El nombre de Yiya Murano, cuyo verdadero nombre era María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, quedó marcado en la historia criminal del país.

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Detrás de su imagen distinguida, ocultaba una trama de ostentación, estafas y deudas, donde una simple taza de té podía convertirse en una condena fatal.
Quién fue Yiya Murano
Entre febrero y marzo de 1979, envenenó con cianuro a tres mujeres de su entorno más cercano. No se trataba de desconocidas: todas tenían vínculo con ella y compartían un rasgo en común, ya que les debía importantes sumas de dinero.
El conflicto apareció cuando tuvo que devolver el dinero. Fue entonces cuando Yiya Murano tomó una decisión estremecedora: convocó a sus víctimas a compartir el té.

Ninguna logró sobrevivir a esos encuentros y así se consolidó la leyenda de la “envenenadora de Monserrat”. Sin embargo, décadas más tarde, el caso vuelve a tomar relevancia a partir de un testimonio clave, el de su propio hijo.
El inesperado testimonio del hijo de Yiya Murano
Martín Murano no solo lleva consigo el peso de su apellido, sino también una versión que genera controversia. A partir de una investigación propia que desarrolló durante cinco años, sostiene que existieron más víctimas de las que reconoció la Justicia.
“Hubo dos víctimas más, además de los crímenes por los que la condenaron. Dos inversoras más, en realidad eran tres pero una se ‘salvó’ porque Yiya cayó detenida. La había invitado para hablar de la devolución del dinero y ya sabemos cómo terminaba la devolución...”, relató Martín a TN.

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Además, afirmó que también habría habido casos posteriores a la salida de Yiya Murano de prisión: “Una fatal y otra que también se salvó en el hospital, lavaje de estómago por medio. Usó veneno para ratas”.
“Entre siete y 11 víctimas podrían ser en total”, subrayó el hijo de “Yiya”, convencido.
