325 millones de personas en el mundo tienen hepatitis B o C crónicas, según datos de la OMS.


En 2008, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció al 28 de julio como el Día Mundial contra la Hepatitis. En ese día, pero de 1925, nació en Nueva York el profesor Baruch Samuel Blumberg, quien descubrió el virus de la hepatitis B y luego desarrolló su vacuna. Además, fue Premio Nobel de Medicina en 1976 por su descubrimiento sobre el origen y diseminación de las enfermedades infecciosas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 325 millones de personas en el mundo tienen hepatitis B o C crónicas. Además, durante 2015, las hepatitis virales causaron más de un millón de muertes, comparable a las causadas por la tuberculosis y el VIH combinados.

Qué es la hepatitis y cómo afecta “Llamamos hepatitis a la inflamación que ocurre en el hígado por cualquier causa, detectada por elevación de las enzimas llamadas ‘transaminasas’, pudiendo aparecer o no síntomas clínicos como cansancio, color amarillento en la piel -ictericia-, orina oscura -coluria-, entre otros”, explicó la doctora Paula Rodriguez Iantorno (M.N. 95422), médica infectóloga.

La palabra hepatitis se suele asociar, comúnmente, con ciertas infecciones virales que afectan directamente al hígado: se trata de virus conocidos como “hepatotropos primarios”. Entre ellos, los más frecuentes son los virus de la hepatitis A, B y C.

Pero no es atípico hallar hepatitis causadas por otros virus inespecíficos, llamados “hepatotropos secundarios”, tales como el Citomegalovirus o Epstein Barr en el contexto de una mononucleosis. Otra situación frecuente es la hepatitis tóxica, aquella que es originada por medicamentos, hierbas y otras sustancias.

“Cuando se trata de hepatitis, estamos hablando de una variedad de diagnósticos posibles que afectan al hígado”.

Cada virus tiene su vía de transmisión específica, con el fin común de afectar al hígado con un comportamiento propio en el organismo. Por ello las hepatitis A, B y C son tres entidades diferentes. Y aún después de los años y los avances científicos, estas pueden dar sorpresas: “Así como la creencia popular relata que la hepatitis A es la más inocente, puede no serlo si se adquiere en la edad adulta, siendo una de las causas más frecuentes de trasplante hepático por hepatitis fulminante”, advirtió Rodríguez Iantorno.

Hepatitis A (HAV) se transmite al ingerir agua y alimentos contaminados con excretas de personas infectadas. Es común en la infancia cuando los hábitos higiénicos no están bien arraigados. El virus puede permanecer horas y días en una superficie -picaportes, grifos-. Estos se eliminan de las superficies con solución de lavandina y del agua con hervor durante algunos minutos.

Los niños, en su mayoría, cursan una infección asintomática y benigna, de modo que se comportaban como diseminadores imperceptibles del virus. En cambio, el adulto que adquiere la HAV, tiene mayor riesgo de manifestarla clínicamente y de tener complicaciones serias. Una vez transcurrida, la HAV se cura en forma definitiva; es una infección aguda que nunca cronifica.

Desde el año 2005, Argentina incorporó la vacuna de la hepatitis A al Calendario Nacional de Vacunación al año de edad. Con esta estrategia, todos los niños nacidos desde el año 2004 pueden acceder gratuitamente a la inmunización para la hepatitis A. Esta intervención ha modificado drásticamente el comportamiento de la enfermedad en el país.

Hepatitis B “En cuanto a la hepatitis B (HBV), la transmisión es a través de la sangre y fluidos genitales, la vía de adquisición sexual sin protección de la HBV es altamente eficaz, 10 veces más frecuente que el VIH. El preservativo es el método de barrera recomendado para la prevención de esta y todas las enfermedades de transmisión sexual”, aseguró Rodríguez Iantorno.

Por ello se la conoce como una hepatitis de la vida adulta, aunque los niños la pueden adquirir por transmisión vertical: de la madre hacia el hijo durante el embarazo y parto-.

Los adultos que adquieren la HBV en más de un 90% la resuelven espontáneamente, ya sea con o sin manifestaciones clínicas. Cerca de un 10% no la resolverán y padecerán una hepatitis crónica por virus B. Este estado de hepatitis crónica puede conducir a distintos grados de daño hepático, cirrosis y hepatocarcinoma.

Argentina dispone desde el año 1999 la vacuna para hepatitis B en el Calendario Nacional, desde el nacimiento y grupos especiales en otras etapas de la vida. La HBV crónica también tiene tratamiento específico Hepatitis C Por último, la hepatitis C (HCV), es un virus que cobró relevancia en el último tiempo ya que pasó de ser un agente de infección crónica y arduo de erradicar, a tratarse de una infección curable en más del 95% de los casos.

Se transmite principalmente por sangre, en pequeñas cantidades, por lesiones corto-punzantes, compartiendo elementos no esterilizados. La vía sexual no tiene gran eficacia excepto en hombres que tienen sexo con otros hombres, múltiples parejas sexuales o hábitos de mayor riesgo.

El comportamiento de este virus, a diferencia de los otros dos, en más de un 70% de los casos produce una infección crónica, silenciosa, que progresivamente podría conducir a la cirrosis y al cáncer de hígado.

La Organización Mundial de la Salud se plantea si continúa siendo necesaria la vacuna de la HCV, ya que hoy existen tratamientos curativos de alta eficacia y excelente tolerancia.

El tratamiento para la HCV cumple un doble objetivo: la curación individual y evitar la transmisión; es decir “tratamiento como prevención, las vacunas cumplen un rol fundamental en la prevención de las hepatitis A y B, cuando otras medidas de prevención pueden fallar, el estar vacunado es el mejor escudo. Por ello todas las personas nacidas antes de los años de inicio de la vacunación universal en Argentina, deben consultar por la vacunación”, explicó Rodríguez Iantorno.

“Recientemente se identificó un aumento de casos de hepatitis A en adultos no vacunados, especialmente en hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, con alto riesgo de evolución compleja como también de diseminación viral”.

La vacuna de HBV -junto a la de HPV- es una de las pocas vacunas disponibles que previenen cáncer, en este caso de hígado. Es altamente efectiva con la aplicación de tres dosis.

“Recomendamos hacerse el test de las hepatitis virales al menos una vez en la vida. La HAV pudo haber sido una infección pasada en la infancia y dejar defensas de por vida, pero sólo lo sabremos a través de un test específico. En el próximo control de laboratorio, recuerde pedirle a su médico el test de las tres hepatitis virales”.

“Necesitamos redoblar los esfuerzos para mejorar el diagnóstico de la población, de modo de colaborar para alcanzar la meta de la OMS de cobertura terapéutica de la HCV del 80%”, aseguró Rodriguez Iantorno.

Qué hacer en caso de tener hepatitis B o C Ante el diagnóstico se deben minimizar o reducir la progresión de enfermedad hepática y además prevenir la transmisión del virus a otras personas. Diagnosticar y tratar tempranamente las hepatitis crónicas previene el riesgo de cirrosis, HCC y trasplante hepático.

Se recomienda: – Abstinencia de alcohol y de sustancias potencialmente hepatotóxicas (algunos fármacos, hierbas).

Seguimiento por el equipo de salud a fin de evaluar otras condiciones que aceleren la fibrosis como la co-infección con otra hepatitis, HIV, entre otras.

– Vacunación para otras hepatitis prevenibles.





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