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Vía Tres Arroyos / Nuevo cuento

Pinceladas literarias: "Camisetas"

Un cuento de Valentina Pereyra.

Pinceladas literarias: "Camisetas"
Camiseta (vía Tres Arroyos)
autor avatarRedacción Vía Tres ArroyosSeguinos enGoogle
19 de julio de 2026, 00:05
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CAMISETAS

Llega al Jardín antes de que cierren la puerta, no como cuando lo trae el papá que siempre tiene que esperar afuera para que terminen de cantar la canción a la bandera. La señorita que lo recibe le pregunta por su camiseta de Argentina. Él baja la cabeza y la hermana, que lo llevó a la rastra desde su casa, pregunta: ¿Qué camiseta? La preceptora suspira y mira a la directora que, a la vez, mira al profesor de educación física y éste a la señorita Susy.

En esta ronda de ojos preguntones, no hay respuesta. Por lo menos, ninguna en voz alta. La directora sienta en el suelo a los amiguitos de las tres salitas y él piensa: Mi mamá es una tonta. Pero no dice nada, se acomoda al lado de Pedri que lo abraza y se pone a saltar.

La hermana lo deja con la preceptora y pide permiso para cruzar por el patio (el Jardín y la Escuela están en la misma manzana) para pasar a su salón. Su guardapolvo parece hecho con una tela celeste y blanca, aunque Memi se da cuenta de que es la camiseta de Argentina que se trasluce.

No se da vuelta para saludarlo, pero él tampoco presta atención porque Pedri no para de contarle que Messi es el goleador del mundial de fútbol y de que, si hoy ganan, vamos a jugar la final.

La seño Susy le acaricia la cabeza con las manos ásperas y se pone el dedo en la boca para llamar, otra mañana más, a la lechuza que hace chist, que hace chist, que hace chist. Los amiguitos en ronda se parecen a una escarapela.

—Benja, ¿te dio mami la camiseta?

Memi la escucha y le dice al oído a Luli: Seguro la mamá no tiene plata para comprarle una. Él la escucha, pero no puede decirle que en la casa hay cuatro camisetas: Una para cada uno de la familia. Si abre la boca las nenas van a inventar otra canción de esas que le cantan siempre que él no tiene lo que la seño Susy les pide para trabajar en la salita.

—Bueno, Benja. Vamos a tener que conseguirte una camisetita. Es la cábala, todos de Argentina—dijo el profesor de educación física justo después de que la seño le hiciera que no con la cabeza.

Mi mamá es una tonta, balbucea. No lo repite a pesar de que la señorita le pregunta: ¿Qué dijiste, Benja? Pedri lo sacude de los hombros y le mete en el bolsillo la figurita del Cuti Romero, que la tiene repetida.

No puede ser más tonta, piensa, igual que Memi que le está contando a los nenes que yo voy a romper esa cálaba o como se diga. Las seños quieren asegurarse de que la mamá hubiera leído la información que mandaron por la plataforma de comunicaciones. La preceptora busca en la computadora de la secretaría.

La directora la espera detrás de la puerta. Niega con la cabeza. Mi mamá dice que odia las plataformas que, si le quieren decir algo, la llamen por el teléfano o me abrochen un papelito en el pintorcito, responde él cuando la seño Susy le pregunta: ¿En casa no miraron la notita que mandamos ayer?

—Susy, no está marcado como leído. ¿Querés que vaya a casa a buscar la camiseta de mi nene? —dice la preceptora mientras lo mira como si fuera un perrito herido.

—Mi hermana, capaz ella tiene otra.

—Bueno, Benja. Vos tranqui, la seño se ocupa. ¿Tu mami está en casa?

—…

—Benja, mírame. ¿Mami, está en casa? Llamá, intentá o andá a preguntarle a la hermanita si tiene idea dónde podrá estar la madre.

La seño Susy aparece en el sum del Jardín con la hermana del brazo. Le pregunta, delante de él, si la mamá le había dado a ella la camiseta de Argentina que tenían que llevar puesta para mirar juntos el partido con Inglaterra. Mueve la cabeza y frunce el ceño.

Le levanta el pintorcito para revisarle abajo del pulóver de Spider Man que tiene puesto. Suspira y dice: Ni idea. Después, mira a su hermano que parece un perro mojado, y sale corriendo para el patio. Su grupo de sexto grado ya está en el salón listo para cantar el himno con los jugadores.

Las estrofas también se cuelan por los equipos de audio amurados en las dos esquinas del SUM. El profesor de educación física le cuelga del cuello unas guirnaldas celestes y blancas y le da un plumero de tiras del mismo color. Los nenes se sacan los pintorcitos y a él se lo dejan puesto. Por lo menos, el cuadrillé es de los colores de la bandera, dice el profesor.

Benja agarra la tela con las dos manos y se la acerca a los ojos. A Pedri no le sale la voz y canta: Saluden al rey: Messi, Messi, Messi y le dice: La bandera tiene tiras, la de Croacia tiene cuadrados. Se acordó que había visto al jugador flaquito que usa vincha y juega con una camiseta que parece un mantel. Lo había visto en la televisión, en su casa, mientras la mamá hablaba por teléfono con el vecino de la otra cuadra.

—Poné bajito, Benja. No querrás despertar a los vecinos. Termino de arreglar un temita y voy con vos.

—Ma,¡mirá! Usan los colores de River.

—Benja, salí de acá. Andá al living y me contás después.

—La bandera también tiene los colores de River.

—Benja, terminala. Ya te escucho.

—Los nenes me ragalaron figus.

—…

—¿Me comprás la de Messi?

—Salí de acá, Benja. ¡Rajá!

La hermana hacía los deberes y le golpeó dos veces la cabeza para que pusiera menos volumen.

—Estoy aburrido. Aburridísimo. ¿Cuándo juega Messi?

—Y yo qué sé. Preguntale a papá.

—Los nenes fueron a la plaza a festejar.

—¿El último partido de Argentina?

—Ni sé. Contaron en la ronda de las buenas noticias.

—Capaz—dijo la hermana y levantó los hombros con la vista fija en unos números raros.

—¿Vamos a ir?

—Yo qué sé. Preguntale a mamá. Dejame de molestar.

—¿Vos querés ir?

—¡Basta! No sé. Qué sé.

La seño Susy se sienta con el profesor y le acomoda el gorro de cuatro puntas con los colores de la bandera. Memi no lo deja sentarse al lado suyo, pero Luli le hace un lugarcito porque Pedri se acomoda cerca de la pantalla. La seño Susy en medio tonta como mamá y como mi hermana que se hace la linda con la camiseta de Argentina, piensa.

Los amiguitos se paran enfrente de la tele que la directora puso delante del escenario. Las seños los acaban de sentar cuando los jugadores empiezan a cantar el himno nacional y las preceptoras los ayudan a pararse. Es boba esta Memi, piensa al verla ponerse la mano en el corazón como los ingleses. Messi canta entre dientes, ¿no? Dice la preceptora y el profesor de educación física la mira de reojo y susurra: ¡Qué sabrás vos!

De repente, aparece la cara de Scaloni en toda la pantalla. Abre la boca grande, grande. Él sí que canta fuerte. Pedri grita: ¡Oh juremos con gloria morir! Y le hace señas con la mano para que vaya a sentarse con él. El profe de música sube el volumen y, cuando el referí pita mueve los brazos atolondrados esperando que vuelvan a sentarse.

Los amiguitos saltan y cantan: Argentina campeón mundial y otras pavadeces- como dice su papá que nunca canta-. Las nenas se intercambian las colitas que se parecen a escarapelas y se agarran de los hombros para saltar al compás de la música del estadio. Benja, como Pedri, también se para porque los de adelante no lo dejan ver nada.

La señorita Susy se agarra fuerte del brazo del profe de educación física cada vez que los futbolistas ingleses llegan cerca del arco argentino. Al final del primer tiempo, la preceptora insiste en que hay que llamar a la casa de Benja. Que todos tienen que ponerse la camiseta y que, si no se apuran, él iba a arruinar el partido.

En el entretiempo los amiguitos lo dejan a un costado. Algunos nenes y nenas van al baño y otros, como Pedri, salen al patio para correr un rato. Cuando se da cuenta de que Benja no está entra a buscarlo. Los amiguitos revolean los pañuelos blancos, los celestes; revolean las camisetas; saltan y cantan por Argentina que no metió ni un gol.

Pedri le dice que se saque el guardapolvo, pero él no tiene permiso de las seños. La directora se acerca y le acaricia la cabeza. Tiene la mano suave. Le pide que vaya con ella al depósito a buscar algo que le puedan poner antes del segundo tiempo. Saca disfraces de payasos, magos, gatitos y hasta el de un león, pero no encuentra ni una sola camiseta.

Al entrar al SUM le hace que no con la cabeza a la preceptora que no para de marcar en el teléfono el número de la mamá. Pedri lo lleva abrazado y le promete que, si Messi hace un gol le regala su camiseta. Las seños los vuelven a sentar a todos frente al televisor porque empieza el segundo tiempo. No los dejan cambiarse de lugar hasta que el locutor dice que, por cábala, se sienten en lugares distintos, así Argentina mejora su fútbol.

Benja no entiende bien por qué tiene que moverse, pero el profesor de educación física grita: ¡A cambiarse! Es como dice el relator; vamos que hay que hacer fuerza. Él cierra la boca, infla los cachetes y aprieta el estómago como cuando sus papás pelean.

Está casi por explotar cuando Pedri llega y lo arrastra hasta donde está sentado. Hacé fuerza también vos, porque si hago más, me voy a hacer caca. Pedri larga la carcajada. Memi los empuja porque no la dejan ver y Luli la quiere convencer de que hay que ir a otro lugar como dijo el profesor.

—¿Y?

—Dejé mil mensajes. En algún momento va a escuchar.

—¿No quedó ninguna camiseta del 2022?

—No encontré.

—Cállense, chicas. Ya está. Mejor recen.

Faltan diez minutos para el final del partido. El relator de la tele dice con este resultado estamos fuera de la final del fútbol mundial. Memi llora y le pide a la seño Susy que se quiere ir con la mamá. Dice que perder le da miedo. Luli y otros amiguitos la abrazan y lloran juntos.

El profesor de educación física se suelta del brazo de la seño y ella corre a secarle con la camiseta las lágrimas a los nenes. Faltan cuatro minutos para el final del partido. ¡Ay, Dios mío! Por el griterío nadie escucha el timbre de la puerta de entrada al Jardín. Parece una chicharra que suena sin parar como el silbato del referí que aparece en la pantalla del televisor.

Benja le tira de la camiseta a la preceptora que lo empuja para atrás y sigue mirando el partido. Memi tiene los ojos coloradísimos y la nariz le brilla. Pedri, de rodillas, esconde la cabeza entre las manos. La directora se tapa los ojos con la bufanda de los colores de la patria. La cara chata de la mamá se asoma por la ventana. Los puños se estrellan contra los vidrios y hace chillar a un amiguito que ya no mira el partido.

—¡Mamá! —dice y la preceptora pega el salto de su silla y corre a abrir la puerta. Cuando vuelve al SUM trae en la mano una camiseta argentina de su tamaño. Busca a Benja para ponérsela, pero Pedri ya le dio la suya.

Enzo Fernández estrella la pelota en la red del arquero inglés y los jugadores lloran. Pedri también. Las nenas gritan hasta que la boca no les deja salir más aire. En el medio del festejo, otro gol de Lautaro Martinez. Messi, llora. Lautaro también. Pedri lo abraza y él le da su camiseta. Las seños y los profes aprietan las manos juntas en el pecho y se besan las tres estrellas. Benja también. Al final, mamá no es tan tonta, dice a los gritos, total…nadie lo escucha.

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