Península Mitre, un área con abundancia de turbales situada en el sureste de Tierra del Fuego, constituye el mayor reservorio de carbono del país.


Lo revelaron investigaciones citadas por Sin Azul No Hay Verde, el programa marino de la Organización No Gubernamental (ONG) Conservation Land Trust (CLT).

La ONG que propicia la protección de Península Mitre a través de la creación de un Parque Provincial, citó un trabajo en desarrollo del Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación de Naciones Unidas (UNEP-WCMC) y cálculos realizados por National Geographic Society.

En base a ellos, aseguró que los turbales de la zona captan carbono en grandes cantidades, y que ello mitiga las emisiones mundiales de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, principales causantes del calentamiento global.

Los resultados de las investigaciones determinaron que Península Mitre almacena 315 millones de toneladas métricas de carbono, el ?equivalente a más de tres años de emisiones de dióxido de carbono de toda la Argentina?, según el último inventario nacional.

La región posee, además, más carbono almacenado que cualquier área protegida del país, y más stock por hectárea que parques nacionales icónicos, como el Lanín y el Nahuel Huapi, afirmó la ONG.

La organización impulsa la protección del lugar porque sostiene que si los turbales fueran destruidos o explotados de manera productiva, el carbono almacenado en el suelo y la biomasa vegetal podrían regresar a la atmósfera, aumentando así el efecto invernadero.

Los conservacionistas apoyan un proyecto de ley que tiene bajo análisis la legislatura fueguina, para crear un Área Natural Protegida que cuente con un cuerpo de guardaparques y fondos para asegurar un control efectivo sobre la zona.

Según Sin Azul No Hay Verde, el 95% de las turberas de Argentina se encuentran en la provincia de Tierra del Fuego, y la mayoría están en Península Mitre donde el 45% de su superficie (unos 2400 kilómetros cuadrados) es de turba.

El carbono se fija en casi todas las plantas, y cuanto las plantas mueren, se descomponen y el carbono vuelve a la atmósfera. Pero las turberas no se descomponen, y van acumulando materia orgánica en un proceso lento pero continuo, explicó Rodolfo Iturraspe, investigador y docente de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

El experto detalló que los turbales están saturados de agua por debajo de los 10 centímetros de espesor, lo que genera un medio sin oxígeno donde no llegan los microorganismos que tienen la capacidad de degradar la materia orgánica.

Si el agua se las turberas se drena, la materia orgánica seca se descompone y cuando eso sucede estamos liberando a la atmósfera material que se acumuló a lo largo de miles de años. Es decir, estamos generando el proceso inverso, es lo mismo que quemar combustible, afirmó el investigador.




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