Empezó con un dolor de estómago y terminó con un diagnóstico que le cambió la vida para siempre
Las molestias continuaron durante mucho tiempo y entendió que no se trataba de algo pasajero. Cuando finalmente recibió el diagnóstico, el impacto fue tan fuerte que se descompensó.
Empezó con un dolor de estómago y terminó con un diagnóstico que le cambió la vida para siempre(Captura)
Sas Parsad se despertó en plena madrugada con un fuerte dolor de estómago que, en un primer momento, creyó que se debía a una intoxicación alimentaria.Sin embargo, ese episodio marcó el comienzo de un extenso y difícil recorrido médico que terminó con un diagnóstico que transformó por completo su vida.
Empezó con un dolor de estómago y terminó con un diagnóstico que le cambió la vida para siempre(Captura)
Su calvario comenzó hace 15 años. Parsad, que actualmente tiene 45 años y vive en la ciudad costera de Eastbourne, en Inglaterra, aún recuerda con claridad aquella noche en la que todo cambió, cuando tenía apenas 30.
El calvario que vivió el joven con su enfermedad
Al comienzo, ni siquiera consideró la posibilidad de consultar a un médico. “Pensé que había comido algo dudoso, y que pasaría después de dos o tres días”, recordó en una entrevista a Metro. Pero al ver que los dolores continuaban durante diez días, finalmente decidió pedir un turno.
Con el paso de los días, las molestias se volvieron cada vez más difíciles de sobrellevar. “Fue un dolor de calambres bastante alto, pero luego también urgencia, de necesidad de ir al baño, y un tipo de dolor agudo, más bajo, pesado”, explicó.
En un primer momento, el médico sospechó que podía tratarse de una infección por Salmonella, aunque la verdadera causa todavía estaba lejos de salir a la luz.
Empezó con un dolor de estómago y terminó con un diagnóstico que le cambió la vida para siempre(Captura)
Los síntomas iban y venían de forma constante, alterando por completo su rutina. Muchas noches las pasó sin poder dormir debido a los problemas gastrointestinales, mientras que tanto su trabajo como su vida social quedaron profundamente condicionados. Para él, alejarse de un baño dejó de ser una posibilidad.
El deterioro en su salud fue tan severo que su vida cotidiana quedó completamente paralizada. “Estaba prácticamente confinado en casa y no podía trabajar. Iba y venía al baño 100 veces o más al día, adolorido y sangrando constantemente. Tenía miedo de comer, en caso de que lo empeorara. Estaba cansado y sin energía”, recordó.
Incluso salir de su casa se convirtió en una fuente permanente de ansiedad. Cada movimiento estaba condicionado por la necesidad urgente de tener un baño cerca. “Era, ‘¿Dónde están los baños, están limpios y puedo acceder a ellos?’ Antes, nunca había deseado usar un baño público, pero la frase ‘cuando tienes que ir, tienes que ir’ adquirió un significado completamente nuevo para mí”.
Durante mucho tiempo no logró obtener respuestas claras sobre lo que le ocurría. En ese período, intentó modificar su alimentación y cambiar distintos hábitos, pero nada parecía aliviar sus síntomas.
En apenas dos años bajó 15 kilos y, además, comenzó a sufrir brotes de psoriasis alrededor de los ojos y en los codos. Fue entonces cuando su madre, con quien convivía en ese momento, lo impulsó a regresar al médico y pedir estudios más exhaustivos.
El inesperado diagnóstico que recibió el joven
Luego de atravesar distintos estudios médicos, finalmente llegó la respuesta que tanto tiempo había buscado. Tras someterse a varias resonancias magnéticas, una colonoscopia y una endoscopia, los especialistas lograron determinar qué le ocurría: Parsad padecía enfermedad de Crohn, una afección inflamatoria intestinal que provoca irritación e hinchazón en los tejidos del aparato digestivo.
“Me golpearon con: ‘Es la enfermedad de Crohn’. Me dijeron que era crónico, grave y de por vida”, contó. “Me dijeron que tendría que extirpar parte de mi intestino dentro de tres a cinco años y me aconsejaron que tomara medicamentos con esteroides e inmunosupresores de inmediato”.
La noticia fue un golpe durísimo para él, al punto de dejarlo en estado de shock. “Creo que me desmayé. Es muy vago en mi memoria, pero recuerdo que me pusieron en la cama y me dieron un vaso de agua”, recordó.
Sin embargo, después de atravesar los primeros días de angustia, tomó la decisión de intentar recuperar el control sobre su vida. Con ese objetivo, comenzó a informarse en profundidad sobre la enfermedad y a buscar alternativas que le permitieran sobrellevar mejor los síntomas.
A partir de entonces, introdujo cambios profundos en su rutina y en su forma de alimentarse. Incorporó el ayuno intermitente y eliminó de su dieta distintos productos que consideraba perjudiciales. “Recorté todos los azúcares, basura refinada, cosas procesadas y me deshice de todos los ingredientes molestos y dañinos que se esconden en los alimentos envasados”.
Según contó, las mejoras no tardaron en aparecer. Con el paso de los días, comenzó a notar un alivio importante en su estado general. “Los síntomas se desvanecieron, y mis niveles de energía estaban por las nubes. Me sentí mucho mejor... volví a encarrilar mi vida”, reveló en la entrevista.
Pero su transformación no se limitó únicamente a la alimentación. También incorporó actividad física, mejoró sus hábitos de descanso y puso el foco en el bienestar integral. “Intento salir todos los días, tomo vitamina D, me mantengo hidratado, estoy estructurado con mi sueño, y me ha sorprendido lo mucho mejor que me hizo sentir”.
A pesar del duro diagnóstico, hoy asegura que eligió mirar su situación desde una perspectiva más positiva. “Para mí, el vaso está medio lleno. Sí, tengo una condición crónica que puede ser desafiante a veces, pero en comparación con lo que algunas personas tienen que pasar, es una gota en el océano”, expresó a Metro.
Actualmente, sostiene que busca mantener la enfermedad bajo control sin recurrir, por ahora, a tratamientos más invasivos. “No tengo ninguna intención de someterme a ningún tipo de cirugía ni de tomar ningún medicamento mientras pueda evitarlo. Por ahora, toco madera, la tengo bajo control”, concluyó.