A Zoe la dejaron en la neonatología del hospital Eva Perón y le daban un año de vida. Su enfermera quiso darle una mejor vida e inició los trámites de adopción. Llevan juntas cuatro años. 


El amor de una madre todo lo puede, y no importa si es mamá de sangre o del corazón, porque lo importante es el amor que se le da a los hijos y lo que este provoca. La tucumana, Nuria Pérez y Zoe (4), de Santa Lucía (Tucumán), son un claro ejemplo de esto. 

La más pequeña, tal como detalla Todo Noticias, fue abandonada en el 2014 en el servicio de neonatología del hospital Eva Perón cuando tenía tan sólo dos meses de vida. Se cree que fue porque presentaba un cuadro de hidranencefalia irreversible. Nuria trabajaba en el lugar y sintió dentro suyo que ella tenía que ser su mamá por eso inició los tramites de adopción.

Nuria y Zoe.

“Estuvo dos meses internada. Ya no entraba en la cuna y no se conseguía un hogar de tránsito“, relata Nuria y agrega: “En ese momento me surgieron ganas de ser mamá y estaba sin pareja. Creo que decidí que podía ser una oportunidad para mí y para ella. No fue fácil“. 

Le comentó esta posibilidad a su familia y ellos decidieron apoyarla: “Me senté con ellos y le explique la situación de Zoe que no era nada fácil, porque antes de los tramites, hablé con un compañero de trabajo y me dijo que la expectativa de vida era máximo de un año“, detalla y reconoce: “Creo que lo hice porque, si era una posibilidad que ella viviera un año, no quería que esté sola sin una familia, que su vida pase en un hospital“.

Nuria y Zoe|

Pero lejos de cumplirse ese pronóstico, la beba hoy está por cumplir cuatro años. “Zoe llegó al año y fue un alivio seguir teniéndola entre nosotros. Después, surgieron los miedos de que apareciera un adoptante, hasta que conseguí la guarda con fines de adopción“, cuenta la mamá y aseguró: “Ella nos da mucho a nosotros como familia, nos unió mucho“.

Según detalla Nuria, la nena no puede ver y ni escuchar; además sólo moviliza un poco sus manos y pies. Se alimenta por sonda y a diario tiene convulsione: “No es fácil, trato de dedicarle el mayor tiempo posible. Hago mi turno de doce horas como enfermera y después estoy siempre con ella. Si bien nosotros no tenemos una buena posición económica, vivo tranquila y estoy refaccionando nuestro hogar. Adaptándola para que ella esté cada día más cómoda“.

Mientras Pérez y su familia esperan que se les conceda la guarda definitiva de Zoe, disfrutan de los avances que presenta. “Ella ha cambiado un montón. Era una beba que casi no se movía. Ahora abre sus manitos, a veces si le hablamos nos sonríe“, cuenta conmovida esta mujer que con su amor hace que cada día de Zoe valga la pena.




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