Hay una misa por hora y corte de calles en las adyacencias del templo ubicado en Buenos Aires al 2100.


Con un sostenido pero no multitudinario movimiento de fieles, el amanecer encontró abierta a la iglesia San Cayetano en una jornada de agradecimiento al patrono del pan y del trabajo. Por la tarde los fieles dijeron presente en la procesión a la plaza Libertad.

Los organizadores comentaron que la gente comenzó a acercarse desde las cero para manifestar su devoción por el santo y cumplir promesas. Por este motivo se dispusieron cortes en las zonas aledañas desde las cinco.

En medio de una compleja situación económica, con aumento de la pobreza y la caída de los puestos de trabajo, y en un año electoral, el evento religioso adquirió una connotación especial.

La Parroquia San Cayetano abrió a la medianoche y desde entonces desfiló gran cantidad de fieles.

Los fieles llegaron desde temprano ala iglesia para participar de las misas por San Cayetano. (La Capital)

No obstante, los vendedores ambulantes graficaron el panorama manifestando que “este año hay menos interesados en llevarse una vela o una espiga con la estampita respecto de jornadas anteriores”.

Fieles desde temprano se acercaron ala iglesia tanto para pedir y como agradecer.(Twitter)

Fieles desde temprano se acercaron ala iglesia tanto para pedir y como agradecer.(Twitter)

Fieles desde temprano se acercaron ala iglesia tanto para pedir y como agradecer.(Twitter)

“La gente se acercan con mucho amor y devoción. Reza con su corazón para pedir trabajo, vienen a agradecer que lo tienen, por salud, por problemas familiares y por el daño que ocasiona la droga en la casa de muchas familias”, dijeron.

A las 15 comenzó la procesión hacia la plaza Libertad que contó con gran cantidad de fielesseguidores del patrono del trabajo.

Que el hombre trabaje y que no se le den las condiciones para una vida digna, podemos llamarla explotación, que es una injusticia. Como muchas veces ocurre, lamentablemente. Por otro lado, obtener el pan sin el trabajo es humillación, y esto también se da entre nosotros en la cultura de la dádiva, de someter a otras personas desde el poder para ayudarlos, pero sin valorarlos en su capacidad de trabajar”, afirmó el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Eliseo Martín.





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