A los 83 años Eduardo Barroso no imagina una vida fuera del campo. En el puesto La Arabia a orillas del río Atuel, don Barroso se dedica a la cría de animales, tiene vacunos, chivos y ovejas, aunque también supo trabajar como obrero rural en fincas en las malas épocas para sumar un peso en la casa.

A lo largo de los años, el puestero acumuló un sinfín de anécdotas, sin embargo hay una que recuerda como si fuera hoy: supo vivir en San Rafael y General Alvear pero con un detalle muy peculiar, jamás se fue del puesto.

A la hora de hablar de límites geográficos con cauces de agua de por medio, es común escuchar la frase "el río te da y te quita". Y esa situación Don Barroso la experimentó en carne propia.

Las crecidas del Atuel allá por los '80 y también en la década del '90 provocaron que el puesto (casa, corrales) quede literalmente bajo el agua y al modificarse el cauce, pasó de un día para el otro de estar geográficamente en territorio sanrafaelino a ser un vecino alvearense.

"El agua pasó la casa y llegó hasta los corrales, quedó todo inundado, me tuve que ir a lo de un vecino por unos días, a un campo por acá cerca porque no se podía estar acá. Estaba todo lleno de agua", contó el puestero.

La larga trayectoria en el campo de don Eduardo le valió la distinción de "puestero del año" o "el puestero más antiguo", que otorga cada año la Cámara de Comercio de Alvear durante la realización de la Fiesta Nacional de la Ganadería.

Eduardo Barroso, distinguido como el puestero más antiguo en la 39° Fiesta Nacional de la Ganadería en General Alvear.

Los abuelos de don Eduardo, Segundo Barroso y Ofelia Espinosa, se instalaron a la vera de lo que hoy es la ruta 190 (a uno 55 kilómetros de Alvear y 150 de San Rafael) a principios de 1900.

La familia supo ser un faro en medio del campo y ese lugar se convirtió en lo que hoy todos conocen como el paraje Paso del Barroso. Geográficamente está en San Rafael.

Dos Eduardo nació en 1937 en el puesto y se casó con Alicia a quien conoció desde niño porque vivía en el puesto vecino, La Arabia, lo que es su actual morada.

Bajo un Tamarindo de 101 años de antigüedad, don Barroso contó orgulloso que "esto lo pusieron cuando llegaron mis suegros, era un palito y hoy mire lo que es (levanta la mano y señala el inmenso forestal), llegó a tener 4 brazos pero uno se cortó" comentó.

Junto a su hijo Antonio y Roberto, el nieto, se dedican a la cría de animales y pese a que nunca tuvo las comodidades de la ciudad e incluso hoy en día sueña con tener energía eléctrica "no me imagino fuera del campo, yo nací acá en el campo, esto es mío, es mi vida", dijo con una sinceridad tan grande que solo es igualable a su humildad.

Su amor por el campo es tal que "yo siempre le digo a mi hijo, si te gusta tenés que seguir acá. Él tiene a su esposa, su hijo…" y de repente cortó abruptamente la frase. Recordó a su esposa que falleció dos años atrás y lo invadió la melancolía. Pero un segundo después se repuso, tomó aire y continuó "tienen que comprenderse entre los esposos y si les gusta seguir en el campo".

Sueña con la luz

Antes era un farolito, ahora cuentan con un panel solar y una batería. Eso les permite tener algunos focos en la casa y hacer andar la radio. Hasta ahí llega la posibilidad de contar con electricidad.

El sueño de que la red monofilar llegue hasta el puesto casi lo desvela. "Sería muy lindo tener energía, me han dicho que va a estar pronto. Esperemos que así sea", dijo esperanzado.

Ataque de animales salvajes

Los pumas son parte de la fauna y más de una vez los puesteros sufrieron el ataque depredador de estos animales.

"Una vez uno me mató como 17 animales pero se comió unos solo. Lo agarró y se lo llevó por el río y se lo comió del otro lado", comentó el puestero.

"He seguido a leones (así les dicen en el campo), le seguimos el rastro hasta que lo encontramos. Es que nos mataba los animales, son dañinos", agregó.