Bernardo. No es su nombre, pero desde que supe de él lo repito: Bernardo. Imagino su cara de cachetes colorados y rasposos, los pelos rebeldes y la mirada curiosa como la de un conejo. Lo pienso trepándose a los árboles, pateando la pelota y metiendo un gol cósmico, sin barrilete. Sé que tiene paciencia para los juegos de mesa y sé que le gustan. Bernardo, vuelvo a decir susurrando. Y traigo a la memoria los recuerdos de tantos Bernardos que conocí. Tantos que esperaron como él.
La orfandad me llegó después de los cincuenta. La de mi papá cuando él tenía cinco. Bernardo, por estos días, anda como el cordero guacho que busca una madre. Quiere un hogar. Uno de verdad. Quiere que alguien lo mire a los ojos y sepa que, a pesar de las dificultades por venir, hay una familia posible para concebir. Bernardo no quiere sentirse como mi papá: solo, con miedos nocturnos, en una institución conviviendo con otros no queridos, excluidos, abandonados.
Por qué esperar a que crezca acurrucándose en sus propios dolores, magullando broncas ajenas. Nada que se pueda cambiar está predeterminado por más obstáculos que haya. Mi orfandad tardía no es comparable, salvo en ese vacío enorme e irremediablemente oscuro y sombrío.
¿A quién le pregunto por tal o cual historia? ¿Quién me va a decir cómo se hace la gelatina con espumita por encima? ¿Quién me va a contar historias de campo, de Claromecó en sus primeros años o de boxeadores perdidos en la bebida? Ninguna pregunta trascendente. Para otros, porque para mí se han vuelto respuestas que no volverán a darse.
Me reconozco sola de padre y madre, sola de abuelos, sola de rituales. Bernardo no tiene el destino marcado. Es un niño pequeño. Un aprendiz de la vida. Un entusiasta de nuevas aventuras. Un constructor de historias compartidas.
Bernardo quiere afecto, encontrarse con la familia que lo lleve a la calesita, que le compre algunas figuritas, que lo arrope mientras duerme. Nada fácil ser papá o mamá. Tarea descomunal si las hay. Algo así como subir al Aconcagua en chancletas. Sin embargo, es posible pensar en edificar una vida llena de recuerdos en la que, éste, el del año y medio en un Hogar de Tránsito, se convierta en el principio del final de la espera.
Buscá a Bernardo. Seguramente, no es un niño de abrazo fácil, de caricia blanda o de mirada soñadora. Tiene en sus manos la historia que, injustamente, le tocó. Pero, podemos volverla reversible, ponerla frente al espejo de las oportunidades, de los deseos. Bernardo quiere una familia y, como he visto tantos niños solos que encontraron el amor en personas que los aceptaron, así como son, así como los hizo la vida, sé que es posible.
Escribe: Valentina Pereyra.

JUZGADO DE FAMILIA N° 1 GUARDAS Y ADOPCIÓN
Juzgado de Familia N° 1 TRES ARROYOS - DEPTO. JUDICIAL BAHÍA BLANCA
Ref. 3000-41759 MAR. 2026
• BERNARDO - 10 AÑOS (09/09/15)
Se convoca a postulantes a guarda con fines de adopción.
Buscamos una familia para Bernardo que con amor y empatía, le restituya su derecho a vivir en familia, lo acompañe a construir su futuro y a concretar sus proyectos.
Bernardo concurre a la escuela primaria. Le gusta mucho jugar al fútbol, andar en bicicleta, compartir tiempo con diferentes personas y jugar con juegos de mesa.
#AdoptarEsConstruirFamilia
CONTACTO
Registro Central de Aspirantes a Guardas con Fines de Adopción
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TELÉFONO: (0221) 410 4400, int. 42897/56037
adopciones.scba.gov.ar/AltaFormularioConvocatorias.aspx
PODER JUDICIAL PROVINCIA DE BUENOS AIRES
