Cuatro hermanitos de Monte Cristo recibieron el mejor obsequio que jamás pudieron imaginar. Gracias a la iniciativa de un tío, pudieron pasear en bicicleta todos juntos.


Sucedió en Monte Cristo. Allí, Flavio Rinero y Evelin Maccio conformaron una hermosa familia junto a sus cuatro hijos: Alessio, Daryl, Anthony y Ximena.

A Alessio, el mayor de los niños, le diagnosticaron a los cuatro meses de vida, Parálisis Cerebral por Citomegalovirus Congénito, y a partir de entonces comenzó su proceso de rehabilitación con el fin de mejorar su calidad de vida. Hoy tiene 11 añitos y sus avances han sido muy importantes.

Sin embargo, y aunque comparte muchas cosas con sus hermanos, lo que no podía hacer era pasear en bicicleta junto a ellos. “Hacía mucho tiempo que queríamos una bicicleta porque a Alessio le encanta”, comentó a Vía Río Primero la mamá de los pequeños.

Fue así que un tío, Luciano Gazzoni, profesor de Educación Física y propietario de un gimnasio en Monte Cristo, tuvo la idea de “crear algo” después de ver cientos de veces, cómo lo llevaban los hermanos en un carro para integrarlo en sus juegos.

Así fue que comenzó a pensar en “algo”: “Una vez por internet vi una bici doble, y se me ocurrió poderla adaptar para que ellos puedan ir juntos haciendo lo que querían hacer que era llevarlo al hermano”, contó Luciano.

Con mucha ilusión y con el deseo de cumplir ese sueño de los niños, el tío salió en busca de los elementos que necesitaría para concretar el proyecto. Pudo conseguir una bicicleta doble e inmediatamente compartió su idea con un amigo, Daniel Torasso, sabiendo que podría ayudarlo en la unión de cada parte.

“No le costó armarla, él se da mucha maña con todo esto. Después la salimos a probar y no es fácil andar porque tenés que manejar una silla de ruedas y es una bici larga, pero los chicos le agarraron la mano mucho más rápido que nosotros”, cuenta entre risas Luciano, sin ocultar el orgullo y la satisfacción por el objetivo alcanzado que era poderlo integrar en los juegos con sus hermanos.

Daniel, en tanto, gran hacedor de la hazaña, pudo transformar el proyecto de Luciano en algo real y concreto: la bici inclusiva, y se volvió parte fundamental del plan, donando materiales y horas de trabajo. Se hicieron varias pruebas, hasta lograr el producto final: una bicicleta doble con una silla de ruedas incluida.

“Ojalá este proyecto pueda ser replicado para otros chicos, porque tampoco ha costado tanto, todos hemos ido poniendo un poco y buscándole la vuelta. Yo me siento muy agradecido de haber podido ayudar, me siento realizado porque se hizo algo lindo, útil y tierno también”, dijo sin ocultar la emoción.

Una muestra más de que cada uno, desde el lugar que ocupa en la sociedad, puede aportar su granito de arena, para la construcción de un día a día mejor, sólo se necesita voluntad, empatía y amor.





Comentarios