José Sánchez confirmó que el dueño del dinero aceptó cumplir con otro pedido especial para él y su familia.


Un pintor y panadero se llevó la mayor sorpresa de su vida el último fin de semana después del increíble hallazgo de 500 mil dólares en un baldío de Nogoyá. Lo más llamativo del caso no fue esa escena, sino que después de dar con el dueño, rechazó una recompensa de un millón de pesos.

“El hombre se portó muy bien conmigo. Es de Rosario, pero se dirigía a Buenos Aires. Cuando vuelva, me prometió dar la cara porque hay mucha gente que no cree“, contó José Sánchez sobre el encuentro con el empresario al que había visto mientras hablaba nervioso por celular al costado de su camioneta en una zona descampada.

El changarín entrerriano contó que todo ocurrió el sábado y que vio el maletín con el efectivo cerca del cruce de Paraná e Yrigoyen ni bien la pick up arrancó, ya que el conductor se lo había olvidado en medio de una discusión telefónica con su esposa.

Pasados unos veinte minutos, el automovilista regresó al lugar y encontró a José todavía nervioso con la valija entre sus manos. Había intentado avisar a la policía pero le había dado ocupado, por lo que decidió escribirle a un locutor de FM Libertad, donde este lunes dieron a conocer los pormenores de la historia.

Además del millón de pesos, Gustavo le ofreció comprarle una casa a su benefactor, pero también se negó. Después de contarle que reparte sus días entre los trabajos ocasionales de pintura a la mañana y la panadería a la tarde, el entrerriano le pidió trabajo en blanco como pago por su gesto de honestidad.

El empresario explicó que los dólares eran para comprar un complejo de aguas termales y que era un regalo para su esposa. “Le dije que estaba en negro, que quería tener cobertura de una mutual para mis hijas y para mí”, recordó José sobre el diálogo.

Aquel mediodía el pintor entregó el dinero sin tocar un billete y almorzó fideos hervidos con milanesa de hígado. Como su patrón había tenido problemas, no había podido cobrar, por lo que pensó: “Quizás con 100 dólares podría haber quedado al día, pero no me animé”. En el tiempo que tardó en encontrar al dueño, empezó a rezarle a Dios y pensó: “Está bien que me hayas recompensado, pero así no. Mientras vos me des salud, con eso me conformo”.

Ahora José cuenta con la promesa del empresario rosarino de que será el encargado del lugar una vez que cierre la compra. Mientras tanto, guarda los mensajes que cruzó en medio de los nervios hasta que pudo devolver el maletín y compartir la increíble anécdota con su esposa y sus hijas de 4 y 6 años.






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