Un viaje a la intimidad de Pixar, uno de las usinas que está definiendo la cultura de nuestra época. tecnología de punta, libertad de pensamiento, creación colectiva y filosofía de la emoción.


Aunque era chica, todavía recuerdo el día que mi mamá me llevó al cine a ver Toy Story. Era el año 1996 y las películas de cabecera de los niños de esa época eran El rey León, La bella y la bestia o La Sirenita. El estreno de Toy Story marcó un antes y un después no solo por sus innovadoras técnicas de animación –hasta ese momento desconocidas– sino también por su capacidad creativa para contar una historia tierna y divertida tanto para niños como para adultos. Pixar, la compañía detrás del bombazo, empezó rápidamente a sonar como un nombre que daría que hablar en los próximos años.

Pixar

Ahora, ya entrado el 2020, estoy en las afueras de San Francisco, Estados Unidos, en camino a conocer los estudios de Pixar para ver el detrás de escena de Unidos, su más reciente estreno que acaba de llegar a los cines de Argentina. Mientras la combi atraviesa la bahía sobre el puente, fantaseo pensando cómo será por dentro la “fábrica de la animación”, ese lugar donde se pensaron y moldearon películas como Wall-e, Ratatouille, Coco o la misma Toy Story, que hicieron reír y llorar a millones de niños y adultos alrededor del mundo.

Los estudios están dentro de un gran predio repleto de árboles y con el pasto muy verde simétricamente cortado, donde cinco grandes edificios de ladrillo a la vista y amplios ventanales alojan a los cerca de 1.200 empleados de la compañía. Nuestra combi estaciona frente al edificio principal llamado Steve Jobs (en honor al famoso dueño de Apple, quien a su vez fundó Pixar tal como la conocemos hoy). En la puerta del edificio, justo antes de entrar, hay una réplica gigante de una lámpara flexo –ícono de Pixar– y la pelota de Toy Story, también gigante, con sus colores rojo, azul y amarillo.

Una vez adentro, en el hall principal encuentro otras réplicas en tamaño real de los personajes de Los Increíbles y de Cars y una versión de Buddy y Buzz Lightyear hecha enteramente en bloquecitos Lego. Hay una vitrina con todos los premios Oscar y los Globos de Oro ganados por los estudios, cuadros y dibujos de sus últimas creaciones y hasta una tienda con merchandising de las mejores películas. Incluso el acceso a la red de wifi muestra al simpático extraterrestre de Toy Story dándote la bienvenida. No hay duda: todo dentro de Pixar fue milimétricamente pensado. Nada está librado al azar.

Después de recorrer un poco, entramos a una sala de cine que construyeron dentro del edificio. Allí usualmente se juntan los creativos de Pixar para ver las películas durante su proceso de creación. Esta vez, nosotros veremos un adelanto de su último estreno, Unidos. Ambientada en un mundo de fantasía pero con todos los elementos modernos que podemos encontrar en una ciudad actual, el filme cuenta la historia de dos hermanos elfos adolescentes que se embarcan en un viaje para encontrar la magia capaz de traerles temporalmente de vuelta a la vida a su padre ya fallecido.

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El guión está inspirado en la historia personal de su director, Dan Scanlon, y su relación con su hermano mayor luego de que ambos perdieran a su padre siendo muy pequeños. La figura paterna misteriosa, casi desconocida, lo llevó a Scanlon a imaginar cómo hubiera sido conocerlo y pasar tiempo con él. Algo que se recrea perfectamente con Ian y Barley, los hermanos protagonistas de Unidos.

El resultado final es un filme divertido, conmovedor y con una maestría técnica y tecnológica que nos hace preguntar, ¿cómo es el proceso hasta llegar a la película terminada? Me sorprendió saber que los filmes de Pixar llevan mucho tiempo de producción. Unidos, por ejemplo, tardó cerca de siete años.

“El comienzo de Unidos fue el 17 de septiembre de 2013”, me cuenta Kelsey Mann, el jefe de supervisión de la historia, encargado de lograr que el guión escrito tome vida en los dibujos. “Estas películas llevan mucho tiempo. Comenzás en una habitación vacía con todas las paredes y tableros completamente en blanco. Ese día el director, Dan Scanlon, tomó un papelito y puso una idea en la pizarra, así es como todo comienza. Simplemente empezás a poner algo, nos deshacemos de esa pared en blanco y empezamos a pensar”, agrega.

A partir de ahí, el proceso creativo no se detiene por muchísimos meses. El director, la productora y los dibujantes se reúnen todo el tiempo para revisar el guión, dibujar, redibujar y volver a revisar el guión hasta que una idea les convenza. Hacia el final de la película, se habían dibujado más de 97.000 storyboards (o guiones gráficos).

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A pesar de que cada persona del equipo tiene su oficina, en esos primeros momentos trabajan en un espacio común que llaman “la pecera”. “Ese espacio fue diseñado para que puedan trabajar en equipo, porque descubrí que las personas obtenían sus tareas, se iban a sus oficinas y volvían una semana después. Yo quería que trabajaran juntos, y ese es uno de los secretos de Pixar, que las personas colaboran y encuentran ideas juntas”, explica Mann.

Cuando el guión y las ilustraciones comienzan a tomar forma, empiezan a grabarse voces de prueba, efectos sonoros y música. Son muchos los departamentos y personas involucradas en el hacer de una película de Pixar, como dibujantes, programadores, ingenieros y diseñadores. Cada trabajo es valioso y súper específico: están quienes diseñan la escenografía; los que piensan la piel, el pelo y la vestimenta de cada personaje; quienes idean los movimientos de las cámaras; los creadores de la iluminación de cada cuadro del filme o los que crean todos los efectos especiales que vemos.

En un mismo momento Pixar suele tener tres películas en producción y unas 6 o 7 en desarrollo. “Con los años la parte creativa de Pixar no ha cambiado demasiado, depende mucho de la química entre el director o el escritor. Pero sí nos hemos optimizado mucho en cuanto a la producción y la tecnología, sabemos lo que estamos haciendo”, dice la productora de Unidos, Kori Rae, quien lleva casi 30 años trabajando en los estudios.

Un tucumano suelto en Pixar Gastón Ugarte es tucumano, tiene 41 años y es el único argentino que trabaja en Pixar. Nacido en una familia de artistas y admirador de Quino y Caloi, cuando terminó la secundaria quiso estudiar animación, pero la carrera aún no estaba desarrollada en nuestro país. Luego de muchas averiguaciones y envíos de fax logró acceder a un programa de ayuda a alumnos internacionales para formarse en una universidad de Florida, Estados Unidos. Una vez recibido, comenzó a trabajar en estudios más pequeños, hizo comerciales y un cortometraje hasta que en 2007 entró a trabajar en Pixar.

“Me acuerdo del proceso de selección. Es intimidante porque te llaman bien temprano a la mañana y entrevistan como a 25 personas. Entran de a 5 personas al cuarto y te hacen preguntas de todo tipo. Lo peculiar, que nunca me había pasado, es que te entrevista desde gente muy capa, como ejecutivos, hasta chicos que van a estar trabajando a tu mismo nivel o incluso gente de otros departamentos que no tiene nada que ver con lo que vos hacés. Me parece que cuando te llaman ya saben que sos bueno como profesional, pero quieren saber cómo sos como persona”, recuerda Gastón en conversación con Rumbos.

Gastón se especializa en modelaje digital. En Unidos trabajó como supervisor de esa área, diseñando en 3D todos los escenarios del filme. “Todo lo que ves en la película como arquitectura, edificios, topografía del lugar, los autos, lo diseñamos nosotros”, explica.

El día a día en los estudios es intenso pero divertido. No hay rigidez con los horarios, ya que lo importante es que el trabajo se haga en tiempo y de la mejor manera posible. Las rutinas tampoco son siempre iguales y varían de película a película. Por ejemplo, empleados que quizás trabajan como dibujantes o diseñadores, a veces son convocados para grabar alguna voz provisoria de los personajes o para participar de reuniones de ideas.

“Lo lindo es que acá estamos muy bien. Tenemos un gameroom, gimnasio, piscina, lugar de básquetbol, terapia de masajes, grupos que se encuentran a hacer diferentes cosas. Hay muchas formas de descansar y de reavivar la inspiración”, cuenta Ana Lacaze, una uruguaya que ya lleva 23 años en Pixar y que trabaja en el departamento encargado de diseñar las pieles, cabellos y vestimentas de los personajes.

Además de estos beneficios, los estudios también crearon la Universidad Pixar, pensada para que sus trabajadores se sigan perfeccionando en un campo como el de la animación, que muta constantemente por los avances y desarrollos tecnológicos.

Sobre la universidad, Gastón Ugarte nos explica: “Hay muchas clases dictadas por nosotros mismos. Yo por ejemplo di una clase de modelaje para quienes quieren aprender algo nuevo o cruzarse de disciplina. También traemos gente que nos da clase de diseño, de color, profesores de afuera. Todos los años nos dan un cupo de dinero que podés gastar por año en Pixar University”.

“Trabajar aquí es como una comunidad de artistas, hay mucho intercambio de ideas. A veces tenemos reuniones con la gente de arte, de iluminación, con el director. Cada uno aporta sus ideas y nos usamos mutuamente para inspirarnos”, agrega Ana.

Siguiendo la dinámica de muchas empresas modernas, Pixar intenta tener una estructura bastante “horizontal” para que el trabajo se dé realmente en equipo, como por ejemplo las reuniones llamadas “braintrust” (algo así como “confianza cerebral”, en español), en las cuales los principales involucrados en cada proyecto hacen críticas constructivas sobre sus películas en proceso.

“Acá es todo muy democrático”, dice Gastón. “Para el cargo en cada película tenés que entrevistarte y postularte. Lo lindo de eso es que uno no se baja nunca del caballo. Y más en este tipo de industria donde la tecnología está avanzando todo el tiempo”.

Pienso que, quizás, esa puede ser una de las claves del éxito de Pixar en el mundo. Para Gastón, sin embargo, el secreto está en el don de contar una buena historia. “Yo creo que la prioridad pasa siempre por hacer buen cine. Nuestra prioridad no son los efectos especiales o cuan linda es la iluminación de la película. Obvio que esas cosas nos importan, como también los avances tecnológicos, nos importa muchísimo, pero la prioridad es siempre el cine, crear buenos personajes, una historia memorable, que aunque pase el tiempo la veas y te siga conmoviendo”, finaliza.





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