No solamente había gente de Rafaela, sino muchos vinieron de la zona, hasta de Córdoba. Mates y familia. La seguridad. Y la búsqueda de hacerse unos "mangos" extra.


Cuando faltaban unos 20 minutos para las 18, horario en que se esperaba el acto de Mauricio Macri en pleno centro de la ciudad de Rafaela, se podían ver en los alrededores, muchos móviles (camiones, patrulleros y motos) de Gendarmería circulando. Era entendible: un Presidente requiere de mucha seguridad. A algunos uniformados se los veía muy relajados: fumando, a la espera. Es el primer mandatario, es cierto. Pero también es el centro de Rafaela.

Una gran cantidad de gente se hizo presente en bulevar Santa Fe al 500. (web)

Macri dejó de lado tanto marketing político y tuvo un poco más de “vieja política”. Tomó algo que había probado cerca de Rafaela, específicamente en Humberto Primo. Ese día, sorpresivamente, ingresó a un bar, se acodó en la barra y habló improvisadamente en la chata de una camioneta. Ese toque popular, cercano al pueblo, era algo que no había mostrado hasta ahora. 

Pero hay que estar muy atento al público y ser sagaz para aprovechar lo que surja. Improvisar no es fácil. Hay veces que no sale bien. “Vos… ¿a cuántos me convenciste?” le preguntó Macri a un esperancino. “Doscientos mil”, respondió. “No, no… -respondió Macri-. Vos tenés que convencer a tu vecina de que esto vale la pena, porque es nuestro país”. Y se acercó a una mujer, que le dijo que era de la localidad de La Pelada. “Pero no te veo nada pelada. Estás muy bien”, replicó Macri. No todos entendieron el chiste y muchos operaron políticamente para hacerle notar al Presidente que era un pueblo argentino. 

Uno de los referentes de Cambiemos de nuestra ciudad dialogó en la previa con Vía Rafaela. Se lo notaba cansando. “Macri pierde por Macri. Pero también pierde por la gente que lo rodea”, admitió. “Faltan 9 minutos para el comienzo del acto. Hay mil personas. Ellos querían convocar a 300 voluntarios para hacer un cordón. No entienden nada”, dijo.

Federico Angelini y José Corral acompañaron a Macri hasta el lugar donde habló. (web)

“Queríamos darle nuestro apoyo. Queremos que nos cuente todo lo que vio en los lugares donde estuvo”, indicó María antes del acto. “Creo que va a ser un buen Presidente. Por eso lo apoyo. Creo en él. Sí se puede”, dijeron Felipe y Liliana. “Estoy contenta con él, pese a que hay mucha crisis. Queremos que sepa que estamos con él”, dijo Fernanda, que llevó a sus hijos, antes de la llegada de Macri.

Apenas pasaron unos minutos de las 18, sucedieron dos cosas. Por un lado, al igual que sucede en las canchas de fútbol, creció notoriamente la convocatoria. Dificil calcularlo, aunque los organizadores hablaban de 3.000. Quizás exageraron. Pero, sin duda, era mucha gente movilizada para una ciudad tan sedentaria como Rafaela. No todos eran de acá: Vía Rafaela pudo constatar de que había muchas personas de una amplia zona: Santa Fe, Recreo, Selva… y hasta Porteña, de la Provincia de Córdoba. 

“A mi me pareció bárbaro el discurso. Refleja la realidad que vivimos los argentinos. Los que tenemos nietos, esto es lo que nos interesa. Ya tenemos la vida hecha. Tenemos un problema grande: la gente de afuera a la que se le da planes sociales. Le pagamos para que nos corten las calles. Eso hay que cortarlo, sea quien fuera el que esté de Presidente”, dijo Leonardo.

“Qué que sé yo… estuvo bueno. Conciso, rápido”, “Muy alentador. Si Dios quiere, va a salir todo bien para el Presidente y va a hacer una buena elección”; “Me pareció que era necesario escucharlo hablar y que dé aliento. No están bien las cosas. Vamos a aguantar en octubre”, fueron las evaluaciones que hicieron Mauricio, Rodrigo y Guilermo, después de los 10 minutos de discurso presidencial, mate en mano. No fueron los únicos: mucho termo entre el costado del cuerpo y el brazo. Y banderas. Muchas banderas argentinas. 

“Me pareció muy bien. Esperaba lo que escuché: que nos aliente a seguir trabajando, a que apostemos por él y que lo acompañemos como ciudadanos, con toda la esperanza que tenemos. Sí que se puede, por favor”, se ilusionó Sandra, de Porteña.

Cuando todo el mundo ya se iba del bulevar Santa Fe, las vallas presidenciales volvían al camión estacionado sobre calle Tucumán, un hombre seguía intentando vender banderas. “¿Y, jefe? ¿Cómo estuvo eso?”, consultó Vía Rafaela​. “Traje diez banderas y no las pude vender a todas. Me quedaron cinco”, dijo, mientras seguía caminando. A unos pasos de distancia, se dio vuelta y confesó: “no hay plata, hermano”.




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