La pareja recurrió a un tratamiento de fertilización asistida. Los bebés nacieron con siete meses de gestación y hacía un mes que la flamante madre estaba internada. ¡Mirá que tiernos son!


El martes por la mañana la clínica privada Cerhu, de la capital puntana, se revolucionó ante la llegada de trillizos. Aunque el parto fue a través de una cesárea programada, Betiana Zapata, la flamante madre, hacía un mes que estaba internada por que ya había tenido contracciones. 

Ignacio, Isaac e Isabella llegaron al mundo con siete meses de gestación y eran muy deseados por sus padres que recurrieron a un tratamiento de fertilización asistida para agrandar la familia. 

El primer llanto se escuchó a las 10:40 era Ignacio, que pesó 2,200 kilogramos; luego de diez minutos llegó Isaac, de 2,090 kilogramos y al ratito la pequeña de la familia pedía pista y quería estar junto a sus hermanos, así fue que Isabella, con más de 2 kilos se acomodó y salió al mundo, según informó El Diario de la República.

El papá de los trillizos, Jorge Aranda de 42 años estaba muy emocionado y confesó que “a partir de ahora todos los lugares en la mesa estarán ocupados”. A pesar de que él tenía una hija de 12 años, junto a su mujer decidieron ampliar la familia. El camino que transitó la pareja no fue fácil porque en el medio de la búsqueda perdieron un embarazo. Sin embargo, no se dieron por vencidos y empezaron a investigar sobre el tratamiento de fertilización.

Los trillizos puntanos. Foto: El Diario de la República.

“Realmente fue un gran signo de pregunta para nosotros el no poder tener un hijo. Pero elegimos luchar y seguir para adelante, no nos dimos por vencidos”, comentó el papá con ojos vidriosos al recordar cómo fue el proceso para llegar a donde están hoy.

“El doctor Carlos Ahumada, fue el encargado de acompañarnos en este proceso. El tratamiento fue acá y en Mendoza”, explicó, mientras esperaba atento al llamado de neonatología para ver a sus hijos e hija.

Sentado en el sillón de la habitación, Jorge recordó una anécdota: “Una noche me desperté y le dije a mi mujer que iban a ser tres. Ella me miró sorprendida, se rió y me dijo que eso no sucedería. Los resultados están a la vista, no estaba equivocado con lo que soñé”.

Los trillizos puntanos. Foto: El Diario de la República.

La flamante mamá, Betiana, desde el tercer mes de embarazo que tuvo que hacer reposo, porque “de los tres uno podía desprenderse. Teníamos que ser cautelosos” aseguró Jorge, con la voz quebrada y lamentó que por su trabajo como maquinista vial, en varias ocasiones tuvo que ausentarse de su hogar. “No es fácil cuando tenés que irte y dejar a tu mujer en ese estado. Lamentablemente mi labor está afuera de la provincia. Trabajo treinta días y siete tengo franco. Cada vez que me iba me angustiaba, pero sabía que lo tenía que hacer”.

Betiana es de contextura chica y los bebés no tenían espacio, se movían para todos lados y hacían presión. Desde hace un mes que está en el Cerhu porque tuvo contracciones. El médico opto por internarla porque no querían correr ningún riesgo. Hasta las enfermeras estaban ansiosas por verlos”, explicó.

Los trillizos puntanos. Foto: El Diario de la República.

En el piso dos se vive una fiesta, la familia Aranda se agrandó. Tías, hermanas, abuelos, nadie se quiso perder la posibilidad de conocer a los nuevos integrantes. “No pude entrar al parto porque fue cesárea programada, pero los esperé afuera. Los minutos se hicieron eternos, no pasaban más. Finalmente a las 10:40 escuché el primer llanto y me quedé tranquilo”, aseguró.

Milagros, la hija más grande de Jorge, llegó agitada y con una seña le dijo a su papá que lo esperaban en neonatología. Al final de un lago pasillo una puerta se abrió y la enfermera le dio paso. Después de tanto esperar se podría juntar con Ignacio, Isaac e Isabella.




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