Las remera nicoleña sabe que no son todas rosas en el camino y que hay que pelearla para estar arriba. La pesada herencia. 


La vida de Sol Ordas es casi cinematográfica. Cuatro años después de haber recalado en el remo, se consagró subcampeona en el Mundial Junior de República Checa, donde compitió en los 2000 metros de la categoría single scull, y este miércoles fue oro en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires. Pero su historia también está signada por la tragedia.

Hija de los remeros Damián Ordas y Dolores Amaya, la nicoleña sabe que no hay lugar de privilegio sin pelearla, sin sobrepasar tormentas y reponerse rápido para volver al ruedo. 

Un poco -quizás- por el destino mismo que llevó muchas veces a su padre a enfrentar situaciones extremas. Un año antes de disputar la final en los Juegos Panamericanos de Winninpeg 1999 perdió a su papá. Fue víctima de los delincuentes que lo asesinaron a sangre fría tras resistirse a un asalto en Tigre. El descargo llegó con el oro, una mirada al cielo y el puño apretado. ¡Campeón a los 21 años! El mejor regalo para Alberto.

Su compañero casi inseparable en dos sin timonel era Walter Balunek, junto a quien se había garantizado el pasaje a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Pero otra vez volvieron los fantasmas.

Balunek y Ordas en la final de Winninpeg 1999, donde consiguieron el oro. (Reuters)

El 14 de febrero, Balunek fue a cobrar una beca deportiva en la sucursal de General Pacheco del Banco Francés y al salir, en un confuso episodio, un policía le disparó en el abdomen. Fue operado pero se confirmó lo presumible: que no iba a poder competir. Damián compartió regata con Diego Aguirregomezcorta, pero no lograron una buena performance. Walter los arengó desde la tribuna, ya recuperado aunque sin chances de volver en lo inmediato. 

En 2008, repartiendo su tiempo entre el remis y los alumnos, volvió a vivir en carne propia el derrotero de la tragedia. Sufrió un accidente cerebrovascular mientras entrenaba que le demandó mucho tiempo de recuperación. Sol tenía por ese entonces 7 años y el remo ni siquiera figuraba entre sus planes.

Ayer se conformó con ver la coronación por la tele, y casi como una metáfora de la vida para él salió el “sol”.






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