La investigación por la muerte de un niño de un año en Merlo, provincia de Buenos Aires, dio un giro inesperado. La madre del menor, que permaneció detenida durante un mes como principal sospechosa, recuperó la libertad luego de que la Justicia incorporara nuevas pruebas que acreditaron que era víctima de violencia de género por parte de su expareja.
El cambio de rumbo en la causa surgió tras la incorporación de peritajes psicológicos y nuevos testimonios, que modificaron la reconstrucción inicial de los hechos y llevaron a los investigadores a revisar la responsabilidad de la mujer.
Cómo comenzó la investigación
Tras la muerte del niño, la madre fue detenida de manera preventiva mientras la fiscalía reunía pruebas para determinar qué había ocurrido.
Durante las primeras semanas, la investigación se centró en establecer su posible responsabilidad en el hecho, mientras se realizaban pericias médicas y se tomaban declaraciones a personas de su entorno. Sin embargo, el expediente continuó avanzando y comenzaron a aparecer nuevos elementos que modificaron el enfoque inicial.
El giro que cambió la causa
Un mes después de la detención, los investigadores incorporaron peritajes psicológicos y testimonios que no habían sido considerados al comienzo del expediente. Las nuevas pruebas permitieron establecer que la mujer era víctima de un contexto de violencia de género sistemática ejercida por su expareja.
Además de las declaraciones, la Justicia tuvo en cuenta antecedentes y denuncias previas que acreditaban un escenario de agresiones físicas, coacción y sometimiento psicológico.
La decisión de la Justicia
Con ese nuevo panorama, el tribunal concluyó que la situación de vulnerabilidad en la que vivía la mujer debía ser considerada al analizar su actuación en el hecho.
En consecuencia, ordenó su inmediata liberación y reorientó la investigación hacia la expareja de la mujer para determinar sus responsabilidades en la muerte del niño.