Pasó en la localidad de Marquesado. Los animales, que eran de un vecino, le provocaron heridas en la cabeza y los pies.


Toda la familia estaba en el interior de la vivienda mientras Sahir Jeremías, de 2 años de edad, salió a jugar con los perros de un vecino como lo había hecho en otras ocasiones. Pero cuando su abuelo lo fue a buscar encontró el peor desenlace: el nene estaba siendo atacado y mordido por una jauría. Inmediatamente recibió ayuda de la Policía, sin embargo el niño no resistió y falleció a los minutos en el hospital.

El lamentable episodio ocurrió este miércoles en la tarde en la localidad sanjuanina de Marquesado. En el callejón Tejo se ubica la casa donde vive Juan Antonio, abuelo de la criatura, y su hija Antonella, la mamá. A 50 metros está la finca apodada “Los abuelos”, donde habita un hombre y 9 perros. “Ya se había ido dos o tres veces antes el niño y los animales no le habían hecho nada. Quizás fue porque una perra había tenido cría hace poco“, comentó a Diario de Cuyo su abuelo.

El lugar del horror.

Según los familiares, todo sucedió en un instante. Cerca de las 14, el niño salió de la vivienda mientras su abuelo tomaba mates con su hija. “Salgo a buscarlo pero me fui en un sentido y nunca atiné que él lo había hecho para el otro. Incluso veo a un niño que creía que era él, pero después me di cuenta que era el hijo de otro muchacho. Regreso para la casa y entonces vi para el otro lado a los perros. De lejos parecía que estaban jugando. Caminé hacia ellos, grité por primera vez y empecé a correr. Pero ya no se podía hacer nada. Sólo pude alzarlo y gritar por ayuda“, señaló Peñaloza.

Un vecino que estaba trabajando en su casa lo auxilió y luego llegaron los efectivos de la Policía, quienes trasladaron al niño y a su madre al Hospital Marcial Quiroga. Cuando ingresó al nosocomio los médicos intentaron reanimarlo pero fue en vano. El pequeño presentaba varias heridas en la cabeza y carne desgarrada en distintos sectores, especialmente en la pierna derecha.

Además de los perros de la finca, hay otros en la casa de enfrente que son más malos todavía. No se podía andar en bicicleta por ejemplo. Yo siempre que pasaba por ahí debía espantarlos con piedras y ya les había dicho a los dueños que por qué los dejaba que anduvieran en la calle todo el día y recién a la noche los guardaba“, comentó Nahuel Tejada, un vecino que estaba indignado por lo ocurrido.





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