Se dice que las niñas suelen tener debilidad por sus padres: se sienten contenidas, disfrutan de la dulzura con la que las tratan y los planes son súper divertidos. Pero, también es cierto, uno de los grandes conflictos entre papás e hijas suele llegar por una "pavada": ese dramático momento en que se debe peinar a las chicas.

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Hay miles de explicaciones o excusas que ponen los varones acerca de por qué no saben o no pueden peinar a sus hijas. El asunto es que esos argumentos se caen a pedazos no bien son enunciados porque todos sabemos que hacer una trenza no es nada de otro mundo.
Del otro lado del "charco", un grupo de padres hizo algo más que poner excusas: encontró la manera de intentar romper el paradigma y reunirse a aprender algo que no saben. Así, este "club de hombres" con cerveza de por medio, se junta nada menos que a practicar peinados en pelucas bajo las estrictas directivas de especialistas en la materia.
Cómo nació la iniciativa
El encuentro se llamó “Pints & Ponytails” (“Pintas y colas de caballo”) y formó parte del proyecto “Secret Life of Dads”, una comunidad y podcast enfocados en la paternidad contemporánea, que busca generar espacios de intercambio entre padres y abordar los desafíos de la crianza.
El taller se realizó en un pub, Lucky Saint Pub. y reunió a unos 30 padres. Allí profesionales del colectivo Braid Maidens —especializado en peinados como trenzas— guiaron a los participantes en técnicas básicas para facilitarles una de las tareas cotidianas de cuidado.
Durante aproximadamente dos horas, los asistentes aprendieron a realizar peinados simples como colitas y también trenzas más elaboradas. Para practicar, cada uno contó con una cabeza de maniquí y elementos como cepillos, elásticos y hebillas.
En busca del cambio cultural
Las imágenes del taller se viralizaron rápidamente en redes sociales, donde muchos usuarios celebraron la propuesta como un ejemplo de una paternidad más involucrada en la vida diaria de los hijos.
Más allá del aprendizaje técnico, los organizadores destacan que este tipo de actividades promueve un cambio cultural: cada vez más padres participan activamente en las tareas de cuidado, rompiendo con roles tradicionales.


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Así, lo que comienza como una clase de peluquería se transforma en una experiencia de conexión. Peinar el cabello deja de ser solo una tarea cotidiana para convertirse en un momento de vínculo entre padres e hijas. ¿Podría funcionar en Argentina?
