Enrique Daniel Azcárate, también conocido como “El Flaco”, es un docente jubilado de 64 años, oriundo de Toay, pero que trabaja de vez en cuando en la capital pampeana. Pasa sus sábados en el Parque Oliver de Santa Rosa sacando fotos con un aparato que en la actualidad llama la atención, aunque es histórico y muy visto en películas: un minutero.

No obstante, su cámara fotográfica no es lo único que destaca la gente al pasar. Según detalló La Arena, el hombre viste un largo gabán negro, un sombrero tipo bombín y unos anteojos redondos al estilo de John Lennon.

Es hijo de Enrique Salvador, empleado rural, y Lilia Orradre. El único varón entre sus dos hermanas: Pamela y Mónica. Está casado con Rosa Minardi, quien es docente como él, pero también escritora. Fruto de su matrimonio nacieron sus cuatro hijos, Agustina, Verónica, Carolina y Martín. Y no hay que omitir a sus tres nietos, Gino, Angelita y Emilia.

Si bien nació en Toay, hizo el secundario en Trenque Lauquen y actualmente trabaja como fotógrafo en Santa Rosa. “Pero yo siempre tuve la idea que iba a volver a Toay”, expresó Azcárate al medio.

Enrique Daniel Azcárate, el pampeano que inmortaliza los parques con su minutero. Foto: La Arena

En su juventud le gustaba aprender sobre algunas tareas rurales en el campo de su abuela al que viajaba durante las vacaciones. Sin embargo, con el tiempo decidió orientarse hacia la docencia e inició la carrera educativa con 27 años, mientras era preceptor en el Instituto Toay de Enseñanza Secundaria.

Si bien se desempeñó como maestro primario en varios colegios, por los 90′ se acercó a la fotografía. Arrancó usando una Pentax K1000, con sistema analógico. “Me gustaba y empecé a leer y a dar los primeros pasos en eso. Fue un poco como un medio de distracción, el ir descubriendo cosas. Así me pasaba horas”, recordó el pampeano.

El trabajo de otros colegas en el Foto Cine Club lo alentó y apasionó hasta que decidió salir a tomar sus propias imágenes. Inmortalizó varios paisajes urbanos y, con los años, su tendencia artística se fue volcando hacia el costumbrismo, aquel que refleja las costumbres de la sociedad.

La historia del pampeano que inmortaliza paisajes con su minutero

Su camino se entrelazó con ese famoso minutero que llama tanto la atención a principios del 2000, cuando tuvo que desmontar el laboratorio que tenía en la casa de sus padres. Rearmarlo después no fue tarea sencilla.

Contó: “Anduve averiguando y descubrí la posibilidad de hacer el trabajo de procesamiento de la foto en este cajón (su fiel cámara), que es un mini laboratorio ambulante. En su momento me contacté con un muchacho que está en Francia, que es una suerte de luthier de este tipo de cámaras y le compré una que me llegó en octubre de 2018″.

Cabe decir que la caja de madera cuadrada no tenía los lentes, y por este motivo tuvo que armarla. Con sus manos y esfuerzo la convirtió en esa máquina de la que tanto disfruta.

La historia de Enrique Daniel Azcárate, el pampeano que inmortaliza los parques con su minutero. Foto: Alberto Prieto

Una vez terminada, su felicidad salió a la luz: “Fue reencontrarme con la tarea del revelado, de hacer las copias, pero también con otras cosas mucho más lindas, como es esa suerte de liturgia de la gente que viene a tomarse una foto, como esa especie de ceremonia que se da para posar para un aparato que supongo ven tan original”.

La primera vez que salió con ella fue en una plaza de Toay, atrayendo las miradas curiosas de la gente. Al “Flaco” siempre le llamaron la atención aquellos fotógrafos en los parques que usaban esas cámara, cuya popularidad llegó a fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Ahora él tenía la suya y no pasaba desapercibida.

Su primer y tímido paso lo dio aquella vez y así arrancó a montar su “estudio” de fotografía al aire libre. Las siguientes etapas fueron moverse y, actualmente, algunos sábados del mes viaja hasta Santa Rosa y trabaja en el Parque Oliver.

Los minuteros llevan ese nombre ya que pueden tener las fotos en poco tiempo: “Es una especie de polaroid; y no se utilizan negativos. Directamente la imagen queda impresa en un papel en forma de negativo que después se hace positiva, y todo el proceso se hace dentro de esa caja”, explicó.

Antiguamente era muy común ver a los fotógrafos con esos cajones de madera, también llamados “chasiretes” o “pasalenguas”, inmortalizando momentos, paisajes, personas. Era económico y poco formal ya que apelaba siempre a la espontaneidad.

Los minuteros eran muy famosos entre el siglo XIX y el siglo XX. Foto: Archivo La Nación

Estas antiguas tradiciones no murieron del todo: se las puede ver en viejas fotografías, películas, las evidencias también están en los museos. Pero sin duda Daniel es un fotógrafo de plaza que llegó del pasado.

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