Un médico, una enfermara y una contadora irán a juicio por un bebé que sufrió quemaduras en una clínica sanjuanina.


La Sala Primera de la Cámara en lo Penal y Correccional integrada por los jueces Silvia Peña, Juan Carlos Caballero Vidal (h) y Raúl Iglesia, confirmó el procesamiento de los tres imputados por el caso del bebé que, a causa de quemaduras, sufrió la amputación de cuatro dedos. El hecho ocurrió el 20 de marzo del 2015 en el servicio de quirófano y neonatología de la Clínica Mayor. La mamá del pequeño Liam, Florencia Guevara, fue quien denunció el hecho y apuntó a un médico, una enfermera y una contadora.

Los profesionales habían sido procesados por el juez Eduardo Agudo, del Primer Juzgado Correccional: Mario Gabriel Tripolone por el delito de “Lesiones Gravísimas Culposas”, la contadora Analía Verónica Fernández por “Encubrimiento” y la enfermera Marisa Natividad Garay por “Lesiones Gravísimas Culposas”. Sin embargo, tras la apelación del procesamiento, cambió la calificación legal en el caso de Tripolone y pasó a ser “Lesiones Culposas”.

De acuerdo a lo que publicó Tiempo de San Juan, la figura penal para el médico y la enfermera es la misma: artículo 45 y 94 del Código Penal Argentino en perjuicio de Liam Valentino Guevara. Dice el artículo 94: “Se impondrá prisión de un mes a tres años o multa de mil a quince mil pesos e inhabilitación especial por uno a cuatro años, el que por imprudencia o negligencia, por impericia en su arte o profesión, o por inobservancia de los reglamentos o deberes a su cargo, causare a otro un daño en el cuerpo o en la salud”.

La historia de Liam salió a la luz en 2015, cuando su mamá denunció que al pequeño lo quemaron con un secador de pelo que utilizaban para calentar una incubadora que no funcionaba correctamente. La mujer notó las heridas en la mano derecha de su hijo y, tras consultar, le dijeron que eran solo unas ampollas en los deditos. Sin embargo, esas lesiones eran quemaduras del tipo A y B (esta última más grave), producto de haber tomado contacto directo con un secador de pelo. Según la Justicia, hubo una especie de pacto de silencio entre las enfermeras, médicos y dueños de la Clínica Mayor para ocultar lo sucedido.






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