Esperando a la Scaloneta: "El que no reza..." por Valentina Pereyra
Hinchas y jugadores muerden los escudos de las camisetas que los visten, se tapan la cara, elevan la mirada al cielo, unen sus manos, levantan las palmas, pero todos, todos, le piden a Dios por el milagro.
La Scaloneta liderada por Leonel Messi juega su pasaje a las semifinales del Mundial de Fútbol 2026 y para la previa del partido Valentina Pereyra nos deleita con este relato
El que no reza…
En un embudo infinito del tiempo se pierden los ruegos. Dios recibe aturdido las voces que se elevan al unísono. Atiende las súplicas de las guerras, de las catástrofes, de las enfermedades. Dios no da abasto. Cada cuatro años, el mundo futbolero y, los que se suman de puro excitados, está atento y distraído por el Mundial de Fútbol.
A los que no les importa ver girar a la redonda dirán: Dios tiene cosas más importantes que hacer como salvar al mundo de la humanidad que lo destruye sin querer y también queriendo. Pero, tarde o temprano, se rendirán ante una pantalla para rezar con otros.
También con ellos. Con los protagonistas de la Copa del Mundo 2026 que no se parece a otras en las formas o en la organización: doce grupos de cuatro equipos de todos los continentes; ciento cuatro partidos en total y, ocho en lugar de siete de ediciones anteriores, para el que juegue la final.
Pero, sí se parece en los gestos: la televisión se queda con la imagen de los jugadores en la cancha, entrando en calor o formando a la espera del pitazo inicial; moviéndose, pateando al arco y haciendo los rituales que los acerquen a Dios.
Un Dios, muchos dioses, varias caras de ese mismo. Uno que esté más allá de nosotros, más allá del sol, más allá de la razón, cerca de la fe. Un Dios con un solo mensajero, con una mediadora (o varias con distintos mantos), intermediarios árabes, indios o africanos. Al que sea en el que crean les dedican los gestos que al mismo tiempo son rezos.
El brujo ghanés (Redes Sociales)
La entrada al campo de juego de los futbolistas del Mundial 2026 es, al mismo tiempo, la entrada a un santuario multireligioso: jugadores que tocan el pasto y trazan con el pulgar tres cruces pequeñas: una en la frente (para consagrar los pensamientos), una en los labios (para consagrar las palabras) y una en el pecho (para consagrar el corazón).
Quién sabe si todos sabrán el porqué de cada una de esas cruces, pero eso no es lo que importa. La televisión reproduce viejas y conocidas imágenes gestuales. Jugadores santiguándose: manos fieras capaces de atajar goles o de amortiguar caídas trazan la cruz con la mano derecha desde la frente al pecho y del hombro izquierdo al derecho.
Cristianos que extienden los brazos al Altísimo, juntan los dedos en señal de ruego o levantan las palmas al cielo. Todos le piden a Dios que los escuche, que haga su magia, que se deje ver.
Rubén Vargas.(Rubén Vargas Instagram.)
Pero ¿puede responder a todos lo que todos esperan? ¿Dios elige quién sufre o quién es feliz?
En los estadios miles de ruegos: mucho más de setenta mil por partido. En las calles, hinchas que se juntan a comer, rezar y amar. En los hogares argentinos: velas, estampitas de Cristo, de Maradona, de Messi. Pero, para los que nos gusta el fútbol o los que viven la pasión por la pelota como una cuestión de vida o muerte, Dios es un protagonista necesariamente convocado partido a partido.
La fe es incontrolable. Los jugadores de los cinco continentes entran a la cancha con el rezo urgente y el deseo de victoria a flor de piel. La FIFA les prohíbe a los equipos de fútbol tener inscripciones en las camisetas o hacer manifestaciones abiertamente religiosas.
Las migraciones han cambiado el mapa religioso de los equipos del mundo. Doce de los cuarenta y ocho que jugaron o siguen en pie en el Mundial, profesan la religión musulmana. Aún en equipos cristianos hay jugadores de otras religiones. Confían en sus piernas, en las tácticas, en los entrenadores, pero más confían en Aquel al que temen.
Lamine Yamal, tras los pasos de Lionel Messi. (WEB)
¿Cómo rezan los que rezan?
Están los que, como Mohamed Salah, después de meter el gol, cae de rodillas, pega la frente al pasto y reza. Otros, como el ecuatoriano Moisés Caicedo, forman parte de los Atletas de Cristo; Ronald Araújo, futbolista de Uruguay, es metodista.
Cantan o se abrazan entrelazando camisetas de distintos colores los jugadores de Ghana, Brasil y Colombia en súplicas o agradecimientos propios de iglesias neopentecostales; o los croatas que, antes de pisar suelo estadounidense, fueron a misa.
Messi levanta las manos al cielo, después de un gol, en la búsqueda celestial de la abuela; Neymar se arrodilla y llora su pérdida; el mediocampista Aimar Sher de Irak afirma que Jesús lo protege ante la mirada de sus compañeros kurdos, musulmanes suníes o musulmanes chiíes.
Marc Guéhi, defensa inglés, celebra la inclusión LGBTQ+; seleccionados sudamericanos recurren al palo santo y a los sahumerios y, antes de entrar a la cancha, se “bañan” en agua bendita.
Lionel Messi, cargado de gloria. Quién podrá superarlo, o al menos igualarlo...(WEB)
Jugadores musulmanes de Marruecos, Arabia Saudita, Qatar o Senegal, manifiestan su fe postrándose (sujud) en el campo.
Jugadores hindúes como Sarpreet Singh, mediocampista de Nueva Zelanda; Nishan Velupillay, delantero de Australia; Tahsin Mohammed Jamshid, extremo de Qatar; Samuel Moutoussamy, mediocampista de la República Democrática del Congo, hacen la postura Anjali.
La postura Anjali consiste en juntar las palmas de las manos a la altura del pecho o la frente en señal de reverencia (pranam) o, repiten mantras para concentrarse: rezos mentales, susurrando palabras, haciendo una pausa para mirar al cielo y hablar con Dios.
Jugadores de Alemania y Curaçao abrazados en una ronda espiritual, el defensa Mark McKenzie liderando del círculo de oración de Estados Unidos después de la eliminación del Mundial.
Messi con sus dos manos al cielo después y durante el hat trick; Yazeed Abulaila, de Jordania que, con la frente pegada al pasto, celebra un gol de su selección; a Alisson Becker, Edinson Cavani, Kaká, David Luiz declarando que Dios es su pastor y que sin él nada es posible.
El que no reza(Vía Tres Arroyos (IA))
El que pierde, el que se lesiona, el que yerra un penal, el que sigue partido tras partido en el banco de suplentes, también reza. Entonces, ¿Dios escucha a algunos? ¿Dios escucha a los que hablan más fuerte? ¿Dios no escucha, directamente?
Orar en medio del campo de juego, en círculos espirituales o en algún rincón del vestuario. Todos quieren ser oídos.
En los hogares o en las calles, ni hablar en las canchas, los rezos y las súplicas acompañan a los jugadores y se multiplican de a miles y miles y millones.
Todos suben al mismo tiempo, a la hora del partido que les interesa, porque los rezos suben o por lo menos yo no he visto nunca pedir al bajo mundo nada de nada. Las vírgenes de todos los colores protegen colgadas en medallones o se esconden debajo de las medias de Lautaro Martínez fundidas en el plástico de las canilleras; también decoran mesas ratonas, armarios, muebles de cocina, banderas.
El Dios de la Iglesia maradoniana y el de los setenta, el hacedor del tercer mundial y el héroe del Mundial que todavía se juega.
Canillera Lautaro Martínez(Captura)
Dios, a la espera de los rezos, también ¿reza?
Imagino los comandos celestiales mostrando en una pantalla 4D a los continentes al rojo vivo como quién dice. Estados Unidos, Canadá y México encendidos y vibrantes. Entonces Dios, con su infinita paciencia, selecciona escuchas como si fuera un agente de elite de la SIDE o de la CIA.
Los ejércitos del Todopoderoso haciéndose cargo de “lo que importa” y él, atento a las manos en alto, los abrazos en círculo, las voces boca arriba o murmurantes.
Leí, buscando material para este texto que no pretende ser ensayo y que, como no sé en qué género ubicarlo, lo llamo texto, que Eduardo Galeano escribió: “el fútbol es la única religión que no tiene ateos y que, el fútbol y Dios se parecen en la devoción que le tienen los creyentes y la desconfianza que le tienen algunos intelectuales”.
La nueva regla de la FIFA que genera indignación entre los hinchas que asistirán al Mundial.(Captura)
También leí en “La Biblia habla hoy” sobre el libre albedrío: en Génesis 2: 16-17 les dijo Dios, a Adán y a Eva que, si comían del árbol prohibido, morirían.
Libre albedrío: en Josué 24:15, el líder le dijo a su pueblo que Dios les daba a elegir a quién servir.
Libre albedrío: Deuteronomio 30:19: "pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida".
Libre albedrío: determinismo, compatibilismo; evaluación de posibilidades, asumir consecuencias.
El bien y el mal definen por penal
Los hinchas muerden los escudos de las camisetas, se tapan la cara, elevan la mirada al cielo, se agarran, como yo, de las cruces que les cuelgan en el cuello; unen sus manos, levantan las palmas, cantan en idiomas que no entiendo, pero todos, todos, le piden a Dios por el milagro y, entonces, aparece Messi y el mundo futbolero se rinde ante la irrefutable aseveración de que Dios existe.
Elije el futbolista hacer la jugada individual o pasársela al compañero que está mejor posicionado para hacer el gol; elije a qué ángulo patear el penal, también elije hacerlo fuerte y al centro; elijen embestir y lesionar; aguantar y lesionarse; tirarse para simular, hacer tiempo, estirar la pierna o recogerla.
A 40 años de "La Mano de Dios", y del gol más maravilloso en los mundiales, con la firma de Diego.(WEB)
El técnico decide a quién dejar en el banco, cuándo y qué cambios hacer y qué decir en la pausa de hidratación o en el vestuario; el jugador eligió antes de la Copa del Mundo qué vida tener: familiar, religiosa, de amistades, de fiesta en fiesta; en qué club jugar.
La televisión le cuenta al mundo que los jugadores del Mundial 2026 esperan, indefectiblemente, partido tras partido, que el poder de su Dios se manifieste.