Hace 24 años que está en la función pública. En Tucumán hay asombro.


José Jorge Alperovich hace 24 años que está en la función pública. Fue tres veces gobernador de la provincia y está en su segundo mandato como senador nacional. El primero fue del 2001 al 2003 y el último se inició en el 2015.

Su carrera comienza como legislador provincial por el radicalismo en 1995, con el grupo denominado “El Ateneo”. Sus correligionarios más cercanos eran Carlos Courel y Alfredo Neme Scheij. Luego, en el 2001, ingresa al peronismo y es elegido para la cámara alta de la Nación. Dos años después, inicia su primer mandato de gobernador.

Siempre era un hombre imbatible en la política. Era la figura más poderosa que existía hasta que llegó el 2019, su año complicado en lo político y ahora en lo personal.

¿Qué paso este año? Quebró su relación de años con Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. El los había apoyado para que fueran los candidatos a gobernador y vicegobernador, en las elecciones del 2015. Pero su comportamiento no era del senador que mantenía buena relación con el gobernador. Muchos recuerdan cuando hacia que Manzur concurriera a su empresa para reunirse o cuando él lo recibía en “jogging” en su casa. Las reuniones no eran en el despacho oficial. Casi en todos los encuentros había fotos y las subía a las redes sociales. Mostraba que el poder lo tenía él. Manzur mostró una paciencia oriental, pero su número dos, el vicegobernador no tuvo la menor tolerancia y lo cuestionó hasta porque usaba “pantalones chapines”.

Cuando comenzó el rumor, que no lo desmentía, que se preparaba para ser candidato a gobernador en las elecciones del 9 de junio pasado, Manzur anuncia que buscara la reelección con Jaldo.

Se fue del peronismo y decidió ser candidato a gobernador y enfrentarlos con su partido “Hacemos Tucumán”. Planteó una división del peronismo y generó la posibilidad que Cambiemos obtuviera un triunfo en la provincia, con su candidata a gobernadora Silvia Elías de Pérez. Esto entusiasmó incluso al jefe de gabinete del macrismo, Marcos Peña, que, con sus encuestas, alentaba que existía una real posibilidad de ganar la provincia y desplazar al peronismo.

En sus visitas por el interior criticaba, en cada lugar que visitaba, a los dirigentes locales del peronismo, diciendo que se había equivocado con muchos de ellos. Hablaba de que no eran necesarios y que su relación era con la gente. Además, se afirmaba en las redes sociales y en las encuestas que vaticinaban su triunfo.

Las elecciones del 9 de junio fue una noche dura. Chocó con la realidad. Incluso, en uno de sus domicilios, había preparado carpas porque pensaba en una fiesta. Cuando comenzaron a conocerse los primeros resultados y lo mostraban que se colocaba cuarto en la tabla de resultados, no apareció más. Luego se fue de vacaciones. Desde entonces sus apariciones publicas fueron casi nulas. Incluso en las primarias y generales para presidente y vicepresidente de la Nación.

En la campaña electoral había dicho que abandonaba la política si perdía las elecciones. Hace 11 diez días volvió a aparecer, diciendo que es “un animal de la política”. Además criticó a Manzur y Jaldo por el crédito que solicitaron para acomodar las finanzas provinciales de fin de año.

El viernes 22 de noviembre, al mediodía, se conoce la carta con la denuncia en su contra por presunta violación de su exsecretaria y sobrina. Se defendió señalando que “la imputación es absolutamente falsa, lo cual demostraré, a la corta o a la larga, ante la Justicia”.

Pero no solo fue la denuncia en su contra lo que lo hizo cambiar de opinión en los últimos días. Primero que no pediría licencia y luego la pidió; después que iría a los actos por jura de nuevos senadores y a la asunción del nuevo presidente. Ahora está de licencia en el Senado. Seguramente, también han incidido en sus definiciones los pronunciamientos de las principales figuras de la política nacional, desde el ministro de Justicia German Garavano, hasta el presidente electo Alberto Fernández, siguiendo por una larga nómina de figuras. Todas hablan que hay que dejar actuar a la justicia, pero por el solo hecho de hablar ya mantienen en vigencia su nombre con el tema.

En Tucumán hay asombro. Todos opinan sobre las publicaciones. En lo público, los que hablaron, señalan la cuestión de género, de proteger a la victima y esperar definiciones de los jueces, tanto de esta provincia como de Buenos Aires.




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