Mató a toda su familia, creyó que nadie lo descubriría y un detalle lo delató
El hallazgo en una casa común desató una investigación que dejó sin palabras.


El intenso olor que salía de una antigua vivienda fue la primera pista de que algo estremecedor había ocurrido en su interior. Durante varios días, los vecinos convivieron con un hedor insoportable sin sospechar que, debajo de capas de arena, cal y cemento, permanecían ocultos los cuerpos de cinco integrantes de una misma familia.


Mientras el barrio comenzaba a inquietarse por el fuerte olor, Bruno Marabel, un joven de 19 años, continuaba con su rutina como si nada hubiera pasado. Tiempo después sería condenado por protagonizar uno de los crímenes familiares más impactantes registrados en Paraguay.
El descubrimiento se produjo el 8 de octubre de 2018, cuando efectivos policiales ingresaron a una vivienda ubicada en la esquina de las calles Oliva y Montevideo tras las denuncias realizadas por los vecinos.
Al entrar, encontraron el cuerpo de Julio Rojas del Valle, padrastro de Dalma Rojas Rodas, escondido en un pasillo cercano al ingreso. Sin embargo, ese era solo el inicio de una escena mucho más escalofriante.
Horas más tarde, los investigadores localizaron una fosa improvisada donde estaban enterrados su mujer, la madre de Dalma y uno de los hijos de la pareja. El segundo niño fue hallado sepultado en otro sector del terreno.
Bruno Marabel había nacido en Itauguá en 1999 y, desde muy joven, había protagonizado distintos episodios de violencia que despertaron preocupación en su entorno.
A los 12 años tuvo una fuerte pelea con su hermana y, años después, fue denunciado por atacar violentamente a otras personas durante una riña. En paralelo, encontró en el boxeo una actividad que marcó parte de su vida.
Fue justamente en un evento de deportes de combate donde conoció a Dalma Rojas Rodas, ocho años mayor que él. Ella practicaba kickboxing, era madre de dos hijos y atravesaba una compleja situación familiar.
Sus padres acumulaban denuncias por estafas, robos, falsificación de documentos y otros delitos, mientras que su exmarido había abandonado Paraguay tras enfrentar diversos conflictos con la Justicia.
A pesar de ese contexto, la relación avanzó rápidamente. Se casaron en enero de 2018 y comenzaron a vivir junto a los padres de Dalma. Sin embargo, la convivencia estuvo marcada por permanentes discusiones. Según declaró posteriormente el propio Marabel, sufría amenazas y malos tratos por parte de sus suegros, quienes incluso intentaban controlar todos los aspectos de la vida de la pareja.
La investigación determinó que la secuencia de los asesinatos comenzó durante la madrugada del 28 de septiembre. De acuerdo con las pericias, Bruno regresó de trabajar en un horario inusual y atacó primero a su esposa dentro de la habitación.
Cuando la madre de Dalma escuchó los ruidos, también fue asesinada. Luego les quitó la vida a los dos niños en un ataque de extrema violencia. Días después, el 2 de octubre, Julio Rojas volvió a la vivienda para averiguar qué estaba ocurriendo y también fue asesinado.

Lejos de escapar de inmediato, Marabel permaneció varios días viviendo en la casa junto a los cuerpos. Compró arena, cal y cemento para improvisar una sepultura, continuó asistiendo a su trabajo e incluso organizó reuniones con compañeros dentro de la vivienda.
Dos jóvenes que visitaron el lugar recordaron el intenso olor, el desorden y las manchas de sangre en el hocico de la mascota. Él explicó que todo se debía al reciente parto de la perra.
Cuando finalmente fueron descubiertos los cadáveres, Bruno se encontraba trabajando. Al enterarse de la noticia por los medios, pasó por la casa de su padre, preparó un bolso y abordó un taxi con la intención de escapar.
Sin embargo, su propio padre alertó a la Policía de que era buscado, lo que permitió detenerlo cuando se dirigía hacia la frontera con Argentina.
Aunque durante el procedimiento manifestó ser el autor de los crímenes, esa confesión no tuvo validez judicial porque no fue realizada ante la Fiscalía. Más tarde intentó desligarse de la masacre. Primero afirmó que la última vez que había visto a la familia había sido el 28 de septiembre.
Después modificó su versión y aseguró que solo había matado a su suegro en defensa propia, responsabilizando al hombre por las otras cuatro muertes.
Las pruebas, sin embargo, fueron contundentes. Las autopsias revelaron múltiples heridas de arma blanca, golpes de martillo y signos de asfixia. Además, una nota de voz enviada por Marabel para construir una coartada permitió escuchar de fondo la voz del hijo mayor de Dalma, un detalle que ayudó a establecer la línea temporal del crimen.

Las evaluaciones psicológicas concluyeron que padecía un trastorno antisocial de la personalidad, aunque comprendía perfectamente la criminalidad de sus actos.
En noviembre de 2020, la Justicia paraguaya lo declaró culpable del quíntuple homicidio y lo condenó a 30 años de prisión, más otros 10 como medida de seguridad. Posteriormente, todos los recursos presentados por su defensa fueron rechazados y la sentencia quedó firme.
Con el paso de los años, la vivienda donde ocurrió la masacre fue declarada patrimonio municipal y comenzó a ser conocida como la "Casa del Horror", un nombre que recuerda uno de los casos criminales más estremecedores de la historia reciente de Paraguay.