Morgana odiaba a Merlín. Por eso, envía al hada Vivianne para que, haciéndose pasar por su discípula, lo engañe y lo encierre en una gruta de  cristal. 


Una de las historias más hermosas de la literatura de Occidente es el ciclo de leyendas del Rey Arturo, en el que aparecen dos personajes relevantes, quienes determinarán el principio y el fin del mundo ideal de Camelot: Merlín, el mago bueno y sabio, pero temperamental; y Morgana, la media hermana de Arturo, quien desde niña tuvo dotes de hechicera.

Morgana odiaba a Merlín. A éste responsabilizaba por el error de su madre, la reina, quien había confundido a Uther Pendragón –enemigo de su familia– con su verdadero esposo, entregándose a él y concibiendo un hijo, Arturo.

Morgana es como una sombra sobre ese reino de justicia, alegría y belleza, pero Camelot y Arturo están protegidos por Merlín; y la Reina de las Tinieblas comprende que sólo quitando de en medio al mago podrá lograr su propósito.

Una de las virtudes de todo hechicero es descubrir la debilidad de su enemigo, y la debilidad del anciano se llamaba Vivianne, un hada de gran belleza y de cándida imagen. Por eso Morgana envía a esta criatura, que no distingue el bien del mal, para sonsacarle a Merlín los secretos de su poder.

Vivianne se presentó a Merlín como deseosa de ser su discípula, insinuándole que le daría su amor a cambio de conocimiento. Merlín, a pesar de sospechar de ella, se dejó seducir, le enseñó a obrar sortilegios y, en su debilidad de anciano enamorado, a producir hechizos.

Perdido de amor, creó para ellos, bajo un gran peñón, un aposento de increíble hermosura, pero en cuanto traspasaron la puerta, Vivianne retrocedió, el pasaje se cerró y Merlín quedó atrapado para siempre en una especie de gruta de cristal.

Así lo relata John Steinbeck en Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros, pero hay otra versión que cuenta que Merlín, prisionero de Morgana, queda sumido en un sueño del que no podrá despertar.

Sin embargo, no hay hechizo que no se quiebre ante la fuerza del amor, sea cual fuere el tipo de amor. Y es el llanto de Arturo llamando a su amigo, consejero y tutor, el que finalmente logra despertarlo. El joven rey libera a Merlín, dejando al lector un final y un mensaje esperanzador: el poder del afecto y la lealtad sobre embrujos y pócimas.

Este relato de hadas, que es patrimonio de la literatura universal, nos habla de fórmulas mágicas y de conjuros. Una estudiosa catalana, Fiona Calvet, escribió un libro muy atractivo titulado El libro de los hechizos, donde podemos acceder a ciertas formas mágicas en el primer capítulo: “Cómo hacer y deshacer conjuros”. El objetivo de la autora fue recopilar la práctica de hechizos, talismanes y amuletos desde la antigüedad hasta nuestros días.

Pero, ¿qué es un talismán? La enciclopedia dice: “El talismán y el amuleto son objetos mágicos dotados del poder de alejar cualquier hechizo o mal, pero el talismán requiere la acción de un mago, que es el que lo dotará de poder, y además, es personal: no protege a otro que no sea el sujeto para quien fue creado.” El amuleto,en cambio, no requiere intervención mágica y puede ser usado por cualquiera, pues el poder reside en su naturaleza.

A pesar de los siglos transcurridos, la posibilidad de estos poderes sigue inquietándonos, y todavía el ajo, los clavos, el coral, el diamante, los escapularios, la herradura, la ruda, los sapos, los gatos y las fórmulas mágicas nos dan la ilusión de quedar a resguardo del mal.

Sugerencias:

1) Hasta hoy, muchos psicólogos y estudiosos sostienen la necesidad del niño de leer cuentos de hadas.

2) Para adultos: releer el libro de Steinbeck, una historia hermosamente narrada.

3) Un conjuro: “Jesús, José y María, que se aleje el mal del alma mía”.





Comentarios