Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán un 20 de agosto de 1789 (hace hoy 237 años) y murió asesinado en Lima, Perú el 28 de enero de 1825. Entre esas dos fechas cupo una de las trayectorias más intensas y más discutidas de la gesta independentista sudamericana: la de un hombre que redactó actas fundacionales, dirigió periódicos revolucionarios, asesoró a San Martín y a Bolívar, y terminó apuñalado en una calle limeña por enemigos que nunca fueron identificados con certeza.
Su origen familiar es, todavía hoy, materia de debate entre historiadores. Las fuentes coinciden en que su padre fue el español Miguel Monteagudo, pero difieren sobre su madre: mientras algunos biógrafos la describen simplemente como "la tucumana Catalina Cáceres Bramajo", otros registros sostienen que era una mujer de origen africano esclavizada. Esa incertidumbre no fue inocente: en vida, sus adversarios políticos apelaron a los antiguos estatutos coloniales para calificarlo de "zambo" o "mulato" y desacreditarlo por su ascendencia.
Se formó en abogacía primero en Córdoba y luego en la Universidad de Chuquisaca (hoy Bolivia), donde se graduó en 1808. Fue allí donde, apenas con 19 años, participó activamente en la revolución del 25 de mayo de 1809, uno de los primeros levantamientos independentistas del continente, y redactó su proclama. El episodio le costó la libertad, siendo encarcelado cuando las fuerzas realistas retomaron el control del Alto Perú; logró fugarse hacia fines de ese año.
Con la Revolución de Mayo de 1810, Monteagudo se incorporó como auditor al Ejército del Norte bajo el mando de Juan José Castelli. Tras la derrota patriota en Huaqui, se instaló en Buenos Aires, donde desplegó la faceta que más lo definiría: la de periodista y polemista. Dirigió la Gazeta de Buenos Ayres junto a Vicente Pazos Silva y, en 1812, fundó el periódico Mártir o Libre, desde cuyas páginas impulsó con dureza la proclamación de la independencia. Un año después fue elegido diputado por la Asamblea del año XIII y se sumó a la Sociedad Patriótica y a la Logia Lautaro, los núcleos políticos que empujaban la causa emancipadora desde las sombras.
Su alianza con José de San Martín lo llevó a cruzar los Andes como secretario del Libertador durante la campaña de Chile, donde en 1818 redactó el acta de independencia de ese país. Tres años después siguió al General hacia el Perú, donde asumió como ministro de Guerra y Marina de la nueva nación. Fue, según distintos relatos históricos, en ese período cuando su gestión se volvió más controvertida: se le atribuye haber ordenado el destierro de miles de españoles y criollos sospechados de lealtad realista, lo que le valió, con el tiempo, ser calificado por algunos historiadores como una figura implacable, calificándolo de "jacobino", mientras que otros lo dibujan como un gobernante autoritario y despiadado.
La llegada de Simón Bolívar al Perú marcó el principio del fin para Monteagudo, que perdió poder e influencia en el nuevo escenario político. El 28 de enero de 1825 fue atacado frente al convento de San Juan de Dios, en Lima, y murió a causa de las heridas. Sus atacantes nunca fueron identificados del todo, y su figura (persistentemente incómoda tanto para sus contemporáneos como para la historiografía posterior) quedó relegada durante décadas frente a la de otros próceres de la independencia.