Lleva más de dos meses internado en el Hospital Pediátrico de Posadas, adonde ingresó con el 70% del cuerpo quemado.


La vida de Thiago Cerpa dio un vuelco rotundo el pasado 7 de septiembre. Ese día, el pequeño de 3 años jugaba con sus hermanos en una chacra de Bernardo de Irigoyen (Misiones), cuando por accidente cayó en una olla de 120 litros de grasa de chancho hirviendo.

En el hospital, el diagnóstico de los médicos fue el peor: le dijeron a su papá que no iba a llegar vivo al día siguiente. Sin embargo, el tiempo pasó y, a dos meses del desafortunado hecho, el niño ha logrado una recuperación increíble.

Aquella fatídica noche, Thiago había ingresado al hospital Samic de Eldorado con el 70% del cuerpo quemado. Fue trasladado al Hospital Pediátrico de Posadas, donde después de diez días de cuidados intensivos pasó a la Unidad de Quemados, donde permanece a día de hoy.

Ramón, el papá del niño que cayó en una olla de grasa hirviendo. (Foto: El Territorio)

En la actualidad, solo tiene quemado el 20% del cuerpo, gracias a las intervenciones quirúrgicas que le realizan cada 48 horas y a los numerosos injertos que le han practicado, tomando partes sanas de su propia piel.

Aunque su estado de ánimo es muy bueno y su evolución invita al optimismo, los médicos aún no se arriesgan a anticipar la fecha del alta, ya que todavía hay partes en la espalda y la nalga que faltan recuperarse. “Cuando salga se le va a dar la medicación para las curaciones y dentro de siete días volvería para una evaluación en consultorio. Luego las visitas serán cada quince o 20 días, de manera progresiva, según su evolución”, indicó la enfermera que lo cuida.

En diálogo con El Territorio, el papá de Thiago dio detalles del accidente que casi le provoca la muerte a su hijo. “Habíamos matado un chancho grande y teníamos 120 litros de grasa hirviendo en una olla; él se fue atrás de las hermanas, se tropezó y se cayó de espaldas adentro de la olla“.

Nos dijeron que se iba a morir, que no tenía salida. La doctora me dijo: ‘Avisale a tu familia que de mañana no pasa’“, expresó Ramón, que desde entonces dejó la chacra y se dedica exclusivamente al cuidado de su niño. “Es un milagro”, afirmó.






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