Laura tiene dos hijos producto de las violaciones. Fue abusada hasta el año pasado, cuando le puso fin a su calvario.


Abusada sexualmente, embarazada y golpeada por su padre biológico. Esta es la terrible historia de una sanjuanina que durante 24 años vivió una verdadera pesadilla en su propia casa. Laura, quien hoy tiene 34 años y dos hijos producto de las violaciones, fue amenazada y vejada hasta el año pasado, cuando decidió denunciar penalmente a su progenitor.

Con los ojos chispeantes y vomitando su verdad, la mujer se animó a contar el calvario que vivió a manos de su padre desde que era una niña. Lo hizo mientras transita los últimos días de su tercer embarazo, un embarazo distinto porque por primera vez su hijo es fruto del amor y no de una violación. Los ADN positivos de sus primeros dos hijos fueron la prueba que llevaron al sujeto al Servicio Penitenciario de Chimbas.

Laura contó que todo comenzó cuando apenas tenía 12 años, cuando ella y sus ocho hermanos ya eran víctimas de atroces golpizas. A esa edad fue violada por primera vez, su padre le dijo que le tenía que “enseñar todo sobre el sexo”. “Empezó a tocarme, cosas así. Aprovechaba cuando no estaba mi mamá ni mis hermanos, abusaba de mí. Siempre me amenazó, me decía que si le contaba a alguien nadie me iba a creer, que nadie me iba a ayudar”, relató a Tiempo de San Juan.

La situación familiar era extrema. Su padre era albañil y su madre, ama de casa. La escasez de recursos obligó a que ella y sus hermanos dejaran de estudiar. Pero la falta de dinero fue apenas una excusa de por qué dejaron de asistir a la escuela, para la víctima su padre los encerró en un núcleo enfermo, en el que estaban prohibidas las conexiones con el mundo externo.

Las violaciones, según su testimonio, sucedían cuando se quedaba sola en la casa o cuando le pedía que lo acompañara a trabajar en obras de construcción. Producto de las vejaciones Laura quedó embarazada. “Nadie nunca me enseñó nada, no sabía que estaba embarazada. Le dije a mi mamá que me había quedado embarazada de una persona que conocí en la verdulería donde trabajaba. Mentí”, señaló.

Su primer hijo es adolescente y cuando ella denunció a su padre (abuelo y padre del joven), el chico no quiso irse con ella. Según explicó, aún no procesa todo lo que le pasó. Además del joven, tiene otro hijo de su padre que aún es un niño. Expresó que en las noches soñaba con otra vida, con sus hijos alejados de ese ambiente tóxico.

El año pasado, cuando conoció a su actual pareja, la persona que le dio su primer beso, empezó un tratamiento psicológico y se animó a denunciar a su padre. “Estaba mirando la televisión y escuché una niña que contaba que era violada por su padre. Me fui a la pieza a llorar, no podía dejar de llorar. Ahí le conté a Juan, me saqué un peso”, cerró. Y así empezó el camino de la sanación.




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