Se trata de una práctica que ejercita cuerpo y espíritu, y que promueve la superación personal.


Basta con escribir “aikido” en Youtube y mirar un solo video para entender que nos encontramos frente a un arte marcial diferente a las demás. Con expresión calma y movimientos certeros, el practicante de aikido en acción transmite una serenidad casi inexplicable, digna de un cultor de la meditación.

Desarrollado inicialmente por el maestro Morhei Ueshiba (conocido como O-sensei) entre los años 1930 y 1960, este arte marcial tradicional japonés tiene como búsqueda neutralizar a un adversario en situaciones de conflicto, sin dañarlo ni destruirlo. Es en 1942 cuando el maestro O-sensei adopta el nombre de “aikidō” como el oficial para esta nueva disciplina en la que confluyen influencias de diferentes artes marciales clásicas de los samuráis. Finalmente, en 1954 se traslada la sede central del aikidō a Tokio estableciéndose el Hombu Dōjō (lugar de práctica de esta disciplina), y creándose el título oficial de Fundación Aikikai para difundir el aikidō en el mundo.

Además de la técnica y la práctica, las cuestiones filosóficas son también parte esencial de este arte marcial. El aikido se nutre del sintoísmo (una de las religiones predominantes dentro de Japón) y el budismo zen. “O-sensei decía que el aikido es amor”, explica Katsutoshi Kurata, maestro japonés que se dedica a enseñar el aikido en la Argentina hace ya cincuenta años. “La base de toda religión es el amor. El humano no quiere pelear, pelea por necesidad, para defender su familia, su patria. El aikido toma esa acepción y por eso en él no hay competencias, ni la importancia de ganar”, agrega Kurata.

Basado en las enseñanzas de su creador, el aikido se opone a la idea competitiva del deporte. Entiende que eso sólo contribuye a alimentar el ego y la falta del respeto hacia los demás, por eso no cuenta con torneos ni premiaciones. Al respecto, el sensei Leonardo Sakanashi, Director General del Centro de Difusión del Aikido Argentina, dice que “muchos piensan en aikido como un arte de defensa personal, pero es mucho más que eso. Cuando uno se enfrenta a un oponente que tiene ganas de discutir, el aikido trata de llevar a ese oponente al no conflicto, para que ambos entendamos que no tiene sentido agredirnos física ni verbalmente, sino que podemos llevarnos bien aunque pensemos distinto. Por eso aikido es amor, comprensión y tolerancia. Algo que es difícil de aplicar para los seres humanos”.

Pero, ¿por qué practicar este arte marcial? Según los maestros que enseñan la disciplina, el aikido es una actividad que ayuda a mejorar la postura, a desarrollar la coordinación físico-motriz y a fortalecer los músculos. Además, si se realiza bajo los cuidados necesarios puede ser practicado por niños, jóvenes y adultos mayores sin importar sexo, edad ni condición física. En lo que respecta a la mente y al espíritu, el aikido promueve el autoconocimiento, la templanza, la concentración y la superación personal. “Como ejercicio es muy completo por la flexibilidad, las caídas, y el hecho de relajarse. Si se lo hace correctamente puede ayudar mucho físicamente. El 90% de las personas elige aikido como un cable a tierra y en esas 2 o 3 horas que practica se siente libre, se olvida de sus problemas, de sus angustias. Aikido es meditación en movimiento”, detalla Leonardo Sakanashi.

El aikido promueve el autoconocimiento, la templanza, la concentración y la superación .

El aikido en la Argentina

En nuestro país, el aikido tiene una larga tradición. De la mano de asociaciones como la Federación Aikikai Argentina y el Centro de Difusión del Aikido, diferentes maestros brindan sus clases para formar a cada vez más argentinos.

El maestro Katsutoshi Kurata, quien a sus 78 años fue distinguido en nuestro país con el premio “Canciller de Japón” gracias a su aporte a la cultura y la transmisión de esta disciplina, cuenta: “Yo llegué a la Argentina hace cincuenta años, cuando muy poca gente hacía aikido. Por suerte se han formado alumnos que se graduaron con alto nivel y que empezaron a enseñar en otras provincias, por eso la disciplina se expandió mucho. Es importante que los profesores tengan cierto nivel. Si se enseña mal después es muy difícil cambiar eso. Sin embargo, como en todo arte, siempre hay que mejorar. No hay un ‘ya llegué’. Todos los días se aprende un poco más”.

Un camino a recorrer

El aikido se propone como una disciplina integral, que beneficia a la salud emocional y física. Su práctica conlleva un aprendizaje de muchos años para alcanzar los niveles más altos y exigentes.

Los “kyū” son los cinco niveles principiantes del aikido. Luego comienzan los diez “dan”, que forman a los futuros maestros.

Al aikido lo llaman “meditación en movimiento” porque promueve la templanza y el autoconocimiento.

Esta práctica permite utilizar elementos de defensa, como el bokken (una espada de madera) o el , una especie de bastón, también de madera.





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