uno de 3 años y medio y el más pequeño de apenas 18 meses.

“Hay muchos momentos en los que lo extraño mucho, cuando necesito un abrazo, cuando me levanto a la mañana porque él siempre se levantaba y por lo general yo estaba dormida cuando él se iba. ‘Ya me voy a trabajar’, me decía, me daba un beso y se iba. Esas cosas se extrañan y se necesitan, un abrazo, una palabra”, comentó.

Por su parte, insistió en la importancia de tomar conciencia y que se aprenda de esta situación. “Ellos dieron su vida por la patria y no lo saben reconocer. Me gustaría que se pueda aprender algo de todo esto, porque la Armada no aprendió, la Armada sigue igual, siguen saliendo a navegar en las mismas condiciones, todo obsoleto atado con alambre”.

“Esperemos que no vuelva a suceder algo así”, concluyó.






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