Parece un chiste, pero están en Santa Fe: el origen de los nombres más curiosos de sus pueblos
Gato Colorado, Pozo Borrado, Capivara y Venado Tuerto aparecen realmente en el mapa provincial. Detrás de estas particulares denominaciones hay leyendas, animales, palabras de pueblos originarios y personajes que dejaron su huella.

Recorrer las rutas de Santa Fe puede convertirse también en un particular viaje por sus nombres. En el mapa provincial aparecen localidades cuyas denominaciones remiten a animales, plantas, accidentes geográficos e incluso apodos que terminaron sobreviviendo durante generaciones.
Algunos casos tienen explicaciones documentadas, mientras que otros se mueven entre la historia y la leyenda. Los registros recopilados por la Universidad Nacional del Litoral y distintas fuentes locales permiten reconstruir qué hay detrás de algunos de los nombres más llamativos.
Las increíbles historias detrás de Gato Colorado, Venado Tuerto y Pozo Borrado
Uno de los casos más curiosos es Gato Colorado, en el departamento 9 de Julio, cerca del límite con Chaco. Su nombre no tendría relación directa con un felino, sino con el apodo que recibió un inmigrante sirio-libanés de cabello rojizo durante la década de 1930.

El hombre atendía un almacén y los habitantes comenzaron a llamarlo “el Gato Colorado”. Su establecimiento pasó a ser conocido como “El bar del Gato Colorado” y, con el tiempo, la denominación se extendió a toda la zona hasta convertirse oficialmente en el nombre de la localidad.
Venado Tuerto, una de las ciudades más importantes del sur provincial, tiene una historia diferente. La versión difundida por el municipio habla de un venado al que le faltaba un ojo y que aparecía cerca de un fortín. Su presencia era interpretada como una advertencia ante la proximidad de un malón.

La historia cuenta que el animal murió durante una cacería y que la laguna de la zona comenzó a ser identificada como “Venado Tuerto”. Años después, Eduardo Casey habría conocido el relato y utilizado ese nombre para el pueblo que fundó en 1884. El propio municipio presenta esta explicación como una leyenda tradicional, no como un hecho históricamente comprobado.
Más misterioso resulta Pozo Borrado, también en 9 de Julio. Una versión sostiene que existía un pozo que fue cegado para dificultar el avance de tropas. Otra señala que un explorador había marcado un lugar para construir un pozo de agua y, cuando regresó, encontró que un caballo había caído en él.

De un carpincho a una avispa: los animales que quedaron en el mapa de Santa Fe
No todos los nombres surgieron de anécdotas. Capivara, ubicada en el departamento San Cristóbal, conserva una palabra de origen guaraní relacionada con el carpincho, uno de los animales característicos de los ambientes acuáticos de la región.

Otro ejemplo es Huanqueros, también en San Cristóbal. De acuerdo con los registros históricos citados por El Litoral, su denominación deriva del quechua y está vinculada con una avispa de la región.

En Berabevú, departamento Caseros, la explicación está en la vegetación. El término identificaba a un arbusto nativo que crecía en la zona y terminó sobreviviendo como nombre de la localidad durante el proceso de colonización agrícola.

También está Tostado, cuyo origen mantiene al menos dos explicaciones. Una habla de un caballo de pelaje tostado que habría quedado en el lugar después de un enfrentamiento; otra relaciona el nombre con el color que adquirían los pastizales luego de los incendios.

En otros casos fueron la inmigración y el ferrocarril los que dejaron su marca. Logroño recuerda a la ciudad española de la que provenían personas vinculadas con los primeros pobladores, mientras que Fighiera quedó asociada a Félix Fighiera, relacionado con las obras ferroviarias de la región.
El caso de Malabrigo también refleja la influencia ferroviaria. La colonia había sido bautizada “Colonia Ella” por Federico Carlos Sigel en homenaje a su hija, pero la estación llevaba el nombre Malabrigo. Ambas denominaciones convivieron hasta que esta última terminó imponiéndose.
Así, detrás de nombres que hoy pueden resultar llamativos hay rastros de lenguas originarias, inmigrantes, animales, ferrocarriles y relatos transmitidos durante generaciones. Una historia de Santa Fe que también puede reconstruirse simplemente mirando sus carteles en la ruta.
