Este tipo de medicina no existía en la provincia, y al terminar el prototipo, lo donaron a un hospital público.


En 2014, Cristian Fernández escuchaba la noticia de que el “Kun” Agüero se había recuperado de un desgarro en pleno mundial en solo 8 días gracias a una cámara hiperbárica. El mismo Fernández fue víctima de una lesión similar durante un partido de rugby en Nueva Zelanda y, tras un breve tratamiento con este tipo de tecnología, tuvo una rápida recuperación.

“En 2009 estaba jugando en Nueva Zelanda, me lesioné y quedé sorprendido con lo rápida que fue la recuperación. De ahí que me quedó esa inquietud pendiente”, manifestó Fernández.

Fue entonces que se acercó a Jorge Heit, ingeniero en el Taller Santa Anita, con la intención de crear una cámara hiperbárica ya que en Argentina hay pocos lugares que cuenten con este tipo de tratamientos, y en Salta, ninguno. Heit se anexó al proyecto y tras tres años de trabajo y con un equipo de 16 operarios, lograron construir la hazaña.

“Hicimos cosas mucho más complejas que esto. Es más, me sorprende la repercusión. Quizás es porque sirve para curar a las personas”, dijo Heit, entrerriano de 78 años.

Al Taller Santa Anita las acciones solidarias les parecen algo cotidiano: construyen microturbinas para fabricar electricidad y las donan, y con el mismo espíritu decidieron entregar el prototipo de cámara hiperbárica terminado a un hospital público en la provincia.

El tratamiento con estas tecnologías consiste en respirar oxigeno puro en una sala o tubo presurizado. La presión del aire se eleva hasta tres veces más de lo normal, lo que permite que los pulmones respiren mas oxigeno que con una presión normal, acelerando los períodos de recuperación para ciertas patologías.

Recuperación de músculos, la enfermedad por descompresión (un riesgo del buceo), infecciones graves, burbujas de aire en los vasos sanguíneos y heridas que no cicatrizan se encuentran entre las aflicciones que se pueden tratar a través de la cámara hiperbárica.




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