La dramática historia Geoffrey Weglarz tiene conmocionada a la ciudad de Nueva York.


Geoffrey F. Weglarz, de 61, tenía una vida normal hasta que la depresión se apoderó de él. Todo cambió cuando empezaron a decirle que ya estaba “demasiado grande” para algunos puestos de la industria de la informática y, desde entonces, todo fue cuesta abajo.

Entonces, un día, sentado en su auto que estacionó en una calle de Nueva York, consumió un veneno que había adquirido en la dark web. Luego, escribió a su hermana Pamela el que sería su último mensaje: “Esta cosa tiene un gusto tan feo como pensé que sería”.

El cuerpo de Geoffrey estuvo una semana en el auto, sentado ahí, sin que ningún vecino lo notase. De hecho, Pamela y Larry, su hermano, lo buscaron sin éxito y hasta hicieron la denuncia en la Policía. Sin embargo, los efectivos locales no los atendieron como pretendían y la burocracia frustró la búsqueda.

Fue un hombre llamado Anthony Greenheck, quien paseando a su perro pasó dos días distintos cerca del vehículo, notó que algo andaba mal. La primera vez pensó que era alguien durmiendo, pero ya la segunda vez se acercó y golpeó la ventana. Al no notar ninguna reacción, llamó al 911. Eso ocurrió el 31 de agosto y el resto es historia.

La policía sacó un cuerpo de un automóvil estacionado en el East Village y estimó que había estado allí dos días. En realidad fue mucho más tiempo. Credito: Bob Krasner.

Geoffrey Weglarz nació en 1957 en el estado de Florida y estudió programación, ciencia y tecnología. Hizo carrera, se casó y tuvo un hijo. Pero en 2007, Hyperion Solutions, la empresa en la que trabajaba, fue adquirida por Oracle. Le ofrecieron otro puesto, pero él renunció y se fue a Dell. Pero no duró mucho en esa empresa y también se fue.

Y entonces su vida se vino abajo. Aplicó a 481 trabajos sin tener suerte y en marzo de 2013 tuvo que cambiar su apellido por Corbis, tras haber sido noticia nacional por discutir con una empleada de McDonald’s embarazada y tirarle una hamburguesa en la cara.

Dos de los hermanos de Geoffrey Weglarz, Pamela Lindemann y Larry Weglarz, llamaron repetidamente al 911 durante una semana, y pidieron en vano que los oficiales buscaran a su hermano. Crédito: Edelheit para The New York Times.

Así, su vida se vino abajo y un día llamó a su hermana y le contó que tomaría veneno: “De esta forma, cuando esté preparado, podré irme sin dolor y rápido”. Y lamentablemente cumplió su promesa.





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