En una entrevista el vicegobernador admite sumar gente a la administración pública por haber colaborado con la campaña.


En una nota publicada por El Cuarto Poder, puede verse, y escucharse, al vicegobernador, Miguel Ángel Isa, realizar una especie de autocrítica por la superpoblación de empleados públicos, que sin embargo, parece no haberle salido del todo bien.

Y es que aunque parece difícil de creer, son las palabras textuales del vicegobernador y exintendente de la ciudad, Miguel Ángel Isa, al ser entrevistado en el programa televisivo La Otra Campana: “Otro de los errores que considero que se han cometido, y que los hemos cometido, obviamente, es la superpoblación en los estados, o sea, convertir al estado en el mayor empleador y jubilar jóvenes a los 21 años. Los jubilamos dándole un puesto porque la madre trabajó en la campaña”, en esta instancia, el periodista interrumpe al vicegobernador, y le pregunta “¿usted hizo eso?”, a lo que Isa responde “Pero todos lo hicimos en la política. Son nombramientos a cargo político y algunos después quedan de planta permanente porque cambian de sector y se van quedando”.

Ante la estupefacción del periodista, Isa continúa reflexionando sobre el tema, y agregó que hay empleados a los que luego de un par de años, si no ocupan un cargo político, se debe efectivizar, y que estos van permaneciendo en la gestión. Luego agregó que algunos empleados aprovechan el cargo para progresar, capacitarse, estudiar y crecer; pero que otros “simplemente cumplen el rol de jubilados y van pasando de lado a lado. Esos hacen un estado pesado, poco efectivo y poco dinámico”.

El vicegobernador Miguel Ángel Isa.

Esta naturalidad con que el vicegobernador aborda el tema, es una muestra de lo instalado que está en nuestra sociedad, en la que no existe un castigo social para estas prácticas, o si lo existe, es desde la envidia por no ser uno el que ocupa el cargo, en lugar de una condena emitida desde la moral, con la que el ciudadano demande el cese de estas prácticas en las que el único perjudicado es el ciudadano mismo, el trabajador, el que paga sus impuestos para que políticos flojos de escrúpulos trafiquen a sus anchas con cargos e influencias.

Mucho se condena desde el sillón la forma en que se maneja la política, pero cabe preguntarse cuál sería la respuesta, nuestra respuesta, ante el ofrecimiento de un cargo que nos permita “jubilarnos a los 21 años”, y creo que sólo si nuestra respuesta es un no rotundo, estaremos recién en condiciones de levantar la voz.






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