La mayoría de las plantas tiene defensas contra el frío. Pero las que se plantaron en los últimos dos años son vulnerables, ya que están adaptándose o provienen de zonas más cálidas (por ejemplo, lapacho amarillo, jacarandá y palo borracho). A ellas protéjalas con una manta antiheladas o sábana vieja: clave a su alrededor, a 15 cm del tallo, tres palos de escoba viejos en forma de triángulo y sujete allí la protección.

Si es una zona muy fría, coloque, además, bollos de diario entre el tronco y la tela para que aísle más, y tape arriba para evitar que el calorcito se fugue. No riegue si la planta perdió las hojas; y, si puede, en las noches que vaya a helar, moje los bollos de diario para que el tallo no se congele.

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Norte + Cerremos la canilla

Al perder sus hojas, en otoño e invierno, las plantas de hoja caduca también pierden los pelos radicales, que son aquellos que absorben el agua del suelo, al tiempo que su metabolismo se reduce a cero. Por lo tanto, no es necesario en estos tiempos regarlas, ya que lo único que logramos con esta práctica es enfriar aún más el suelo.

Centro + Raíces heladas

Si ha comprado plantas y, por algún motivo, siguen en maceta porque aún no ha tenido tiempo de plantarlas, recuerde que el volumen de tierra de la maceta se enfría rápidamente y podrían helarse las raíces. Entiérrelas lo antes posible, que el suelo siempre está más tibio que el aire circundante.

Patagonia + Pelota al estanque

Si tiene un estanque o recipientes con plantas acuáticas, coloque una pelota de goma adentro para evitar que el agua, cuando se congela y aumenta su volumen, rompa las paredes. La pelota generará un hueco en el hielo que absorberá la dilatación; así, la capa de hielo no presionará sobre las paredes.