Este 28 de julio se cumple un año de la muerte de Alejandra "Locomotora" Oliveras, una de las máximas figuras del boxeo femenino argentino. Más allá de sus seis títulos mundiales y de su histórica carrera deportiva, su legado quedó atravesado por una historia de lucha personal que convirtió en un mensaje de fortaleza para miles de personas.
Antes de convertirse en campeona del mundo, Oliveras atravesó una infancia marcada por las dificultades económicas, sufrió violencia de género y tuvo que empezar de cero con un hijo en brazos. Fue precisamente ese contexto el que terminó empujándola hacia el boxeo, disciplina que transformó su vida para siempre.

La historia de vida que cambió el destino de la Locomotora Oliveras
Alejandra Marina Oliveras nació el 20 de marzo de 1978 en El Carmen, Jujuy, aunque pasó gran parte de su infancia en Alejandro Roca, Córdoba. Desde muy chica trabajó en el campo para ayudar a su familia y forjó una resistencia física que años más tarde sería una de sus principales virtudes sobre el ring.
En distintas entrevistas recordó que desde los 10 años cargaba bolsas de maní, manejaba tractores y realizaba tareas rurales. "Eso me dio fuerza física y mental. Forjé el carácter en el campo", contó tiempo atrás.
Sin embargo, el episodio que marcó un antes y un después llegó durante la adolescencia. A los 14 años quedó embarazada y comenzó a sufrir violencia por parte de su pareja. Incluso relató que recibió golpes mientras esperaba a su hijo.
Finalmente decidió escapar con el bebé en brazos. "Me fui con lo puesto, con una bolsa de nailon. No tenía nada", recordó años después. Aquella decisión representó el inicio de una nueva etapa en la que prometió no volver a depender económicamente de nadie.

Cómo el boxeo transformó la vida de la campeona mundial
La oportunidad apareció de manera inesperada. Mientras colaboraba leyendo noticias en una radio local, comentó al aire que admiraba a Mike Tyson y que soñaba con ser boxeadora. Un exboxeador escuchó esa declaración y le ofreció participar en una pelea.
Aceptó sin experiencia profesional y ganó. Ese combate terminó cambiando su destino.
Con el tiempo reconocería que eligió el boxeo porque era la única alternativa que encontraba para salir adelante. "No tenía estudios, no tenía trabajo, no tenía para comer", explicó en varias oportunidades.
Debutó como profesional en 2005 y construyó una carrera histórica. Fue campeona mundial en seis oportunidades y en distintas categorías, convirtiéndose en una de las máximas referentes del boxeo femenino argentino y una de las deportistas más reconocidas del país.
Fuera del ring también impulsó proyectos sociales, abrió gimnasios y promovió el deporte como una herramienta de inclusión para jóvenes en situación de vulnerabilidad.
A un año de su muerte, la historia de la Locomotora Oliveras continúa siendo recordada no solo por sus conquistas deportivas, sino también por haber transformado una vida atravesada por la adversidad en un ejemplo de resiliencia, esfuerzo y superación.
