El macabro crimen que se descubrió porque un perro desenterró un pie humano en un basural
Todo ocurrió en la localidad de Puente Alto y provocó conmoción. La escalofriante trama que se descubrió tras el asesinato.


Un macabro crimen se descubrió en el año 2006 en la localidad chilena de Puente Alto cuando el perro de uno de los vecinos descubrió un pie humano enterrado en un basural. Los vecinos se acercaron al lugar y descubrieron otras partes del cuerpo de la víctima, que desenterró una escalofriante trama.

El hallazgo se produjo el 27 de marzo de ese año, cuando un perro callejero que merodeaba un basural en la comuna de Puente Alto, en la zona sur de Santiago, apareció llevando un pie humano en el hocico. Este hecho fue el punto de partida de uno de los casos policiales más impactantes de la historia reciente de Chile, que conmocionó a la ciudad e inspiró obras y documentales sobre la brutalidad del crimen.
En los días que siguieron, vecinos y policías continuaron encontrando restos humanos en diferentes puntos del sur de la capital chilena. El caso dejó de ser un hecho aislado para transformarse en la evidencia de un asesinato seguido de descuartizamiento. La identificación de la víctima tardó varios días debido al estado de los restos, ya que el asesino intentó borrar huellas y tatuajes para dificultar el trabajo forense.

El fiscal Pablo Sabaj y los Carabineros de Chile encabezaron la investigación. Un día después del hallazgo inicial, se encontró la cabeza de la víctima con dos impactos de bala y signos de mutilación. A medida que pasaron los días, aparecieron brazos, manos, torso y demás partes del cuerpo en diferentes lugares. Los peritos forenses lograron reconstruir huellas digitales y encontraron un tatuaje de Cupido que resultó clave para la identificación a pesar de los intentos del asesino por eliminarlo.
Finalmente, el 6 de abril la fiscalía identificó a la víctima como Hans Hernán Pozo Vergara, un joven de 20 años con antecedentes penales y una vida marcada por la marginalidad. Pozo había pasado su infancia en hogares estatales y, tras una adolescencia conflictiva, vivía en situación de calle.
La investigación avanzó y surgió el nombre de Jorge Iván Martínez Arévalo, empleado municipal y dueño de una heladería cercana al lugar de los hechos. El análisis forense reveló que el cuerpo había sido refrigerado antes de ser descuartizado, lo que llevó la pesquisa hasta la heladería de Martínez. En una inspección policial, el sospechoso se suicidó dentro de su propiedad antes de ser interrogado.

Tras su muerte, la esposa de Martínez encontró una extensa carta donde el hombre relataba que Pozo lo extorsionaba, afirmando ser su hijo biológico y amenazando con revelar el supuesto secreto. Martínez habría contratado a personas para intimidar a Pozo, pero el crimen tomó una dimensión más violenta. Pruebas de ADN descartaron cualquier vínculo familiar entre ambos.

Las pericias demostraron que el cuerpo de Pozo estuvo en la heladería, donde se hallaron rastros de sangre y balas compatibles con el arma de Martínez. A pesar de la magnitud del caso, la Justicia cerró el expediente en 2013 tras no hallar pruebas concluyentes de la participación de otros implicados.