El actor reflexiona sobre lo difícil que es hacer reír a los argentinos, recuerda a Santiago, su hermano fallecido y habla sobre la posibilidad de ser papá.


“Me da bronca que acá se ningunee tanto la comedia, no es fácil provocar la risa en los demás”, asegura Nico Vázquez, 41 años, actor desde hace una eternidad, y a quien muchos consideran hoy el referente local más importante de este género que defiende a ultranza. Y el enunciado sale de un hombre que es una rareza en el universo artístico. ¿Por? Porque es cálido, buena onda, respetuoso y gamba, aunque él se justifique aclarando que le sale de manera natural o que “es mucho más fácil ser así, que hermético y con cara de pocos amigos, aunque cada uno tiene su manera de ser”, le dice a Rumbos, en el pituco bar del teatro El Nacional, donde se presenta Una semana nada más, la obra más vista de la temporada estival porteña.

Nico se disculpa por la cara de dormido, y dice que se recostó un rato en el camarín: “Las funciones son exigentes y termino medio quemado, pero no quería fallarle a Rumbos, porque con la gente del Interior tengo un profundo cariño y mi agradecimiento eterno, siempre me bancó”. También cuenta que, gracias a la exitosa venta de entradas, a la obra que encabeza junto a su amigo Benjamín Rojas y Flor Vigna, Una semana más, ya la están comparando con La cena de los tontos, donde actúan Adrián Suar y Guillermo Francella. “Es un orgullo que nos esté pasando esto, porque yo venía de otra obra que fue un verdadero suceso –El otro lado de la cama–, y muchos me decían que no es recomendable bajarse de un éxito. Pero yo necesitaba dar vuelta la página después de tres años intensos e inolvidables”.

¿Sos de tomar riesgos?

Siempre, en todo, me gusta jugármela. En esta profesión se crece con desafíos, y este para mí es un flor de desafío. Más en un momento como éste, con la Argentina muy golpeada económicamente.

¿Vos tomaste la decisión de encarar un nuevo proyecto?

Sí, era una necesidad interior. Quería empezar desde cero con un emprendimiento mío, poder elegir a los actores, director, escenógrafa, sonidista. Siempre con la venia de Suar, que me delegó toda la confianza.

¿Te dio vértigo tanta libertad?

Muchísimo, pero al principio no era consciente porque me sentía estimulado por el buen recorrido de El otro lado de la cama. Pero cuando se acercó el estreno, me vino un julepe de aquellos.

¿Te gusta tomar el timón?

Sí, me gusta y me siento líder, pero un líder positivo. Es mi naturaleza, que me lleva a querer hacerlo todo. En Una semana nada más también soy el productor artístico.

¿Qué es ser un líder positivo?

Es quien sabe delegar, quien confía en la gente que eligió y aplica un criterio horizontal para trabajar. Trabajo con un grupo que conozco y elegí, antes que nada, por su calidad humana. Me siento respaldado.

¿Es verdad que le pediste a Suar que te dirigiera?

Sí, claro, me parece uno de los mejores actores de comedia, y con un conocimiento detrás de escena que tienen pocos. Me hubiera gustado que debutara conmigo, pero estaba hasta las manos de compromisos laborales.

Nico Vázquez brilla en “Una semana nada más, la obra”, la obra más vista de la temporada estival porteña.

¿Por qué elegís hacer humor?

Porque amo hacer reír, no lo cambio por nada. Más allá de que la comedia sea un género menospreciado y que se valore mucho más hacer llorar, soy de los que bancan el humor a muerte. Pero el humor sencillo y eficaz, tipo sitcom; no ese retorcido, para unos pocos. Lo mío es una combinación de ritmo, tempo y efectividad.

¿Se menosprecia la comedia?

Claro, está devaluada… Pero hasta el actor dramático más importante te reconoce que lo más difícil es hacer reír. Que alguien me explique por qué los reconocidos Premios ACE tienen como categorías separadas “Mejor actor” y “Mejor actriz” dramáticos, pero en el género comedia, “Mejor actor o actriz” van en una sola categoría. ¿Qué significa eso? Yo te lo digo: que consideran que la comedia es menor.

¿Te enoja?

Qué te parece… Siento que se desvaloriza nuestro trabajo. ¿Y si hay una actriz que la rompe en una comedia, y hay otro actor que también la descose?

¿No creés que, en parte, la propia comedia es culpable por haberse “achatado”?

Hay de todo, el género tiene cosas de calidad y otras que no serán tan buenas. Pero siento que tiene que ver con que a la risa, tan necesaria, se la minimiza ante la lágrima del drama. Lo que más me hincha es que la comedia exige un ritmo y un timing dificilísimos, pero todos piensan que la hacemos de taquito.

Después del éxito de “El otro lado de la cama”, Nico Vázquez presenta “Una semana nada más” junto a Benjamín Rojas y a Flor Vigna

¿Sos de tener en la cabeza lo que querés transmitir desde el escenario?

Tengo la foto acá, la imagen… Para mí, el escenario es la cancha y la obra, un partido de fútbol. Los veo muy parecidos, tienen la misma dinámica: aceleramos, hacemos una pausa y jugamos con el público, que alienta como si fuera una hinchada.

¿Tenés un estilo propio, Nicolás?

Algo debo tener. Mi compañero Benjamín Rojas me habla de un sello mío, pero qué sé yo, no es fácil aceptarlo.

¿Sentís que a tu carrera le faltó una escena con Norma Aleandro, Ricardo Darín o Mercedes Morán?

No, no me parece. Me hubiera encantado, porque son inmensos artistas, pero no los necesité para tener el reconocimiento más importante: el del público. Me quedo con el que se me acerca y me dice: “Flaco, me duele la cara de tanto reírme”. Me rompo el lomo para que salgan contentos y recomienden la obra.

¿Confiás en vos como comediante?

Voy adquiriendo oficio… Son más de veinte años en esto y trabajando con los mejores, como Francella, Suar, Carlín Calvo, mis referentes en la comedia. Me encanta Darín haciendo comedia; en Mi cuñado, la rompía, aunque hace tiempo que no la practica. Y Luis Brandoni es un actorazo de comedia que me desarma de risa.

¿Y de afuera, quién?

El número uno es Steve Carrel, un monstruo, no me lo pierdo en nada. Hace poco vi la serie The Office y está increíble. A todo el que me cruzo, le pido que se tome un rato para ver a este actor único, entre ordinario, freaky y sutil. Y completo el podio con Ben Stiller y Jim Carrey.

Justo mencionaste a Carlín Calvo, con quien debutaste en 1997 con RRDT. ¿Qué significó Carlín para vos?

Para mí, era el comediante supremo, el distinto, mi ídolo. Un carisma indescriptible y una química envidiable con el público. Vi cientos de veces Amigos son los amigos en la tele y en el teatro.

¿Era buen actor Carlín?

Sí, era un muy buen actor que después se inclinó por la comedia y se transformó en el comediante de una época. Pero lo que tenía Carlín, doy fe, era el “don de gente”. Un tipazo, un caballero, y a mí me dio muchas manos.

Después de los dos ACV que sufrió, quedó bastante deteriorado su estado de salud. ¿Sabés algo de él?

Lo fui a visitar varias veces, aunque ya hace tiempo. La verdad es que no me resulta sencillo, hay que estar muy fuerte para verlo. La última vez, él vino a verme y quedó encantado con El otro lado de la cama. Tengo buena relación con Karina (Gallucci), su ex mujer, y con Facundo, su hijo, a quien trato de acompañar en este camino de la actuación.

¿Pensás que podés ser su sucesor?

Yo no lo debería decir, pero él me marcó y siento que algo suyo heredé. Me gustaría ser el Carlín de estos tiempos. Creo que él estaría orgulloso de mí, sé que me quiere un montón y yo lo quiero a él y a su familia.

Tuve la oportunidad de ver lo que sucede cuando salís del teatro… Cómo la gente te espera y te brinda cariño, y vos les dedicás todo tu tiempo. ¿Te pesa la idolatría?

No sé si soy ídolo, no me siento así, no soy Messi. Creo que es un cariño recíproco. No soy un rockstar, sino un actor conocido que pasó por programas muy populares como Casi ángeles, Los únicos o Son amores; y alguien que deja todo por el público.

¿Qué pensás que le llega a la gente?

Que soy un buen tipo, familiero. No me gusta el quilombo ni la droga. Algo de esto debe llegar, además de que el teatro permite un contacto mucho más cercano que la televisión, y vengo de tres años de cercanía con El otro lado de la cama. La gente me vuelve a elegir.

¿Sos de los que está pendiente del otro y se descuida a sí mismo?

Un poco de eso hay. En la espalda tengo tatuado un samurái enorme. ¿Qué significa samurài? Servir al otro… Y yo siempre fui así, un tipo que sirve a los demás.

Alguna vez se te criticó por ser tan bueno y por ese “costado femenino” que vos tenés…

No sé, yo soy un tipo naturalmente sensible, y quizá muchos no entendían que yo me descargara y, de pronto, llorara en público o ante cámaras. Nunca me importó el qué dirán. Soy así desde pibe.

No vamos a hablar de tu hermano Santiago (que murió a fines de 2016), ya dijiste todo. Pero, ¿qué cambió en tu personalidad?

Sin duda, dejé la diplomacia de lado. Después de lo que viví con Santi, estoy más sin filtro, hago lo que quiero hacer, y lo que no, ya no lo hago… Esto me lo enseñó la terapia. Esta nota con Rumbos, por ejemplo, tenía muchas ganas de hacerla, pero no me daban los tiempos. Me esforcé y me hice un espacio porque a la gente del Interior le estoy profundamente agradecido.

¿Cómo te resulta la terapia?

Fue muy útil. Tuve sesiones durante cuatro meses con Gabriel Rolón, que tomó la iniciativa, me llamó, nos encontramos, me sacó de la cama y me salvó. Tuvo un gesto impresionante, porque además no nos conocíamos. Fue un acto pleno de amor.

¿Qué te transmitió Rolón?

Ser auténtico, sentirme libre de descargar broncas y tristezas. “No te guardes nada, este es tu momento, liberate, no tenés que pedirle permiso a nadie; bastante con que estás de pie”. Esa frase que me dijo Rolón me marcó. Además, me ayudó a entender lo que había pasado con Santiago. Rolón me enseñó a conectarme más conmigo mismo, y eso fue clave para ir saliendo de a poco del pozo. Saber que se puede es un alivio.

¿La paternidad asoma?

Con Gimena (Accardi) estamos abiertos, pero no estamos buscando ahora. Pero si llega, será una gloria…

¿Es cierto que sugeriste que el estadio de River debería llamarse Marcelo Gallardo?

Me parece que sería algo justo, ¿no? Y te lo dice alguien fanático y enamorado de Ramón Díaz… Pero creo que el Muñeco Gallardo se ganó ese derecho, y tiene méritos suficientes para que el Monumental sea rebautizado con su nombre.





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