Los nueve integrantes quedaron en la calle. Le piden al Gobierno de San Luis y a la Justicia que los escuche.


En la localidad de Candelaria en San Luis una familia está atravesando un dificil momento ya que el lunes le quitaron su casa luego de que la habitaran por más de dos décadas. Es por eso que los nueve integrantes decidieron denunciar a los medios el terrible hecho ya que se sienten “desamparados”.

Según informó El Chorrillero, Natalia Andino es una de las personas que habitaba la casa que está ubicada en el Barrio La Colonia, junto a su madre, Elvira Cruceño; dos hermanos; dos sobrinos y sus tres hijos.

Hace unos 20 años, Cruceño trabajaba como “casera” para la familia que era dueña de la casa, pero al morir la propietaria se la dejó. “En 10 años nadie vino a decir nada. De un día para otro apareció un hijo y nieto de la mujer con un abogado a querer desalojar a mi madre” relató Natalia. 

El lunes pasado Andino estaba trabajando mientras que su madre, de 56 años, estaba cuidando a los niños. Parecía un día normal hasta que llegó una orden de desalojo con un plazo de tres horas. “Salíamos por las buenas o por las malas nos iba a sacar la Policía con el COAR”, recordó la mujer.

“Mi mamá al asustarse, junto sus cosas y salió de la casa. Nos querían meter en un galpón que no tiene baño ni las condiciones para tener a las criaturas. Allí pusimos algunos muebles, lo demás está en un camión de la Municipalidad con mi documento, ropa de abrigo, las colchas, y camas”, detalló entristecida.

Andino contó que tras ser expulsados decidió llamar a la flamante intendenta reelecta, Ana Glellel y dijo que ésta se comprometió en ayudarlas económicamente para pagar un nuevo lugar. Pero Andino aseguró que en la zona no hay propiedades para alquilar.

La damnificada recordó que el año pasado el juez de Paz, Carlos Pereyra citó a su madre a una audiencia, pero que las notificaciones llegaron tarde, cuando ya había pasado la fecha estipulada. Sin embargo la mujer fue igual, pero no la recibieron.

Es así que tampoco fueron notificados de que debían abandonar el hogar en el cual vivieron 20 años. “Dejaron que pasaran las elecciones y lo hicieron”, dijo Andino cuestionando los tiempos.

Lamentablemente para la familia Andino-Cruceño el hecho de quedarse sin vivienda no es lo único que ha tenido que atravesar ya que en junio del año pasado Anahí Andino, hermana de Natalia, falleció y Cruceño quedó a cargo de las dos nietas de dos y ocho años. 

Luego de tremenda pérdida Natalia, que vivía en Villa Dolores, decidió mudarse junto a sus pequeños, de 1, 4 y 9 años, hasta Candelaria para poder ayudar a su madre. En el lugar también vivían otros dos hermanos.

Andino contó que luego de ser desalojados, su madre debió ir a dormir a la casa de otra hermana. “Está en un cuartito donde duermen nueve personas”, describió.

Una de las hijas de Andino se encuentra con el padre, mientras que la beba de un año está con ella. Una noche se quedaron en la vivienda de una amiga y otra en la de un vecino.

“Pedimos que alguien nos escuche, que nos ayuden. Mi mamá hace años vive acá. Hay gente que viene de afuera y tiene más privilegios”, insistió Andino y sumó que Ramón, otro vecino, está en la misma situación.

Ramón, quien también tiene una hija menor, vivía en un departamento ubicado en el mismo terreno. En su caso, había comprado la propiedad y contaba con toda la documentación que lo respaldaba, pero igual fue desalojado.

Para peor de males, los chicos no han podido asistir a la escuela porque los guardapolvos y las mochilas quedaron debajo de todas las cosas en el camión de la Comuna.

“Necesita que el Gobierno y la Justicia nos escuchen. Han dado viviendas de barrio a gente soltera. En Candelaria muchos tienen tres casas”, denunció.

La mujer pide ayuda a la comunidad, dice que si bien no les falta comida, pueden colaborar con abrigos o con lo que deseen.

Cruceño padece artrosis en sus manos y por eso no puede trabajar, sólo recibe una pensión de $4 mil por estar a cargo de sus dos nietos.

“No tenemos planes sociales, nos manejamos como podemos día a día”, concluyó.

Una tragedia familiar que no tiene explicación

El 17 de junio de 2018, Anahí que estaba embarazada y ya se acercaba la fecha del parto asistió al hospital de la localidad para que le tomaran la presión porque tenía dolores.

Se fijan en la libreta y le faltaba la vacuna del estreptococo. Entonces el doctor para ahorrar eso le puso penicilina”, recordó su hermana Natalia.

A los pocos minutos le comenzó a faltar el aire y finalmente murió junto a su bebé.

En el acta de defunción figuró que el motivo del deceso fue una “disnea” seguida de un “un shock anafiláctico y asfixia por penicilina”.

La familia de la joven que tenía 23 años y dos hijas nunca obtuvo respuesta de lo qué pasó y por qué no le realizaron una cesárea para salvar la vida del niño. “Dijeron que no estaban preparados para una cirugía así y se preocuparon por ella”, expresó Andino.

Lamentablemente hay más irregularidades en el acta de fallecimiento ya que  figura que el murió fue en la Maternidad Teresita Baigorria, pero la víctima nunca llegó al centro de salud.

Afirmó que la causa no ha tenido avances y está caratulada como “averiguación de muerte”.

Según explicó el médico al poco tiempo dejó de trabajar en el hospital de la localidad.

Hay dos actas de defunción. En una se consignó que fue por un shock anafiláctico, asfixia y envenenamiento por penicilina. Y en la otra dice algo distinto”, concluyó.






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