Entre acordeones, canciones y lágrimas, Misiones despidió a Moni Encina, ícono del chamamé popular
Familiares, músicos y seguidores homenajearon al artista en Posadas con una emotiva despedida atravesada por la música. Destacaron su legado como referente cultural, maestro de nuevas generaciones y figura querida por el pueblo misionero.
Entre acordeones, canciones y lágrimas, Misiones despidió a Moni Encina, ícono del chamamé popular.(Misiones Online)
La muerte de Eduardo “Moni” Encina provocó una profunda conmoción en la cultura misionera. Este martes, familiares, amigos, músicos y seguidores se reunieron en Posadas para darle el último adiós al reconocido acordeonista y referente del chamamé, en una despedida marcada por la emoción, los recuerdos y la música que definió toda su vida.
El velorio, realizado en una sala de la capital provincial, se transformó en un homenaje espontáneo donde no faltaron guitarras, acordeones y canciones. Junto al féretro, el instrumento que acompañó gran parte de su trayectoria simbolizó el fuerte vínculo que el artista construyó con su público a lo largo de los años.
Uno de los momentos más conmovedores se vivió cuando familiares acercaron objetos personales que identificaban al músico, entre ellos su histórico acordeón y el tradicional sombrero que lo caracterizaba en los escenarios. La escena generó una profunda emoción entre los presentes, quienes acompañaron el homenaje con aplausos y muestras de afecto.
Un legado que trasciende la música
Durante la despedida, allegados y compañeros de ruta coincidieron en destacar la enorme huella que Encina dejó en la cultura popular de Misiones. Lo recordaron como un artista cercano a la gente, dueño de un carisma singular y capaz de conectar con públicos de todas las edades.
Entre acordeones, canciones y lágrimas, Misiones despidió a Moni Encina, ícono del chamamé popular.(Misiones Online)
También resaltaron su aporte a la difusión del chamamé entre los jóvenes, especialmente por haber llevado el género a espacios poco habituales para la música litoraleña y por su permanente compromiso con la formación de nuevos talentos.
A lo largo de los años, Moni Encina dedicó gran parte de su tiempo a enseñar acordeón a niños y adolescentes, muchos de los cuales hoy desarrollan sus propias carreras musicales. Quienes fueron sus alumnos destacaron que su enseñanza iba más allá de la técnica, transmitiendo valores como la humildad, la solidaridad y el amor por la cultura regional.
Entre acordeones, canciones y lágrimas, Misiones despidió a Moni Encina, ícono del chamamé popular.(Misiones Online)
El recuerdo de quienes compartieron escenarios
Músicos que acompañaron a Encina durante décadas coincidieron en que su partida representa una pérdida difícil de dimensionar para el chamamé misionero. Recordaron las extensas giras, los festivales y la intensa actividad artística que compartieron junto al acordeonista, además del afecto que despertaba entre el público en cada presentación.
Sus compañeros destacaron especialmente la popularidad que alcanzó en toda la provincia, donde era reconocido y querido por personas de distintas generaciones. También remarcaron su permanente predisposición para colaborar en eventos solidarios y actividades comunitarias.
Una figura que seguirá vigente
Nacido en el barrio El Brete y criado en Santa Lucía, Moni Encina construyó una trayectoria que lo convirtió en uno de los máximos referentes del chamamé misionero. Su obra más emblemática, “Samaniego tu sombrero”, permanece vigente en festivales, reuniones familiares y encuentros chamameceros de toda la región.
Entre acordeones, canciones y lágrimas, Misiones despidió a Moni Encina, ícono del chamamé popular.(Misiones Online)
Aunque su fallecimiento marca el final de una etapa para la música popular de Misiones, familiares, amigos y colegas coinciden en que su legado continuará vivo a través de sus canciones, de los músicos que formó y del cariño que supo ganarse entre generaciones de misioneros. Para muchos de los que participaron de su despedida, más que una despedida, el homenaje representó el nacimiento definitivo de una leyenda del chamamé provincial.